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ABC JUEVES 17 s 4 s 2008 ESPAÑA 27 LOS VOTOS PARTICULARES Edurne Uriarte EL DEBATE DE IDEAS EN EL PP J. Sánchez Melgar La ausencia de acusación particular no justifica el cambio de criterio sobre la acusación popular. El magistrado no comparte la tesis Botín pero es doctrina del tribunal y, como tal, debe aplicarse. Luciano Varela El cambio de criterio sobre la acusación popular quiebra el derecho a la igualdad También cree que debió confirmarse la absolución porque los argumentos del TSJ no eran arbitrarios C. Granados, J. Giménez y A. Martínez Arrieta La apertura de juicio oral no procedía porque sólo la pidió la acusación popular. Esa doctrina, contenida en la sentencia del caso Botín debe aplicarse con carácter general siempre que la acusación popular se quede sola. La ausencia de acusación particular tampoco cambiaría las cosas porque la ley no hace excepciones y porque se atentaría contra el principio de igualdad al diseñarse clases distintas de acusación popular. Joaquín Giménez (II) Participa en el voto anterior y firma uno propio para señalar que no debió anularse la sentencia. Cree que la Sala se ha excedido en su función casacional al hacer una reinterpretación de las pruebas. El Supremo ve clara la desobediencia de Atutxa y revoca su absolución No aplica la doctrina Botín por entender que se trata de supuestos diferentes entre sí s La sentencia cuenta con el voto particular de cinco de los doce magistrados NIEVES COLLI MADRID. El caso Atutxa (desobediencia del Parlamento vasco por no cumplir la sentencia del Tribunal Supremo que ordenaba disolver el grupo parlamentario SA tras la ilegalización de Batasuna) y el caso Botín (cesiones de crédito del Banco Santander) son diferentes entre sí. Por lo tanto, la doctrina sentada en la sentencia que absolvió a Botín no es aplicable al ex presidente de la Cámara vasca y, en consecuencia, el Pleno de la Sala Segunda del Tribunal Supremo condena a Atutxa así como a los parlamentarios Gorka Knörr y Contxi Bilbao (todos ellos absueltos por el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco) por un delito de desobediencia. Al primero le impone una multa de cien euros diarios durante seis meses y un año y medio de inhabilitación para ejercer cargos públicos; a los otros dos les condena a cuatro meses de multa a razón de cien euros diarios y a un año de inhabilitación. La sentencia que absolvió a Emilio Botín estableció que, en un procedimiento abreviado, el juez no puede abrir la fase de juicio oral cuando el fiscal y la acusación particular no acusan y sólo lo hace la acción popular. La resolución dictada ayer, de la que ha sido ponente el magistrado Manuel Marchena, sostiene que no estamos ante un supuesto idéntico y, por lo tanto, esa doctrina no es aplicable al caso Atutxa La cuestión, sin embargo, no es pacífica, y contra la sentencia han redactado voto particular cinco de los doce miembros del Pleno ver recuadros adjuntos La exclusión de la acción popular, explica la sentencia, no se produce en aquellos casos en los que bien por la naturaleza del delito bien por la falta de personación formal de la acusación particular sólo son parte el fiscal y la acusación popular y sólo esta última decide impulsar el proceso. En estos casos, si el Ministerio Público pide el sobreseimiento, no puede condicionarse la capacidad de la acción popular para obtener la apertura del juicio oral a la presencia o no de una acusación particular en la causa y a que defienda su mismo criterio. Y esto es así especialmente cuando se trata de delitos que, como el de desobediencia que se juzgó en el caso Atutxa no tienen un perjudicado concreto sino que afectan a intereses supraindividuales o a bienes de titularidad colectiva El fiscal no tiene por qué tener el monopolio del interés social. En una situación parecida se encuentra el llamado caso bórico en el que la Fiscalía no acusa, no hay acusación particular y la acción popular se ha quedado sola. En principio, sería aplicable la doctrina establecida ayer en la sentencia de Atutxa aunque, de llegar al Supremo, la cuestión provocaría discrepancias al haber