Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
10 OPINIÓN JUEVES 17 s 4 s 2008 ABC AD LIBITUM EL DISCURSO DEL REY A interesada y tosca confusión con que el PSOE tiende a confundir el Estado con la Sociedad, algo que viene acelerándose desde el advenimiento de José Luis Rodríguez Zapatero, no se compensa con una actitud claramente opuesta y diferente del PP, distraído en sus pleitos de familia. Así, pasito a pasito, vemos languidecer el espíritu de la Transición y debilitarse la fuerza de la democracia española cuando la Constitución está a punto de cumplir sus primeros treinta años de edad, que no necesariamente de vigencia. Desde esa inquietud parece oportuno subrayar algunas de las ideas que, en su M. MARTÍN discurso inaugural de la FERRAD IX legislatura, pronunció ayer el Rey Don Juan Carlos. Dijo el Rey que todo sistema democrático debe, por esencia, estar presidido por un continuo afán de plena sintonía entre la acción de los distintos poderes públicos y la voluntad del pueblo al que se deben. ¿Es ese nuestro caso? No lo parece. Por un montón de razones endógenas y exógenas- -entre ellas un pintoresco e insostenible sistema electoral- -nuestra democracia es poco, o nada, representativa y el Parlamento, constitucionalmente previsto como centro del ejercicio democrático, ha pasado a ser un escenario litúrgico, con más forma que contenido, ausente del debate que reclaman los ciudadanos y atento a los que convienen a las cúpulas partitocráticas que, de hecho, se han adueñado del poder y permanecen sordas a la demanda y las inquietudes de los ciudadanos. El Rey instó ayer a las Cámaras a consensuar grandes políticas de Estado con prioridad en la lucha contra el terrorismo y frente a las dificultades e incertidumbres que siembra la situación económica. Ante tan oportuna proposición real sólo cabe decir amén; pero, ya en el terreno de la realidad, ¿es eso posible, aquí y ahora, si se contempla la endeblez programática del Gobierno de Zapatero y la situación desarbolada del partido que dirige- -todavía- -Mariano Rajoy? Don Juan Carlos insistió en su muy bien medido discurso inaugural de la legislatura que para atajar la difícil, y presumiblemente larga, crisis económica que se nos viene encima con efectos sociales previsiblemente muy dolorosos hay que reaccionar con grandeza, diálogo, cohesión y solidaridad La grandeza sólo pueden aportarla los grandes, el diálogo es hijo de la buena voluntad como la cohesión arranca de la fijación de objetivos comunes y la solidaridad- -inalcanzable para un mínimo trasvase de agua de donde sobra a donde falta- -es algo, para nosotros, tan raro como vivir en un iglú. Es decir, que el consejo del Rey no encontrará base en la que enraizar y, en su caso, llegar a producir fruto. El Gobierno de Zapatero, a escala con sus acostumbradas mentiras, tiene las patas cortas y la oposición de Rajoy ni tan siquiera parece ser capaz de empezar a andar. El resto de los agonistas está en otras guerras. L UN SOCIALISMO EMOCIONAL Y ETÉREO L socialismo instituye en España un Ministerio de la Igualdad al mismo tiempo que establece la desigualdad de los ciudadanos en cuanto al agua de todos. Quién sabe cómo lo argumentará el futuro centro de ideas que vaa presidir JesúsCaldera cuando fusionela Fundación Pablo Iglesias, Progreso Global, la Fundación Jaime Vera y Españoles en el Mundo, como el PP constituyó FAES en su día con resultados contrastables. Zapatero le confía a Caldera el cultivo de la masa encefálica prosocialista. No es original que un partido político disponga de un think tank potente. Al PSOE más bien le es necesario. Su aproximación a las ideas- -como ocurre generalmente en la política española- -suele llevar retraso y se concreta a empellones personales. Así ocurrió con el abandono tan tardío del marxismo y con la conversión al atlantismo, definido en el propio cónclave socialista como cuestión de testículos. En realidad, el PSOE acostumbra a adaptarse mejor a la realidad cuando gobierna y, sobre todo, cuando rectifica. Al menos fue así en los años del felipismo. El zapaterismo, ya se sabe, es otra cosa, más emocionalista yetérea, fraguadaconaquellos intangibles queel olfato sociológico de VALENTÍ Zapatero identifica, aunque luego confunPUIG da rasgos positivos y rasgos negativos, la marcha adelante y la marcha atrás. DePablo Iglesias a Zapatero, el transcurso del socialismo en España queda ya entretejido con la experiencia nacional. En 1952, Luis Araquistáin afirmaba que los españoles no habían aportado nada original al tema del socialismo moderno. Pasa de forma tan aciaga la guerra civil y es en el congreso de Suresnes, en 1974, que el PSOE renace de entre las cenizas. La tutela de la socialdemocracia alemana no fue leve, aunque en las decisiones congresuales se expresaba un manifiesto repudio del capitalismo y de los dos bloques militares de la guerra fría. Con todo, muchotiempohabía pasadodesdequelospartidarios de Indalecio Prieto y de Largo Caballero se liaban a bofetadas, cuando no a tiros. Comenzaba la paulatina acomodación del PSOE a un futuro institucional que todavía no estabadiseñado. Inclusoeligualitarismollegóa perderfuer- LISTAS ABIERTAS E za en las penúltimas etapas del felipismo, hasta quedar inaugurado en estos días el nuevo Ministerio de la Igualdad. En Londres, a principios de este mes, una conferencia sobre gobernancia progresista (véase www. policy- network. net) ha vuelto a la consabida reflexión sobre el futuro de lo que es la izquierda posible en un mundo tan abundante en incógnitas. Wouter Bos, líder del laborismo holandés, habló de la modernización de la socialdemocracia. La identificación de izquierda con modernidad es uno deaquellos clichés descoloridos que todavía circulan. Pero el líder holandés no estaba para edulcoraciones y, aunque su partido forme parte de la coalición de centro- izquierda gobernante, comenzó por reconocer su derrota en unas elecciones generales en que las que han ganado mucho terreno los partidos populistas a derecha eizquierda. Comoen las otras sociedades europeas y occidentales, en Holanda aumentan la diversidad, la globalización y la fragmentación. Los intereses de la gente son más diversos, su etnicidad, religión, trabajo, educación e ingresos económicos. Las fronteras son cada vez más irrelevantes y menos efectivos los tradicionales mecanismos de cohesión. La inmigración y el terrorismo islamista añaden zozobra. Hay una percepción de amenaza. Todo eso ciertamente resta efectividad a las políticas de antes y cada vez es másdifícil identificar los intereses de una mayoría. Los consensos sobre valores quedan al pairo. Según las consideraciones deWouterBos, estamos evolucionando desde unasociedad en laqueexistía un grado plausible de confianza a una sociedad de recelo. Aparecen nuevas desigualdades entre quienes pueden y saben aprovechar las nuevas oportunidades- -la globalización, por ejemplo- -yquienesnolohacen. ¿Las soluciones? Másmicro- política, una dosis de pensamiento populista, adaptar el lenguaje de la política con empatía y sentido de la identidad. Alejarse de la pretensión socialdemócrata de cambiar el mundo legislando y hacer una política más de moral, valores y símbolos, recuperar el sentido de los arraigos. Atajar la penetración de la incertidumbre en el corazón de los votantes tradicionales del socialismo. Ahí tiene Caldera materia nutritiva para su tan esperada aportación a la historia del pensamiento socialista. vpuig abc. es