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ABC LUNES 14 s 4 s 2008 DEPORTES 101 EL MUNDO ES UNA HISTORIA TÊTEÀTÊTECONSANTILLANA Santillana orbitaba la Tierra para sus goles de cabeza, y ha sido preciso picar muy alto para alcanzarlo. Tenía que ser Raúl con sus 290 goles en el Madrid... JUEGO EN EL CUERPO tre 1971 y 1988 le dio tiempo a indagar en el cuero, cada tarde un poco más acariciante: sometió los balones rebeldes, capturó los fugitivos, domaba los fieros con el pecho o la puntera y ensayaba efectos y pases imprevistos, aunque nunca atinó con el regate; por no regatear, no regateó ni los esfuerzos. Acabó su carrera desbastado y pulido, diecisiete años después de haber llegado de Santillana del Mar como un embate. El remate de cabeza nunca ha perdido vuelo, aunque nadie heredó las alas de Santillana. Edu, del Betis, ha marcado así ocho de los 12 goles que lleva en esta Liga; y en la 96- 97, Alfonso, también con el Betis, marcó de cabeza 12 de sus 25. Quién sabe cuántos más habría metido Santillana si su Madrid hubiera jugado con extremos o siempre lo hubieran alimentado pasadores como Míchel y Gordillo, aquellos dos dibujantes de bananas que servían sus plátanos voladores llenos de vitamina G, vitamina Gol, desde la línea de fondo. El juego aéreo no tiene buena prensa, pero yo me quito el sombrero ante los goles de cabeza. A veces, la buena elección del momento del salto vale más que la potencia, la astucia más que la estatura (Santillana medía 1,76) el instinto más que la acrobacia. Hay que ser intuitivo y valiente. Muchos jugadores cierran los ojos a la inminencia de la pelota, como si así su impacto fuera a parecerles un beso en la frente. Pero el balón ansioso de que lo cabeceen no suele venir besucón; trae briznas picantes de hierba, pequeños látigos de agua, escupitajos de barro, giros ásperos. Y eso ahora, cuando el material es pura seda. El balón antiguo arañaba la piel con su basta atadura y su costura filosa; era estrictamente correoso, un mordisco del cuero. Me adhiero al pasto, pero contra su fundamentalismo reclamo tolerancia para el aire, que tiene tantos caminos como la tierra y más dimensiones. El juego por alto no es el arte rupestre del fútbol. El avión desafía al coche en eficacia y estética. No veo por qué un gol terrestre ha de tener mejor reputación que un gol aéreo. El juego raso va casi de tratado filosófico, rastreando cerebro. El gol de cabeza es la canción directa al corazón. Quizá por eso me han entrado ganas de dar la nota, ahora que Raúl está tête à tête con Santillana. Ignacio Torrijos Los masais, a su llegada a la meta del maratón de Londres AP Guerreros en la City Con sus escudos y lanzas, seis masais corrieron ayer el maratón de Londres para recoger dinero para un pozo de agua potable en su tribu de Tanzania EMILI J. BLASCO CORRESPONSAL LONDRES. Se han aficionado al té con muchísimo azúcar- -hasta diez cucharadas por taza- a los copos de chocolate para el desayuno y a llevar calzoncillos. Seis guerreros del poblado de Eluai, en Tanzania, corrieron ayer el maratón de Londres, tras pasar una semana en Inglaterra aclimatándose y haciendo turismo. Nunca antes habían salido de su poblado. Esta vez lo hacían para recoger fondos destinados a construir un pozo de agua potable en su tribu. Habituados a otros tipos de peligros- -adquirieron la consideración de guerreros porque han matado leones con sus propias manos- antes de volar hacia Londres recibieron clases sobre la especie con la que iban a enfrentarse: el oficinista de la gran ciudad, con sus prisas y su cara de pocos amigos. Los seis masais- -Isaya, Ngovu, Lengami, Ninna, Taico y Kesika- -fueron la atracción del maratón, ataviados con sus trajes tradicionales, portando escudo y lanza, y calzando unas sandalias con suela hecha de neumático. El atuendo fue aceptado por la organización, con la condición de que