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ABC LUNES 14- -4- -2008 CIENCIAyFUTURO www. abc. es cienciayfuturo 81 El FBI vetó al padre del invento en el Proyecto Manhattan Quizás la mejor prueba de la inocencia atómica de Albert Einstein radica en el hecho de que no se le permitió participar en el Manhattan Project, el programa para la obtención de la bomba que entre 1941 y 1946 se desarrolló en Nueva York. Esta investigación estaba revestida del mayor secreto militar. Einstein no daba la talla ante las exigencias de seguridad. No con su historial anti- racista, anti- imperialista, pacifista, con veleidades marxistas... en fin, un desastre para el FBI. Tanto es así que cuando uno de los científicos del Manhattan Project le pidió ayuda para un problema concreto- -la separación de unos isótopos- no pudo compartir con él los enteros detalles de la investigación. El FBI lo vetó por demasiado arriesgado. Einstein, en 1931, escribe en una pizarra una ecuación sobre la densidad de la Vía Láctea AP Nuevos datos revelan que Einstein no fue el ideólogo de la bomba atómica La famosa carta que el físico envió a Roosvelt para advertirle del potencial bélico de la reacción en cadena buscaba avisar al mundo de los planes nucleares de los nazis ANNA GRAU NUEVA YORK. ¿Existiría la bomba atómica si no hubiera existido Albert Einstein? Durante años se ha considerado que el padre de la teoría de la relatividad lo era también de las tragedias de Hiroshima y Nagasaki. Ese sería el lado oscuro de la ciencia y del genio. Sin embargo, una nueva mirada apunta a otro reparto de responsabilidades. Aunque se sabe que Einstein no participó directamente, o no demasiado, en el logro físico de la bomba (ese honor le corresponde al estadounidense J. Robert Oppenheimer) durante años se ha dado por hecho que nada de aquello habría ocurrido si Einstein no hubiera escrito al presidente Franklin Delano Roosevelt advirtiéndole del potencial bélico de la reacción nuclear en cadena. éxito personal del presidente Roosevelt, asesorado por el científico más grande de la historia, nada menos. Sin embargo, la revista científica Discover desempolva ahora detalles del caso que, aunque desmienten algunas excusas de Einstein- -como que él se limitara solo a firmar la carta a Roosevelt, cuando en realidad trabajó activamente en su elaboración y tramitación- avalan la tesis central de que él no fue el verdadero culpable de aquella bomba. garo, Eugene Wigner, fueron a visitarle a su casa en Peconic para hablarle del tema. Szilard y Wigner habían sabido que los nazis estaban acaparando todo el uranio que podían en la que por aquel entonces era la colonia belga del Congo. Sumaron dos y dos y llegaron a la conclusión de que Hitler podía estar a un paso de la bomba atómica. Y decidieron que había que advertir de ello a los belgas. Como a ellos les conocían En las portadas Einstein siempre minimizó la importancia de esta carta. Pero en 1945 la revista americana Time llevó a su portada un hongo atómico bajo la célebre ecuación E mc 2. La portada de Newsweek otra importante publicación, reproducía directamente la cara de Einstein con la leyenda El hombre que lo empezó todo Hay que situarse en la época: los Estados Unidos se debatían entre el horror y el orgullo. Que la bomba más temible de la historia fuera americana no dejaba de ser un éxito. Y un No fue el primero Para empezar Discover recuerda el dato sabido, aunque a menudo olvidado, de que Einstein ni siquiera fue el primero en vislumbrar las posibilidades de la reacción nuclear en cadena. La idea se le ocurrió a Leó Szilard, un físico húngaro muy amigo de Einstein, judío como él, asimismo refugiado en los Estados Unidos ante el ascenso de los nazis. ¡Nunca lo había pensado! dicen que dijo el genio cuando Szilard y otro físico también judío y hún- La idea de la bomba atómica se le ocurrió a Leó Szilard, que alertó a Einstein de su peligro si la creaban los nazis El físico llegó a la conclusión de que había que avisar a EE. UU antes de que Hitler consiguiera la bomba en su casa a la hora de comer recurrieron a Einstein, entonces ya bastante famoso, respetado y profesor en Princeton. Entre los tres dieron muchas vueltas antes de llegar a la conclusión de que su primer deber era informar de sus temores al presidente de los Estados Unidos. Cuando por fin llegaron a esa conclusión, a Einstein no se le ocurrió otra cosa que elegir como intermediario al piloto Charles Lindbergh, condecorado por Hermann Goering y firme partidario de que Estados Unidos se abstuviera de entrar en la Segunda Guerra Mundial, aparte de ilustre antisemita. Cuando se dieron cuenta del error buscaron a otro correo del zar. Pero entre una cosa y la otra se les fueron meses. Eran los meses en que la Alemania nazi y la Unión Soviética firmaban su pacto para repartise Polonia. Einstein y sus colegas veían en los Estados Unidos la única tabla de salvación frente a Hitler. Su idea no era animar a los americanos a lanzar bombas atómicas, sino a impedir su lanzamiento desde Berlín. Pero la historia no siempre se ajusta a lo esperado. Más datos: http: discovermagazine. com 2008 mar 18- chain- reaction- fr om- einstein- to- the- atomic- bomb s earchterm Einstein