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10 OPINIÓN VIERNES 18 s 4 s 2008 ABC AD LIBITUM EL CONGRESO DE PALMA Mariano Rajoy, por vertiginosos, se le escapan los caracoles que engordan en su jardín. Alguien le ha metido en la cabeza que el tiempo es un ungüento mágico capaz de remediar cualquier mal y no sabe que lo único que el paso de los días garantiza es la vejez y, si se apura, la decrepitud. Él y sus leales, que alguno habrá aunque sólo sea en defensa de la nómina, tienen su esperanza puesta en el XVI Congreso que, en Valencia, tratará, se supone, de levantar el ánimo de la formación y robustecer la figura del líder y las de su equipo. Conviene recordar a ese respecto que, días antes de que AntoM. MARTÍN nio Tejero Molina desFERRAND honrara su uniforme de Guardia Civil y protagonizara el golpe que, de hecho, puso fin a la Transición e inauguró la anormal normalidad en la que continuamos, la UCD celebró, en Palma de Mallorca, un Congreso demoledor. El de su acabose. La UCD de Adolfo Suárez, con la que los demócratas españoles siempre tendremos una deuda de gratitud, tuvo como objetivo fundamental la propia Transición y supo transformar de la Ley a la Ley un Estado totalitario en otro democrático y, en sus días, verdaderamente representativo y parlamentario; pero, rematado el cambio, se quedó sin meta, sin razón de ser. El poder por el poder no era lo suyo y los grupos políticos que integraron aquella feliz Unión empezaban a campar por sus respetos. Los barones de aquel juego acabaron con Suárez, que dimitió, y en el Congreso de Palma le pusieron punto final a un hermoso intento. Como en el Circo de Roma, los cristianos se comieron a los leones. Rajoy es hoy un trasunto de Leopoldo Calvo Sotelo, pero con menos retranca, formación, capacidad y señorío. Es posible, por falta de empuje en sus opositores y ayudado por el absurdo rigor reglamentario con el que se protege, que Valencia no sea para el PP lo que Palma significó para la UCD; pero si José María Aznar, el único que mantiene viva su autoridad, no lo remedia ese será el principio del fin. Rajoy circula, entre grogui y altanero, sin haber digerido la derrota de 2004 y sin entender la del 2008 se mantiene, situado por el PSOE, en desprecio del talento y lejos de los mejores nombres de su partido. ¿Cuántos fracasos más le caben en el zurrón? El detonante llegará, si no lo hace antes, en las próximas elecciones para el Parlamento Europeo; pero, que conste, el Congreso de Valencia, será el escenario germinal de la catástrofe. En aquellos días del fin de la UCD, dijo Rodolfo Martín Villa que Adolfo Suárez es un personaje excepcional para una etapa excepcional; pero, terminada esa etapa, se requieren personas más normales Rajoy no es nada excepcional, pero está claro que para dirigir la alternativa política nacional, la alternativa a José Luis Rodríguez Zapatero, hace falta alguien más normal. Con más empuje y mejor acompañado. A LA HERRADURA PERDIDA OR una herradura se perdió un caballo; por un caballo, un caballero; por un caballero, una batalla; por una batalla, un reino Podría aplicarse a Barack Obama, cambiando la herradura por una metedura de pata. Preguntado por qué su campaña no lograba arrancar en Pennsylvania, donde se vota el próximo martes, Obama respondió: No debe sorprender que esos trabajadores de las pequeñas ciudades se aferren a sus armas, a su religión y a su antipatía hacia quienes no son como ellos, para dar vía libre a su frustración Quedó muy bien con su sofisticada audiencia de San Francisco. Pero se pegó un tiro en el pie, como dicen aquí. Y puede darse por contento si no en la cabeza. La condescendiente frasecita ha tenido un efecto demoledor en su campaña. Hillary la ha usado como alfanje en su último debate ante un Obama a la defensiva por primera vez, sin aquella seguridad, aureola y sonrisa que habían hecho de su campaña una marcha triunfal. Pennsylvania iba a ser la coronación de la misma, pero puede devolverle a sus comienzos, con una Hillary diJOSÉ MARÍA ciendo a los prohombres de su partido: CARRASCAL ¿Veis como tenía razón? Obama es puro humo. Un fuego fatuo creado por nuestro idealismo ante las tremendas dificultades que atravesamos. Pero que no resiste el choque de la realidad. Y como ha perdido en Pennsylvania perderá en noviembre si le elegís candidato, ya que son los votos, no los sueños los que cuentan Obama tiene hasta el martes para convencer a los obreros blancos de Pennsylvania, uno de los estados más castigados por la crisis económica, de que no les mira por encima del hombro, de que comparte su frustración, de que hará lo posible para aliviar su suerte si es elegido presidente. No le va a ser fácil. A diferencia de otros deslices que ha tenido en su campaña, éste no se ha olvidado a las pocas horas, al revés, sigue crecien- POSTALES P do, como si hubiera abierto las compuertas a un resentimiento oculto contra él, aunque había ya indicios de que existía. La clase media baja blanca era la que más se le resistía por dos razones de peso. Una, confesada: es la que más ha retrocedido socialmente por el avance de los negros y, sufrido económicamente por las importaciones extranjeras, que han dejado a muchos de ellos sin trabajo. Otra, inconfesable: es donde los prejuicios racistas están más arraigados. Hasta ahora, no podía airearlos abiertamente. El comentario ofensivo de Obama sobre ella, le da derecho a manifestarlos. Pocas veces unas cuantas palabras habrán tenido unas consecuencias más devastadoras. El giro tan brusco como imprevisto que ha dado a la campaña electoral norteamericana nos advierte de dos cosas, olvidadas hasta ahora. La primera, que Obama es el candidato de los jóvenes y de la clase alta, culta, sofisticada, la que tiene más protagonismo social y la que menos está sufriendo los efectos de la crisis. Por una de esas paradojas de la vida, este negro criado por una madre abandonada por su marido, con una niñez errabunda por tres continentes, que ha conocido tanto la pobreza de los guetos como la elegancia de Harvard, representa los dos extremos del país, el más alto y el más bajo, pero no el del medio, que le mira con la desconfianza que siente hacia todo tipo de elitismo. Y no olvidemos que Estados Unidos, es más que nada, clase media. La segunda revelación es que hoy no se habla sólo para quien se tiene delante, sino para una audiencia global. Obama quería halagar a los exquisitos vecinos de San Francisco. Pero se olvidó de los sufridos de Pennsylvania. Y de los del resto del país, que no lo olvidarán fácilmente. ¿Podrá recuperarse? Sí, pero a condición de que recupere su mensaje inicial, aquel que ilusionó a millones de norteamericanos, al decir que este país tan frustrado, tan batido, puede recuperar la esperanza si hombres y mujeres, jóvenes y viejos, blancos y negros, unen sus esfuerzos para superar la crisis. Pero sin olvidar a los obreros blancos, la herradura perdida de su caballo.