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ABC SÁBADO 19- -4- -2008 33 Rouco considera el Opus Dei la gran aportación de España a la Iglesia LAURA DANIELE MADRID. San Josemaría Escrivá de Balaguer fundó en octubre de 1928 el Opus Dei, convencido de que la santidad no estaba reservada para algunos grandes. Todas las circunstancias humanas honradas- -trabajo profesional, relaciones familiares y sociales- -pueden y deben ser realidad santificada y santificadora. Su sueño por dar un estatuto jurídico dentro de la Iglesia a este carisma profundamente nuevo le llevó a conseguir en noviembre de 1982, de manos del Papa Juan Pablo II, la erección del Opus Dei como Prelatura personal. El reto no fue fácil puesto que, si bien la figura canónica de la Prelatura personal ya había sido creada en el Concilio Vaticano II para favorecer el dinamismo evangelizador de la Iglesia, era la primera vez que esta fórmula era aplicada a una institución concreta. El objetivo fue proveer de una unidad de jurisdicción, bajo la guía de un prelado, a los más de 700.000 laicos que, asistidos por más de 1.000 sacerdotes, se encontraban esparcidos por los cinco continentes. Veinticinco años después, y en el marco de un acto conmemorativo, el presidente del Episcopado, el cardenal Antonio María Rouco Varela, aseguró que la Obra es una de las grandes aportaciones de la Iglesia española a la Iglesia universal y animó a sus miembros a seguir el camino sin miedo convencidos de que el objetivo no es adaptarse al mundo sino convertirlo y renovarlo Por su parte, el cardenal Julián Herranz, presidente emérito del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos y miembro de la comisión que realizó los estudios preparatorios, señaló que con la Constitución apostólica Ut sit -documento jurídico por el que se crea la Prelatura de la Obra- -el Papa fue, como en tantas otras ocasiones, pionero de un nuevo camino y horizonte pastoral de la Iglesia. El secretario de la Congregación para los Obispos, Francesco Monterisi. destacó que la labor del Opus Dei no se queda encerrada en ella, sino que, difundiendo la llamada universal a la santidad y elevando el nivel de formación cristiana, favorece directamente a las diócesis donde trabaja Sistach afirma que no sería justo que se retiren los símbolos religiosos L. D. MADRID. El cardenal arzobispo de Barcelona, Lluis Martínez Sistach, recordó que la laicidad del Estado no exige la retirada de los símbolos religiosos de los espacios públicos. A pocos días de que los nuevos ministros del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero prometieran sus cargos ante la presencia de un crucifijo y la Biblia en el Palacio de la Zarzuela, el prelado destacó que no es justo que para no herir la sensibilidad religiosa de una minoría se quiten los símbolos de una mayoría Con estas palabras el cardenal defendió, durante una cena coloquio en el Club Siglo XXI, la laicidad positiva y abierta del sistema constitucional español que contempla la colaboración con las confesiones religiosas Sobre las futuras relaciones con el Gobierno, Sistach destacó que han de ser de diálogo leal y de colaboración construc- tiva desde la propia identidad Colaboración que el cardenal ha echado de menos en la pasada legislatura en la que proyectos de gran calado antropológico -matrimonio homosexual, Ley de Reproducción Asistida, Biomedicina- -pasaron del Gobierno al Parlamento sin debate social Pese a que no es fácil, es necesario el debate sereno y abierto apuntó el prelado, quien deseó que las comisiones parlamentarias realicen más consultas a los distintos sectores sociales. Renovar el mundo