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ABC VIERNES 18- -4- -2008 85 Expediente Anwar EE. UU. 2007 125 minutos Género- -Thriller dramático Director- -Gavin Hood Actores- -Reese Witherspoon, Omar Metwally, Jake Gyllenhaal, Meryl Streep Con la CIA no se juega, forastero JAVIER CORTIJO Hace bien poco hemos comprobado en nuestras propias carnes y rotativas el impacto mediático de ver a una mujer menudita y embarazada intentando poner firme a un colectivo plagado de ronchas rancias y apóstoles de las cuatro voces. Una imagen romántica y casi bíblica que reproduce fielmente este filme, con David como sufrida esposa- madre norteamericana y Goliat como la mismísima CIA, que ha secuestrado a su marido de origen egipcio por una peregrina conexión con unos terroristas que acaban de reventar una plaza pública norteafricana. Nada nuevo, pues el cine ha insistido en los métodos intrigantes y sietemachos de la central de inteligencia yanqui desde sus inicios con la Guerra Fría soplando en el cogote (ver El buen pastor hasta ahora mismo, con la paranoia 11- S en plena ebullición. A este segundo grupo pertenece Expediente Anwar una película con las tuercas más apretadas que las de un submarino pero con un inconfundible tufo telefilmero que se desliza cual hilillo de chapapote. Lo que no se le puede negar a Gavin Hood es su puntería (por algo su nombre suena a arquero all- star) a la hora de conquistar la torre de Hollywood. Primero gana el Oscar foráneo con la impactante Tsotsi luego ensaya la protesta efectivista con un reparto plagado de estatuillas andantes y, próximamente, se deja de gaitas y abraza al dólar esponjoso con Lobezno secuela- spin off de X- Men Sin embargo, la película no es, ni mucho menos, desdeñable: tiene destellos de cine inteligente cogido por los cuernos, de valiente denuncia setentera, y de diálogos y encontronazos de los que hacen afición (Reese versus Meryl, Arkin versus Sarsgaard... Y, sobre todo, un elegante juego de flash- backs al narrar la conexión sentimental entre el terrorista y la hija del carcelero. Por eso molesta tanto que algunos personajes y situaciones sean puro estereotipo de cartón- piedra, como las interminables y aburridas sesiones de tortura con el poli buenopoli malo o ese final de chichinabo. En fin, que había un tigre demasiado grande como para ponerle un cascabel gatuno. Claro que otros han salido peor parados del zarpazo. Omar Metwally (que interpreta a Anwar El- Ibrahimi) en una escena de la película ministración Bush en su ofensiva global contra el terror. La táctica en cuestión, aplicada esporádicamente por los servicios de inteligencia de EE. UU. desde los ochenta pero multiplicada durante los últimos años contra Al Qaida, supone básicamente la detención y transferencia extrajudicial de un sospechoso de un país a otro. Este trasiego de prisioneros fantasmas, en cuyas rutas ha figurado España, plantea toda clase de inquietantes cuestiones políticas, jurídicas y éticas. Sobre todo cuando los países destinatarios suelen carecer de las más básicas garantías en materia de respeto a los derechos humanos. Por ello, los críticos de estas prerrogativas adoptadas por la CIA en su empeño de evitar otro 11- S insisten en presentar estas actuaciones clandestinas como una repulsiva subcontrata internacional de torturas. En la película Expediente Anwar que ahora se estrena en España, Hollywood no ha tenido que invertir mucho en imaginación. La historia está inspirado en la saga real del ingeniero Maher Arar, ciudadano de Canadá y Siria, que durante un viaje a Túnez el 26 de septiembre del 2002 hizo escala en el aeropuerto John F. Kennedy de Nueva York. Allí fue interceptado por funcionarios de Estados Unidos, siguiendo indicios equivocados facilitados por las fuerzas policiales canadienses. Tras pasar por un limbo de dos semanas, Arar terminó siendo deportado a Siria, donde fue encarcelado en una ABC Pedro Rodríguez EL TERRORISMO ATAJOS CONTRA xtraordinary Rendition (algo así como entrega extraordinaria) es una de esas expresiones como combatiente ilegal agujero negro comisiones militares o Guantánamo que han irrumpido en el léxico popular desde el 11- S y al hilo de los cuestionables atajos utilizados por la Ad- E celda de aislamiento y torturado regularmente. Tras casi un año de calvario, Maher Arar fue liberado sin cargos y pudo volver a Canadá con su mujer y dos hijos. Allí, una investigación oficial determinó su total inocencia. Hasta el punto de que el primer ministro canadiense, Stephen Harper, tuvo que extender una disculpa formal por todo lo ocurrido. Además, Arar recibió una compensación del gobierno de Ottawa por valor de siete millones de euros, incluida la fortuna en abogados gastada por su familia. No obstante, Arar permanece en la lista negra de EE. UU. sin importar que Condoleezza Rice haya reconocido diplomáticamente que su caso no fue manejado como es debido