Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
80 CULTURAyESPECTÁCULOS VIERNES 18 s 4 s 2008 ABC Vázquez Montalbán, poeta completo en Memoria y deseo MANUEL DE LA FUENTE MADRID. Antes de darse de bruces con Carvalho y luego en las horas más o menos libres que el personal e intransferible detective le dejaba Manuel Vázquez Montalbán fue construyendo una obra poética ajena a las modas y los modos de su generación, aunque en sus inicios habitara entre los nueve novísimos de Castellet. Entre plato y plato de fideuá a la tailandesa y desaforados cánticos Tot el camp és un clam, som la gent blaugrana, Barça Barça, Baaarça este barcelonés al que le gustaba definirse como periodista, novelista, poeta, ensayista, antólogo, prologuista, humorista, crítico, gastrónomo, culé y prolífico en general publicó poemarios, sin prisa pero sin pausa y con bastante tino poético. Obras como Una educación sentimental Movimientos sin éxito Coplas a la muerte de mi tía Daniela A la sombra de las muchachas sin flor y Praga que fueron recogidas en Memoria y deseo (Seix Barral, 1986) Ahora, la Editorial Península recupera Memoria y deseo. Poesía completa 1963- 2003 en una edición que ayer fue presentada por el escritor y crítico Manuel Rico y el editor José María Castellet, en un acto que se cerró con una lectura de la obra de Montalbán en la voz del actor Juan Echanove. La nueva edición integra ya Ciudad su antepenúltimo título, y ofrece dos inéditos: Construcción y deconstrucción de una teoría de la almendra de Proust complementaria de la construcción y deconstrucción de una teoría de la magdalena de Benet Rossell (desde luego también era un cachondo) y Rosebud Manuel Rico resaltó el hecho extraño o, por lo menos curioso, de que mucha gente (incluidas unas cuantas intelligentsias) desconoce la faceta de vate de Montalbán, y subrayó igualmente que Manuel Vázquez Montalbán siempre trabajara para mantener la proteína crítica de la poesía un poesía que, según Rico, es un apasionante cruce Espriú, la Piquer y Eliot, Blas de Otero, Gil de Biedma, Françoise Hardy y los pacientes del ambulatorio una poesía siempre dispuesta a arañar la piel de la memoria Por su parte, José María Castellet recordó diversas anécdotas del escritor barcelonés, y apuntó que la poesía era su refugio y era lo verdaderamente auténtico para él Muere Aimé Césaire, uno de los padres de la negritud Junto a Sénghor modificó la historia de la cultura francesa JUAN PEDRO QUIÑONERO CORRESPONSAL PARÍS. Poeta, agitador cultural, de raza negra, nacido en la Martinica francesa, creador con Léopold Sédar Sénghor del concepto de negritud Aimé Césaire (1913) falleció ayer en su patria natal, tras una larga enfermedad. Deja tras sí una obra inmensa que introdujo, en lengua francesa, el mestizaje con las culturas negras, atlánticas, en estrecha comunión con el surrealismo parisino. Césaire era hijo de un maestro y una costurera, y conoció en su carne todas las tragedias de la colonización. Niño estudioso, consiguió una beca que le permitió cursar estudios secundarios en París, la capital de un antiguo imperio difunto, en un liceo legendario, Louis Le Grand, junto al Panteón, donde se cruzó con otro negro de lengua francesa, el senegalés Sénghor. La amistad Césaire- Sénghor modificó en cierta medida la historia de la cultura francesa. Ellos crearon una revista mítica, L Étudiant noir donde se forjó una primera generación de colonizados que militaban por una gran autonomía política de sus respectivas patrias natales, sin ceder nunca a las tentaciones del independentismo revolucionario. Sénghor fue el patriarca cultural contemporáneo del Senegal, pero terminó muriendo en Francia. Césaire siempre volvió a su Martinica natal, consagrado a una carrera múltiple de gran poeta, ensayista indispensable, político local, enfrentado al mismo tiempo, a los colonialistas franceses y a los independentistas locales. La obra poética de Césaire comenzó en 1939 con un libro de leyenda, los Cahiers d un retour au pays natal Y tuvo la suerte de encontrar un lector de excepción, de paso por la Martinica, André Breton, el papa surrealista, que descubrió inmediatamente la originalidad radical de una voz que venía de los abismos tropicales, las frondas atlánticas, las culturas mestizas de una diminuta colonia cuya cultura local también es finalmente indisociable