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ABC MIÉRCOLES 16- -4- -2008 Hay muy buenos motivos para creer que El Coloso es de Goya dice Glendinning 87 No pasarán de Vittorio Giardino, ambientado en la Guerra Civil española La obra del francés Moebius es uno de los reclamos del Salón ABC Superhéroes de la viñeta sin capa ni superpoderes D. M. BARCELONA. Como no sólo de superhéroes vive el mundo de la viñeta, el Salón del Cómic abrirá mañana las puertas de su XXVI edición a una larga lista de artistas que, como Milo Manara, Moebius, Terry Moore, Liniers, Quino o Peter Bagge han contribuido a explorar y popularizar los mecanismos de la historieta sin necesidad de recurrir a la capa y el antifaz. Que nadie se asuste: por Barcelona desfilarán también héroes de acción de la escuela DC Comics como Adam Hughes y Michael Golden, pero gran parte del protagonismo se lo reparten selectos representantes del underground y veteranos dibujantes con décadas de actividad en el tintero. Un buen ejemplo de los primeros sería Peter Bagge, uno de los máximos exponentes de lo que podría llamarse neorrealismo estrafalario y creador de obras de culto como la célebre Odio Con los segundos, la cosa se complica y las opciones para elegir se multiplican: ahí están, por ejemplo, el erotismo con pedigrí de Milo Manara; las fantasías animadas de Moebius, creador de Blueberry y convertido con el paso del tiempo en uno de los referentes de la ciencia- ficción; el inmarchitable humor surrealista de Quino... Otro de los autores que también se dejará ver por el Salón será el argentino Liniers, brillante analista de la cotidianidad y el absurdo que aprovechará su paso por la ciudad para descubrir su Conejo de viaje y apadrinar la presentación de Dinero del sevillano Miguel Brieva. Vittorio Giardino, primer espada de la ilustración italiana y creador de Max Fridmann, estará en el Salón por partida doble de la mano de No pasarán aclamada trilogía ambientada en los últimos meses de la Guerra Civil española que, además de dar pie a una exposición, dará a conocer en Barcelona el último de sus volúmenes. El argentino Luis Scafati, el norteamericano Roman Dirge, el belga Yslaire, el escocés Jock, el francés JoséLouis Bocquet y los norteamericanos Tim Sale y Tony Harris completan esta lista de autores invitados en la que los personajes de carne y hueso ganan por goleada a los superhéroes de mallas y antifaz. Secuestros, alteraciones y otras sutilezas de la censura D. M. BARCELONA. Viñetas censuradas. Del cierre del Cu- Cut! al secuestro de El Jueves El nombre de la exposición no deja lugar a dudas, y eso es precisamente lo que pretende la organización del Salón del Cómic: despejar todas las dudas relativas a la censura y la represión de la prensa satírica, infantil y juvenil. No existe demasiada información referente a la censura en este tipo de publicaciones, por lo que éste puede ser el paso que abra las puertas a la investigación aseguró Vicent Sanchís, responsable de una muestra que recorre un siglo largo de trabanquetas a la libertad de expresión y retoques ideológicos. Así, la exposición arranca en 1905, con la suspensión del semanario satírico y catalanista Cu- Cut! durante el reinado de Alfonso XIII y se alarga hasta bien entrado el siglo XX, con el conocido episodio de la retirada de los quioscos de los ejemplares de El Jueves por mandato judicial. Entre ambos episodios, la muestra se detiene en la Restauración, la dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República, el Franquismo y la Transición para ilustrar cómo en todas las épocas se ha intentado condicionar los contenidos, algo que se explica a través de originales, comparaciones y material censurado de publicaciones satíricas como El papus y L Esquella de la Torratxa La muestra recoge, por ejemplo, los efectos de la censura moral contra Flash Gordon durante la Segunda República y trata de explicar las notables diferencias de criterio que caracterizaron la evolución del franquismo. La censura, como el franquismo, fue evolucionando y pasó de pedir la adhesión al régimen a adoptar formas de control más sutiles y sofisticadas señaló Sanchís. Uno de los ejemplos más evidentes de cómo la censura puede alterar el contenido se encuentra en la tira de El hombre enmascarado que se reproduce junto a esta información y en la que, además de desaparecer el beso de la segunda viñeta, se modifican los diálogos e incluso se hace desaparecer el nombre del perro.