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88 JUEVES deESCENA JUEVES 17 s 4 s 2008 ABC Es imposible estar las veinticuatro horas del día haciendo reír Millán Salcedo s Actor sema y yo me encontré en una encrucijada, no sabía hacia adónde tirar. Y cuando ví a Gabino Diego y a Pedro Ruiz sobre las tablas me dí cuenta de lo que quería hacer. Así surgió este trabajo, que no es un monólogo al uso Millán buscó para este espectáculo la complicidad de Paco Mir y Joan Gracia (Tricicle) con quien ya había trabajado en Los sobrinos del capitán Grant Necesitaba a alguien con talento que me viera desde fuera, y Paco fue quien me tiró el primer flotador cuando estaba en esa encrucijada después de la disolución de Martes y 13 Sigue, claro, con la empanadilla detrás de la oreja. Soy feliz con el cariño de la gente, aunque a veces pueda resultar cansino; es imposible estar las veinticuatro horas del día haciendo reír a la gente, y hay algunos- -son los menos- -que no lo entienden Yo me subí a un piano verde es un espectáculo donde Millán se ha desnudado totalmente, donde junto a la risa provoca alguna que otra lágrima, porque hay momentos para la nostalgia. Pero lo importante es pasarlo bien Y el mensaje para los espectadores es claro: Yo les animo de corazón a que hagan aquello que no se han atrevido a hacer; hay gente que se siente frustrada, y eso no debe ocurrir TEATRO INTERNACIONAL s TEL AVIV Yo me subí a un piano verde es el revelador título del espectáculo que presenta Millán Salcedo (ex Martes y 13) en el Infanta Isabel, y que supone su primera aventura escénica en solitario J. B. MADRID. No tiene móvil ni internet. Es su manera de reivindicar lo manual y lo artesano. Y a mano ha ido escribiendo textos en los últimos años. Son el cuerpo de Yo me subí a un piano verde un título que dice mucho de las intenciones de su autor e intérprete, Millán Salcedo. El que fuera vértice primero y mitad después de Martes y 13 mira hacia atrás sin nostalgia, pero sin rencor. Todos tenemos una imagen y unos sambenitos, y a mí no me molesta; pero al separarnos Jo- Los intérpretes de la obra saludan al público al concluir la función REUTERS El regreso a Haifa Polémica en Israel por el estreno en Tel Aviv- Jaffa de una obra teatral que explora el sufrimiento personal que más de medio siglo de conflicto ha causado a israelíes y palestinos POR LAURA L. CARO CORRESPONSAL JERUSALÉN. Desde los primeros años de vida del Estado, el público israelí quiso verse a sí mismo y sus propios problemas sobre el escenario. Entonces, con la representación de piezas que abordaban las dificultades del joven país, aunque siempre dentro de los límites del consenso nacional. Hoy, coincidiendo con el LX aniversario de la fundación de Israel en 1948, son muchas las manifestaciones artísticas que se han lanzado a desafiar, aunque con cautela, las líneas de lo políticamente adecuado para reflexionar sobre lo incómodo. El retorno a Haifa estrenada esta semana en uno de los principales teatros de Tel Aviv- Jaffa, es una de esas expresiones pensadas para remover conciencias. En su caso, desde la exploración del sufrimiento personal que más de medio siglo de conflicto ha causado a israelíes y palestinos, un asunto de hondo calado social pero ante el que la oficialidad prefiere todavía mirar discretamente hacia otro lado. Transgresor, el montaje se ha entendido como una provocación por la extrema derecha. No sólo porque apuesta por un reparto judío- árabe, sino porque constituye una producción israelí que adapta una novela corta de un palestino, el relevante ensayista Ghassan Kanafani. La trama narra la historia de una pareja de inmigrantes judíos que perdió a su hijo en el Holocausto y que en Israel cría como propio a un niño palestino abandonado. Dos décadas después, sus vidas se cruzarán con la de los padres biológicos del chico, y juntos confrontarán su dolor en una discusión a veces descarnada, que resulta una amarga crítica al alto precio que los seres humanos pagan por las guerras. Según su director, Sinai Peter, lo que hace especial esta producción es que da la oportunidad de que las personas de ambos lados escuchen el relato del otro El encuentro, el diálogo humano entre israelíes y palestinos, está ya en los escenarios con la madurez que no ha alcanzado en la política. Como decía el día del estreno un espectador árabe israelí, apoyado por las muestras de asentimiento de un amigo judío, la gente necesita conocer ambos lados de la historia o nos estaremos matando otros cien años CRÍTICA El pintor de su deshonra Autor: Calderón de la Barca. Versión: R. Pérez Sierra. Dirección: E. Vasco. Escenografía: C. González. Vestuario: P. Moreno. Iluminación: M. Á. Camacho. Intérpretes: A. Querejeta, N. Mencía, D. Albadalejo, E. Trancón, F. Sendino, J. R. Iglesias, F. Merino, J. V. Ramos y S. Ruiz Somalo, entre otros. Lugar: Teatro Pavón. Madrid Veinte años después JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN Cumple veinte años la Compañía Nacional de Teatro Clásico y lo celebra trazando una suerte de arco que une la actual etapa con los comienzos del proyecto que puso tercamente en pie el recordado Adolfo Marsillach. Si la primera obra que presentó fue la calderoniana El médico de su honra (1637) ahora ofrece El pintor de su deshonra (1650) pieza que en los manuales suele citarse casi como díptico con la anterior, ambas como ejemplos de los dramas de honor de don Pedro, a los que se agrega indispensablemente El alcalde de Zalamea (1651) y A secreto agravio secreta venganza (1636) Durante estos dos decenios, la CNTC ha consolidado un estilo y una forma de hacer, imponiendo una marca de calidad y compromiso con nuestro teatro áureo, muy cuidadosa en detalles, en elección de repertorio y en su difusión. El pintor de su deshonra resume, explicita y exhibe ese estilo en el que la brillantez no sacrifica la exigencia. La obra elegida para el aniversa- rio es un prodigio de construcción, con su alternancia de temas serios y cómicos, versos brillantes y, en lo que al fondo respecta, cuestionando de alguna forma el rigor de los estrictos códigos del honor. Así, Juan Roca, el marido presuntamente ofendido, tiene que lavar su honra a su pesar y preguntándose: ¿Cómo bárbaro consiente el mundo este infame rito? Donde no hay culpa, ¿hay delito, siendo otro el delincuente Como en muchas de sus piezas, Calderón da a los personajes femeninos tintes muy positivos; Serafina, la protagonista, que se ha casado con don Juan al creer muerto a don Álvaro, su verdadero amor, no acepta al pretendiente resucitado y prefiere reprimir sus sentimientos antes que traicionar a su marido, convirtiéndose en doble víctima de la presión social: primero, rechazando al hombre al que ama, y segundo, muriendo sin culpa alguna al consumarse el veredicto inapelable. El montaje de Eduardo Vasco es primoroso, de los que justifican la pasión por el teatro. Muy bien dirigido, con una bella escenografía sintética y nada ostentosa, soberbiamente iluminado y con un vestuario de los que hay que aplaudir puestos en pie: la escena del Carnaval es deslumbrante. En el plano interpretativo, la CNTC ha alcanzado un tono general excelente; en esteterrerno merece la pena destacar el cabal don Juan de Arturo Querejeta, la vehemente Serafina de Nuria Mencía, lo bien que ensambla los matices de su personaje Eva Trancón, el templado Juanete de José Ramón Iglesias y el humor que imprime a su príncipe de Ursino Fernando Sendino. Un espectáculo digno de tan gozoso aniversario.