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4 EDITORIALES LUNES 14 s 4 s 2008 ABC DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO DIRECTOR: ÁNGEL EXPÓSITO MORA Director Adjunto: Eduardo San Martín. Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer, José Antonio Navas y Pablo Planas. Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado. Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro. PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: JOSÉ MANUEL VARGAS PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DOS EQUIPOS ECONÓMICOS OCO le ha durado la alegría al vicepresidente económico. Tanto insistió Solbes en asegurarse que la Oficina Económica del presidente no fuera un equipo en la sombra que quizá se olvidó de lo esencial: asegurarse el control de los ministerios del ramo. Porque el gran triunfador del nuevo Gobierno ha sido sin duda Miguel Sebastián, que no sólo ocupa el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo con todas sus competencias intocables, sino que ha conseguido colocar a dos personas de su confianza en Ciencia e Innovación y en Vivienda. Se perfila así un esquema bipolar, con un equipo en Hacienda encargado de gestionar la crisis financiera y real, de actividad y empleo, y de administrar la menguante recaudación fiscal. y otro en Industria, repartiendo subvenciones, diseñando operaciones corporativas y provocando el famoso cambio de modelo, un esquema que sin duda provocará roces, más incluso de los que hemos visto en la legislatura pasada con la opa de Endesa y una situación que no parece la mejor para encarar una crisis económica larga e intensa, como anuncian los ministros del G 7 reunidos en la Asamblea de Primavera del FMI. Durante la campaña electoral hemos conocido desacuerdos profundos entre ambos ministros respecto al diagnóstico de la situación económica y de las medidas a adoptar. Solbes es un hombre cauto, quizás en exceso, un socialdemócrata clásico que cree que el superávit presupuestario es un colchón de seguridad para tiempos de crisis y que no tendrá reparo en utilizarlo para relanzar la actividad económica, pero no para aumentar el gasto social de manera ilimitada y recurrente. De hecho, ya ha alertado sobre la posibilidad de que la crisis impida cumplir algunas de las promesas electorales. Ha cuadrado las cuentas públicas en un periodo de abundancia fiscal, pero ha carecido del poder político para impulsar la agenda de reformas estructurales pendientes o para oponerse a la fragmentación de la Agencia Tributaria y la erosión de la unidad de mercado con la CIVISMO L P reforma de los estatutos. Quizá por eso, Zapatero ha podido pensar que necesitaba completar su equipo económico con un peso pesado. Y ha recuperado a su amigo Sebastián. El problema es que el ministro de Industria no cuenta con poder político propio- -lo perdió en su desastrosa campaña en Madrid- ni con el apoyo de los interlocutores sociales, que lo consideran más moderno que de izquierdas, ni tiene un balance de gestión que ofrecer. Su Oficina Económica ha sido más una agencia de propaganda que un gabinete de análisis y prospectiva; ha sido incapaz de prever el cambio de ciclo y todavía en el otoño pasado proclamaba que España iba a crecer más y mejor y que la crisis era un episodio efímero exagerado por la oposición y los catastrofistas de siempre. Sus dos grandes iniciativas- -el tipo único en el impuesto sobre la renta y la Agencia Pública de Alquiler- -han sido arrinconadas. No tiene más haber que la confianza absoluta del presidente y con ella pretende impulsar el cambio de modelo económico desde una concepción arbitrista, de ingeniero social. Sebastián cree en la planificación indicativa, en la capacidad del Ejecutivo para seleccionar los sectores de futuro y hasta las empresas y los empresarios que pueden protagonizar ese futuro. Piensa que el Gobierno debe intervenir en la fijación de precios para conseguir que el sector privado se ajuste a sus objetivos, y no renuncia a utilizar impuestos y subvenciones de manera discriminatoria para esos fines. Pronto veremos lo que tiene en mente para el sector energético o de telecomunicaciones, por ejemplo. Asistiremos también a una creciente injerencia de la Administración en la vida de las empresas y a una política fiscal de marcado corte microeconómico. Y es poco probable que un Solbes amortizado y preocupado por mantener la recaudación y gestionar la crisis de crecimiento y empleo pueda hacerle frente. No parece la mejor receta para recuperar la competitividad y el dinamismo económico. EJEMPLAR os movimientos cívicos vascos ocuparon durante algún tiempo un lugar preferente entre las páginas más dignas de la resistencia contra el nacionalismo excluyente. Reforzados por el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, estos grupos alcanzaron un notable protagonismo, llegando a convocar grandes manifestaciones contra el nacionalismo obligatorio o contra el Plan Ibarretxe y en defensa de la España constitucional. Eran tiempos en que PP y PSOE remaban juntos y en la misma dirección, buscando de forma inequívoca la derrota final de ETA. Todo cambió radicalmente con la política de Zapatero sobre el proceso vasco y la negociación con los terroristas, uno de cuyos objetivos deliberados fue desactivar estos movimientos cívicos, convertidos en un testigo incómodo y en la voz de una conciencia difícil de silenciar. Lo cierto es que fracasaron los planes de Zapatero, pero ya nadie ha conseguido revitalizar unos movimientos que languidecen poco a poco. Basta Ya ha tenido que cerrar hace unos semanas su página en internet por falta de fondos. Otros grupos sobreviven como pueden gracias al esfuerzo personal de algunos ciudadanos entusiastas. Muchos de ellos se han integrado en la vida política, en particular a través de UPyD, pero otros prefieren mantener la lucha desde la sociedad civil, a pesar del rechazo y la incomprensión de las instancias oficiales. En esta época de problemas y tribulaciones, es preciso reconocer el esfuerzo de estos ciudadanos ejemplares en favor de la libertad de todos. LAS CAJAS L HACEN CAJA as cajas de ahorro fueron durante muchos años prestadoras en los mercados monetarios: sobradas de liquidez por su capacidad captadora de pasivo, trasladaban a los bancos el riesgo de invertir. Pero desde hace unos meses la liquidez no sobra, pasando a ser bien escaso. Además, los mercados de titulización de activos no sirven ya para refinanciar la demanda de crédito. Y las cajas, como los bancos, necesitan recursos, no sólo para seguir financiando operaciones, sino para reforzar el capital básico y acreditar solvencia. Por eso es razonable que ofrezcan a los inversores compartir sus carteras de participaciones empresariales- -acumuladas a lo largo de años con sustanciales plusvalías latentes- -o desprenderse de ellas cuando se presentan compradores y oportunidades. Lo prioritario ahora es reforzar la solvencia patrimonial, aumentar los recursos propios y acumular liquidez mientras las aguas financieras vuelven a su cauce y los mercados de crédito se normalizan.