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8- 9 S 6 LOS SÁBADOS DE AGENDA DÍAS DE JÚBILO Peras, pijos y góticos iscurro con mi amiga Merche sobre la desaparición de algunas palabras que aún se oían cuando llegué a España, a mediados de los setenta. Una hermosa expresión como niño pera ha dejado de circular. Tenía sus matices, que hallé en algún viejo ejemplar del Blanco y Negro que editaba esta misma casa: niño fruta, niño melocotón, que era el pera llevado a su máxima delicadeza. -Ya no se usan esas antiguallas. Ahora se dice pijo- -opina Merche. -Sí, pero no son lo mismo. Niño pera equivale a un abolengo antiguo, a gustos clásicos, a cosas de toda la vida. Un pijo está pendiente de lo que se lleva, se inclina al esnobismo. Acaba de llegar y pregunta a los demás qué es eso del buen gusto. No lo tiene, lo compra. -Te has puesto muy finolis, muy finústico, pensio. Otra antigualla. Ahora se te denominaría repipi. -Insisto en mi sociología de trapillo. Si se han confundido las dos categorías es porque la gente fruta hace pijadas, como aparecer en los programas de la prensa rosa. Entonces, la distinción queda derogada. Si una duquesa ventila su lencería como una actriz porno, entonces, ya me dirás... -En eso llevas razón. Se distingue poco y hay poca gente que quiere distinguirse si no es por cosas poco distinguidas. -Ahora repipi te has puesto tú. Voy más lejos, a otro viejo Blanco y negro Ya no hay niños góticos esos con alcurnia visigótica, con ejecutorias de la Edad Media. ¿Cómo que no? Yo tengo una sobrinita gótica. Una nena pálida, siempre vestida de negro, que se pinta las ojeras y se enmarca los ojos también de negro, va con los amigos del instituto a ver pelis de terror, se intercambian historietas creepy ya me entiendes... -Bueno, al menos sabrán que existe una literatura gótica, la que se refiere a hechos siniestros en plan Tercer Milenio. -Qué va. Quizás hayan oído hablar de alguna catedral gótica y para de contar. -Qué cosa esto del lenguaje y el tiempo. La palabra vive y por eso, también muere. -Con estos rollos se me han ido las ganas de beber whisky. -A mí, no. Échame otro, aunque sea gótico. Quiero decir, de por lo menos doce años. D Blas Matamoro Línea de fragancias basada en la flor de almendra, con un toque agridulce y moderno En los Campos de Ibiza Hace casi treinta años, Camila Stora de Kahn, parisina vinculada al mundo de la moda, convirtió en actividad profesional lo que había sido un hobby: crear fragancias con elementos propios de Ibiza, donde pasaba sus vacaciones. El éxito entre sus amigos, a quienes regalaba sus inventos personas suficientemente sofisticadas como para apreciar la exiquistez de aquellos aromas naturales, puso en marcha un trabajo muy cuidadoso que, en estos años, ha ido ampliando objetivos- -velas, cofres de jabones, elementos de baño, últimamente crema corporal y gel de baño y ducha- pero sin renunciar a dos ideas iniciales: producciones pequeñas y de máxima calidad y tener como fuentes de inspiración los aromas naturales que cada estación del año impone a la isla. Actualmente es su hija, Aurélie Khan, quien se ha hecho cargo de Campos de Ibiza, con ayuda del perfumista español Agustí Vidal y todo se decide en la propia isla. Campos de Ibiza mantiene, para sus fragancias, el característico frasco que utilizaban los farmacéuticos locales y ha desarrollado cinco gamas frutales y florales para la mujer: Agua de Rosas. Esencia de Higo, Flor de Almendra, Jazmín y Mandarina- -un auténtico clásico, junto con la gama de rosas- Para hombre, la gama, amaderada, se basa en el cedro. La forma de elaboración parte siempre de recetas tradicionales de perfumería, con alta concentración de esencia en su fórmula, lo que proporciona a estas gamas, además de calidad y matices, persistencia. LECTURAS Rostros sin maquillar Mientras en los medios de comunicación, en general, se busca la perfección física, son muchos los fotógrafos que se esfuerzan por descubrir verdaderos rostros humanos en la multitud o, simplemente, rostros humanos en toda su realidad. A veces son retratos enternecedores y gratos, pero en otras el gesto y la mirada inspiran miedo o repulsión. Pero no se busca la monstruosidad sino la verdad y por ello El rostro humano. El nuevo retrato fotográfico resulta tan atractivo como inquietante. El tratamiento posterior de las imágenes elegidas completan la información que proporcionan esos personajes buscados o encontrados al azar. Los autores de El rostro humano son William E. Ewing, fotógrafo y director del Musée de l Elysée de Lausana, y la historiadora Nathalie Herschdorfer. Editorial Blume. 240 páginas. 39,90 euros