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ABC LUNES 14- -4- -2008 TOROS www. abc. es toros 79 El puntillazo de una miurada de tres horas tapa los méritos toreros FERIA DE ABRIL Real Maestranza de Sevilla. Domingo, 13 de abril de 2008. Última corrida. Lleno. Toros de Miura, incluido un descomunal sobrero (2 bis) blandos en conjunto y descastados; muy bruto el 1 y noble el 2 bis, que se rajó; otro sobrero del Conde de la Maza (4 bis) duro. El Fundi, de nazareno y oro. Tres pinchazos, media baja y tres descabellos. Dos avisos (ovación) En el cuarto, pinchazo y estocada corta (saludos) Juan José Padilla, de tabaco y oro. Estocada (saludos) En el quinto, estocada y descabello (saludos) Javier Valverde, de azul marino y oro. Estocada baja fulminante (oreja) En el sexto, pinchazo y estocada (silencio) Padilla, como El Fundi, estuvo sobrado y atlético con las banderillas ZABALA DE LA SERNA SEVILLA. Esta gafada Feria de Abril no podía tener otro final. Una función de tres horas, después de la que ha caído, acaba con el ánimo y los nervios del aficionado más paciente. El metraje excesivo de la miurada no puede ni debe tapar los méritos adquiridos por los toreros, que quedaron como difuminados en la lejanía. La corrida se partió en el momento en que la presidencia devolvió al segundo miura de la tarde, que se resistiría como gato panza arriba a volver por la puerta de chiqueros. Ni cabestros ni capotes ni el mayoral de la plaza. Nada. A la desesperada se optó por apuntillarlo desde un burladero, pero tampoco nadie atinaba. No era fácil. Así que Juan José Padilla tiró de profesionalidad y se dispuso a dar muerte a espada al irreductible toro, que por cierto no volvió a perder una mano desde que asomó el pañuelo verde. El detalle o, más que detalle, gesto de Padilla, no es cuestión baladí, pues pocos habrá que por propia decisión se presenten a despachar un miura casi sin picar. El sobrero era de unas proporciones estratosféricas, inconfundible miura de brutal altura y no menor tonelaje: 680 kilos. Apretó en el caballo, pero en la muleta se desinfló noblote y al poco se rajó y buscó tablas. De cualquier manera, pasarse aquella mole por allí las veces que fueran ya tenía su aquél. Padilla cobró un estoconazo con el brazo muy por delante y por derecho; el premio fue la ovación EFE en el tercio. Y palmas oyó también a la muerte del quinto, un mulo parado de carga al que despenó también con brevedad. El Fundi estuvo hecho un tío con el colorado y enorme toro que abrió plaza. De salida y por el izquierdo le endilgó dos o tres lances buenos, antes de que el miura se definiese como una fuerza bruta que embestía con violentos cabezazos. Fundi apostó por el lado derecho- ¡cómo cambian los toros! -y procuró hacerle las cosas por debajo del pitón para evitar los testarazos. Logró series importantes y adornos y trincheras con su gusto. Pero al veterano maestro de Fuenlabrada le fue imposible en esta ocasión recetar uno de sus incontestables espadazos: seguía la bestia con el mismo defecto, tardaba en cuadrarse y le tapaba la salida con los pitones en el pecho constantemente. Se asomó a los tres avisos. Es curioso que, de 180 minutos de miuras, el más duro y peligroso fuera un sobrero del Conde de la Maza lidiado en cuarto lugar. El Fundi se orientó pronto de que iba a ser una prenda, y le arregló el cuerpo en el caballo con tres puyazos, ciertamente traseros aunque necesarios. En la soledad del mismo platillo se vieron las caras. Genio y hachazos por doquier provocaron una emoción atávica, con Fundi obcecado en vencer. Ahora sí resolvió de un espadazo (tras pinchazo arriba) La muerte fue espectacular. Precisamente fue la tremebunda y rapidísima muerte del tercero lo que le entregó la oreja a Javier Valverde, pese a que la espada distase no poco de la cruz. Mas Valverde había estado vozalón, con su seco valor castellano, presentada bien la muleta, extrayendo más de lo que el frenado miura le ofrecía y encajando algún recadito envenenado. Ya con la noche a cuestas, apareció un sexto que tampoco dejó en buen lugar el hierro de Zahariche. Así que Valverde se quedó sin redondear mientras el personal sólo pensaba en huir de tanto mal fario. Y sobre lo que no ha sido culpa del cartelito de Barceló toca reflexionar.