del destino de la lengua francesa. Les armas miraculeuses (1946) el segundo libro de Césaire, lleva más lejos esos mestizajes, ya muy consciente su autor de su íntima relación con Ignacio Villapadierna Filólogo créole EL (C) OLOR DEL COLONIALISMO C Césaire, en una imagen tomada en 2003 las muy distintas culturales tropicales y metropolitanas de su obra toda. Césaire y Sénghor habían utilizado por vez primera el concepto de negritud durante los años treinta, en la revista L Étudiant noir Con el tiempo, la negritud se convertiría en un concepto cultural imprescindible, en África y el Caribe. Soleil coupé (1947) Corps perdu (con dibujos de Picasso, 1950) Ferrements (1960) Cadastre (1961) Moi, Laminaire (1982) y Poesie (1994) integran una obra poética única en su género, en lengua francesa. Hombre de gran cultura clásica, Césaire consuma a través del crisol de la lengua francesa un mestizaje semejante al de Sénghor, ofreciendo a las raíces negras, mestizas, caribe- AFP Voz de los abismos tropicales Deja tras sí una obra inmensa que introdujo, en lengua francesa, el mestizaje con las culturas negras ñas, africanas, una nueva tierra de cultura, enraizada en la tradición occidental, europea. Al mismo tiempo, la lengua francesa descubre con ambos poetas los horizontes de otras tierras, culturas y civilizaciones. Sénghor y Césaire abrían la cultura francesa a las lluvias tropicales y los horizontes oceánicos de otras razas. Césaire también fue un agitador político y cultural muy fuera de lo común. Militó brevemente en el PCF, del que dimitió con escándalo, para fundar un partido propio. Alcalde de Fort- de- France, en la Martinica, de la que fue diputado, durante varias décadas, Césaire enarbolaba orgulloso su raza negra, sus orígenes mestizos, resistiendo, al mismo tiempo, a los restos del antiguo despotismo colonialista, durante la ocupación nazi de Francia (1940- 45) y a las sirenas independentistas revolucionarias. Deja tras sí la huella inmensa de quien contribuyó, con su obra, su lengua, su acción, a modificar el destino de su pueblo, administrativamente francés, culturalmente mestizo, orgulloso de su negritud. uando por nombre se tiene un adjetivo (Aimé) y por apellido un verbo (Césaire) se está abocado a saber que lo sustantivo nunca son las formas. En esa paradoja permanente se pretendió la vida del eterno alcalde de Fort de France. Y así lo certificó en su ensayo Une traversée paradoxale du siècle el polemista Raphaël Confiant, precisamente uno de los notables que se enfrentó al maestro al alejarse de la originaria orilla de la négritude cesairiana para aventurarse por las revueltas aguas de la créolité Y a las paradojas, como a los fantasmas, se las combate con la acción. Las exorcizó su colega Fanon al formular el lado psicológico del colonialismo Peau noire, masques blancs las explicó estéticamente Glissant Poétique de la Rélation en su unidiverso de relaciones del Tout- monde las denunció negro sobre blanco- -oiga, sin ironías- -Chamoiseau al reunir 316 páginas bajo el transparente título de Écrire en pays dominé Todos ellos martiniqueños. Pero si alguien trascendió el souffle du lieu a fuerza de sublimar la paradoja que vive en su carne el colonizado, fue Césaire al entender que la poesía y la política son formas complementarias de conjugar la acción. Hablarle al blanco con la palabra clara y el pensamiento negro, el que revindica la africanidad de su ser y de los suyos en plena lucha de los unos por lavar su piel y de los otros por lavarse las manos con el gel de una descolonización todavía hoy falsa. Es algo que le deben los suyos, también los defensores de la mescolanza criollista, la legítima defensa de los millones de hombres a los que habla Césaire en su Discurso sobre el Colonialismo Millones de hombres a los que se les ha inculcado sabiamente el miedo, el complejo de inferioridad, el temblor, el postramiento, la desesperanza... Era 1950, cuando el mundo de posguerra todavía no había inventado la televisión en color. Cuarenta y cinco años después, viendo desde las cristaleras del ayuntamiento el mediodía sobre la bahía de Fort de France, nos refugiamos a la sombra de este gran Ti nègre entonces octogenario para escuchar de su viva voz sudorosa por qué, aunque nos guste el olor de la papaya verde, antes o después todos queremos regresar al pays natal