magistrados partidarios de la interpretación dada por la sentencia del caso Botín Resuelta esta cuestión de carácter previo, la sentencia entra en el fondo del recurso que el sindicato Manos Limpias presentó contra la absolución de los tres parlamentarios vascos para concluir que Atutxa, Knörr y Bilbao debieron ser condenados por desobedecer al Supremo. El Tribunal considera que, al dictar una sentencia absolutoria, el TSJ vasco infringió- -por no aplicarlo- -el artículo 410.1 del Código Penal, que castiga a las autoridades o funcionarios públicos que se negaren abiertamente a dar el debido cumplimiento a resoluciones judiciales Para la mayoría de la Sala Penal del Supremo, del relato de hechos probados se desprende que la negativa de los parlamentarios vascos a cumplir la sentencia de ilegalización de Batasuna era abierta tal y como exige el Código Penal. Y ello independientemente de que la negativa sea tácita o mediante actos concluyentes La voluntad de desobedecer (inexistente según el tribunal superior de justicia y meridiana según el Supremo) puede deducirse tanto de comportamientos activos como omisivos, expresos o tácitos En este caso, que la Cámara vasca respondiera a todos los requerimientos del Supremo y adujera una supuesta falta de capacidad para obedecer el mandato judicial no puede traducirse en que no cometiera delito alguno. Ese argumento no hace sino enmascarar una conducta desobediente que también se produce cuando se adopta una reiterada y evidente pasividad a lo largo del tiempo sin dar cumplimiento al mandato Recuerda el Supremo que sólo los jueces y tribunales tienen la capacidad de decidir cuándo es imposible ejecutar una sentencia, cuestión que en ningún caso puede quedar a expensas de una declaración unilateral del requerido Conducta desobediente No hay monopolio La acción popular podrá pedir la apertura del juicio oral, aunque no lo haga el fiscal, cuando se trate de delitos que afectan a bienes colectivos ABC. es Texto íntegro de la sentencia y los votos particulares en abc. es os militantes del PP están de acuerdo en una cosa, al margen del debate sobre el liderazgo. En la necesidad del debate de ideas que, traducido a términos más llanos, significa lo siguiente: ¿Qué debe hacer la derecha para ganar las elecciones? Sugiero una primera respuesta en términos de lo que no debe hacer. Sobre todo, no cometer el error de hablar de crisis. Un partido que ha obtenido un 40,1 de los votos, el segundo mejor resultado de su historia y a dos puntos y medio del ganador, no tiene una crisis y no puede cometer el error de aplicar recetas de crisis. Y segundo error, convertir a UPyD, un partido con el 1,2 de los votos, en su referencia. Por ese porcentaje, y, sobre todo, por la sencilla razón de que es de izquierdas. Sobre lo que sí debe hacer la derecha, lo primero es atender y entender la estructura ideológica de la sociedad española y de los votantes del PP. De ella se deduce que el debate de ideas no es ni puede ser entre más radicales y más moderados. Porque el líder que salga del próximo Congreso del PP será aquel que pueda representar a todo el amplio espectro de la derecha, desde la extrema derecha hasta el centro. Y tendrá un reto muy semejante en la derecha al que tiene Zapatero en la izquierda. Mantener el voto en la derecha pero conquistar nuevas posiciones en el centro. En ese reto, el PSOE tiene la desventaja de que disputa la extrema izquierda con otros, lo que le presiona hacia la radicalización. Y el PP tiene la desventaja de que la estructura ideológica de los españoles se inclina hacia la izquierda. Hay complejos de la derecha, pero hay también una realidad, ese dominio de la izquierda. Decenas de encuestas reiteran lo mismo: cerca del 30 de españoles se sitúan entre el 0 y el 3 de la escala ideológica (izquierda) frente a poco más del 10 entre el 7 y el 10. Un 20 aproximadamente no se ubica. Y más del 40 se sitúa en el centro, entre el 4 y el 6. La ampliación del voto del PP sólo puede venir de ese 40 Y no creo que tenga que ver con un cambio de principios sino de estilo. Con aquello de parecer de centro además de serlo, que dijera Sáenz de Santamaría. L