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36 INTERNACIONAL MARTES 15 s 4 s 2008 ABC Florentino Portero ESTÁN AHÍ NO SE VEN, PERO a Sra. Smith, ministra de Interior británica, ha hecho unas declaraciones tan claras como angustiosas: en estos momentos hay unas 200 redes terroristas trabajando en ese país y, que ellos sepan, 30 atentados en marcha. La información no es casual. Se está debatiendo una nueva ley antiterrorista y el gobierno laborista de Brown pide al Parlamento que se amplíe de 28 a 42 días el tiempo de detención sin cargos de cualquier sospechoso. Blair luchó con denuedo para facilitar el trabajo de la policía, pero con un coste político muy alto. Brown va por el mismo camino. Cuando la izquierda británica, como la europea, ha entrado en el camino del buenismo y la comprensión de los islamistas resulta difícil que los diputados laboristas se suiciden políticamente avanzando en sentido contrario. Bush declaró que Estados Unidos estaba en guerra contra el islamismo. Los europeos rechazaron mayoritariamente tal afirmación, limitando la amenaza a un problema de seguridad interior. No había guerra, en todo caso conflicto. Para nuestros socialistas ni eso. Los atentados islamistas, como explicaron a un alto funcionario norteamericano de paso por Madrid, son realidades incómodas con las que tenemos que aprender a vivir, pero sin darle mayor importancia. La dimensión que están tomando las redes islamistas, sumado a su carácter global, hace difícil su catalogación como mero problema de seguridad interior. Es mucho más y, sobre todo, será mucho más en las próximas décadas porque tanto la situación en los estados árabes como entre las comunidades musulmanas en Occidente va a empeorar. La economía apunta un período de crisis seria, el desempleo aumentará y la presión migratoria desde los países musulmanes crecerá. Estas circunstancias alimentarán el radicalismo. Si la sociedad no percibe la gravedad de la amenaza no aceptará la necesidad de aplicar las medidas apropiadas para combatirla y los atentados llegarán. Los laboristas sufren la contradicción de años de discurso comprensivo y la responsabilidad de preservar la seguridad nacional. El primer reto es hablar claro a la gente. L Una familia posa enWashington junto a una imagen del Papa en la Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción REUTERS El Papa verá en EE. UU. un catolicismo vibrante pero con problemas La administración Bush se vuelca con la visita de Benedicto XVI a una Iglesia compuesta por 65 millones de feligreses y en pleno proceso de transformación PEDRO RODRÍGUEZ. CORRESPONSAL WASHINGTON. Estados Unidos no figura entre los países más católicos del mundo pero, sin duda alguna, es uno de los más religiosos. Quizá sea por la enorme competencia entre tantos credos diferentes. O por su pionera y ejemplar separación entre Iglesia y Estado. O porque su historia nacional, desde su fundación hasta las actuales elecciones presidenciales pasando por Martin Luther King, no se puede entender sin incluir cuestiones de fe. O simplemente por una constante fluidez social que exige mayores cimientos espirituales que en otras latitudes. En ese contexto, la especial visita que hoy iniciará Su Santidad el Papa no es una historia más. Los análisis, encuestas y perfiles publicados estos días sobre el catolicismo en Estados Unidos coinciden en que Benedicto XVI se va a encontrar con una Iglesia católica vibrante, de unos 65 millones de seguidores, pero con una lista de problemas mucho más graves de los que hace trece años se encontró Juan Pablo II durante el último peregrinaje papal. Además de un profundo proceso de transición demográfica al combinar grupos tradicionales de creyentes de origen europeo con toda la masiva oleada de inmigración hispana. peran estadísticamente en participación y entusiasmo a los de otros países industrializados. Por ejemplo, aunque en Europa occidental solamente un diez por ciento de los católicos asiste regularmente a misa, en EE. UU. esa cifra se triplica junto a un volumen de donaciones estimado en 8.700 millones de dólares anuales. De hecho, Benedicto XVI ha señalado a EE. UU. como posible modelo para una de sus preocupaciones apostólicas: conjugar la vida espiritual en un mundo cada vez más secular y materialista. Hasta el punto de haber afirmado recientemente que Estados Unidos desde su amanecer ha sido una nación que ha valorado el papel de la creencias religiosas para asegurar un orden democrático, vibrante y éticamente sólido Por primera vez en su mandato, el presidente Bush tiene previsto acudir a la base aérea de Andrews para recibir personalmente a su invitado. Además de una ceremonia oficial de bienvenida con 12.000 invitados en el jardín sur de la Casa Blanca y una elegante cena en honor del Papa, aunque sin su asistencia. Bush ha justificado todas estas deferencias porque Benedicto XVI habla por millones y no viene como un político, viene como un hombre de fe Pese a la oposición del Vaticano a la guerra de Irak, el presidente comparte con el Papa similares posiciones en temas sociales recurrentes como el aborto, el matrimonio de parejas del mismo sexo y las investigaciones con células madre. Junto a dos multitudinarias misas en estadios de baseball, el peregrinaje papal por EE. UU. incluye visitas a una sinagoga, a la zona cero en Nueva York, y un discurso ante Naciones Unidas. Todo bajo un sustancial despliegue de seguridad. En la mayoría de estos actos, se espera que el Papa incluya palabras en español, ya que casi la mitad de los católicos en Estados Unidos menores de cuarenta años son católicos. Durante su gira, Benedicto XVI cumplirá 81 años. A modo de regalo, instituciones católicas quieren sumar el compromiso de un millón de horas de voluntariado social. 2000 millones de dólares Entre los grandes retos a los que se enfrenta el catolicismo en EE. UU. figura crisis de vocaciones, reducción de parroquias, graves problemas financieros, retroceso en sus instituciones educativas y servicios sociales y resistencia a cuestiones dogmáticas o jerárquicas. Además de las secuelas de desprestigio del escándalo de abusos sexuales a menores que estalló hace seis años y que ha costado a las arcas eclesiales una cifra estimada en 2000 millones de dólares. Junto a estas cuestiones negativas también hay que decir que los católicos en EE. UU. su- Por primera vez en su mandato, el presidente Bush acudirá a la base de Andrews para recibir personalmente al Santo Padre