vistieran calzoncillos por si el viento levantaba en exceso sus faldas. En un país que recientemente ha vivido un debate nacional sobre la calidad de la ropa interior de Marks Spencer, el principal proveedor de los británicos en esta materia, estos grandes almacenes han querido hacerse propaganda regalando a los guerreros sus prendas más fiables para la carrera. ron el recorrido, pero no ganaron. El triunfo fue el keniano Martin Lel, que logró su tercera victoria en cuatro años en el maratón de Londres y batió el récord de este certamen con un tiempo de 2: 05: 15. Los seis han vivido estos días en una casa fuera de Londres. Pronto quedó inmediatamente claro que son un poco adictos al té. La cantidad de azúcar que se ponen es sorprendente, unas diez cucharadas por taza. No creo que hayan tenido tanto azúcar en sus dietas antes de venir aquí y quizás por eso están probando nuevos sabores comentó días atrás la mujer que se ha ocupado de su alimentación. El manual que recibieron antes del viaje les anunciaba que en la calle encontrarían a mucha gente seria. Son oficinistas; son buena gente, pero tienen el ceño fruncido y no sonríen lo que debieran porque la mayoría no se lo pasa bien en su trabajo había escrito la ONG Greenforce, que preparó la estancia. Además de advertirles de que en Londres no podrían guiarse bien por el sol para saber la hora, se les conminaba a no escupir en cualquier sitio, como en su poblado, y a hacerlo sólo en momentos de estricta necesidad, junto a un árbol y cuando nadie les viera. También fueron avisados de que no es habitual orinar cerca de arbustos o árboles, y de que en sus visitas a Londres deberían utilizar para eso lavabos públicos. Tres días corriendo Cubrir el recorrido no les resultó nada complicado. Ya se lo habían anticipado el grupo de ancianos del poblado. Nos dijeron que podíamos hacerlo porque siempre estamos corriendo para matar un león o pastorear el ganado dice Isaya. A veces corro durante dos o tres días- -añade este guerrero de 24 años- además, nuestro calzado está hecho de ruedas de coche y es muy cómodo Cubrie- n aquel tiempo la Tierra tenía dos satélites: la Luna y Santillana. Santillana orbitaba la Tierra para sus goles de cabeza, y ha sido preciso picar muy alto para alcanzarlo. Tenía que ser Raúl con sus 290 goles en el Madrid, tantos como los que hizo Carlos Alonso Santillana Yo propondría el amable crimen de decapitar virtualmente a Santillana, para exhibir su cabeza en las vitrinas del Bernabéu y que al verlo así, desmembrado de su más célebre propiedad, recordáramos que también tenía torso y piernas, tacones y empeines. Antes de la reverencial guillotina, conviene repasar las huellas de esa frente para que conste que no fue solo dedicada a la avidez goleadora (Santillana nunca fue Pichichi) sino también al servicio del compañero, cuando, suspendido en el espacio, prefería la airosa cesión en vez del remate. Hoy a eso lo llamamos asistencia. La más famosa se la dio a Cardeñosa en el Mundial 78, en Argentina. Si Cardeñosa tuvo ante sí aquel gol fallido, fue porque Santillana había permanecido un segundo posado en el aire, satelital, ingrávido en su cenit, superando las manos burladas del portero brasileño. Santillana no se trajo al Madrid desde Cantabria ondulaciones para su cintura, sino más bien un peso litoral, de piedra espumada, poco apta para la fina arquitectura de las paredes que el Madrid proyectaba en el área. Pero pasó el tiempo y un buen día, al quitarse las botas, ya no cayeron arena y guijarros sobre el césped. Una vez admirada su cabeza, caigamos rendidos a sus pies, que arrastraron fama de torpeza pero fueron luego redimidos por un tenaz aprendizaje. En- E Podíamos hacerlo porque siempre estamos corriendo para matar un león o pastorear el ganado Una vez admirada su cabeza, caigamos rendidos a sus pies, redimidos por un tenaz aprendizaje