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ABC LUNES 14 s 4 s 2008 LA TERCERA 3 REFLEXIONES POSELECTORALES DESDE CEILÁN En fin, salimos de España y la llevamos con nosotros. Huimos para tomarnos un descanso de un país tan querido y tan duro, lleno de complejos y debilidades. Y hallamos cada día paralelos más o menos próximos... SCRIBO o empiezo a escribir en Nuwara Eliya, en el Ceilán (o Sri Lanka) central, a más de 2.000 metros, en un hotel que fue la residencia oficial de los gobernadores británicos. La presencia británica se ve por todas partes, así como la india: desde los budistas a los hinduistas y la de los islámicos. Era un viaje de la Sociedad Española de Estudios Clásicos: casi cien personas. También aquí llegaron los influjos griegos: a toda la estatuaria y pintura budista. Y llegaron los romanos. Bajo una lluvia persistente- -paraguas sobre la cabeza, pies mojados- -visitamos las antiguas capitales, los museos, subimos a la montaña entre paisajes esplendentes. Vimos el baño de los elefantes, visitamos las plantaciones de té. Todo entre una orgía de colores, entre un tráfico asustante en deficientes carreteras, interrumpidos, a veces, por los búfalos, por algún elefante salvaje, por tropas de monos. Y todo entre una población y unas lenguas de origen ya indoeuropeo, ya drávida (los tamiles, ya se sabe de sus atentados, menos de su trabajo en las plantaciones de té, en tantas cosas) Y explico y leo sobre el budismo y las demás culturas. ¿Qué hacemos aquí? Como siempre, aprender. Buscar similitudes y contrastes con nuestro mundo, recibir con humildad algunas lecciones- -y ver el impulso imparable de esa globalización que no sabemos cómo se sintetizará con culturas varias, unidas y desunidas, comprensibles e incomprensibles para nosotros. Conviven el diente de Buda, en la vieja capital de Kandy, y los monjes budistas con mil cosas. sea, salimos de España y encontramos desarrollos y procesos no tan diferentes, con distinto ritmo. El mundo es uno y también las resistencias y respetos tradicionales ante los cambios desaforados tienen parentescos ya históricos, ya simplemente humanos. Pero las tensiones que buscan romper los antiguos consensos tradicionales nos parecen en Ceilán menos virulentas. Aunque el sector tamil de los tigres de la liberación nos haga repensar esto. Liberación: ¡cuántos horrores se cometen en tu nombre! En fin, salimos de España y la llevamos con nosotros. Huimos para tomarnos un descanso de un país tan querido y tan duro, lleno de complejos y debilidades. Y hallamos cada día paralelos más o menos próximos. No existe en Ceilán, parece, una línea divisoria interna, dentro de aquellos que se oponen al terrorismo de los tamiles, como la que hay en España entre los que se oponen a ETA. Tan perceptible sobre todo en unas elecciones. Al menos, ya es un éxito que cada vez haya más unidad frente a la banda. E En fin, no podemos dejar de pensar y repensar. Ciertamente, ha habido varias interpretaciones, sin duda inteligentes, del casi 50 por ciento socialista: con ellas frescas hemos partido. Dicen que ha subido el PP que la izquierda radical y los nacionalistas y separatistas (difícil límite) han bajado. Sin duda. Pero esa vasta coalición, no disímil de la del 31 y que engloba cosas bien ajenas a la Constitución, ha triunfado. Diferente de lo que pasa en Europa. Y en lugares como el que ahora visitábamos. No acabamos de comprender: nuestra sociedad no es tan diferente. Pero los hechos son los hechos: hay un cincuenta por ciento que coloca el acento en el anti- (que llaman progreso) Es así. Pero no creo que haya triunfado el socialismo. Este se ha quedado sin programa, en una medida lo hemos absorbido todos. Esa mayoría viene de una suma. Y es casi una radiografía de la sociedad española. stán en ella, desde luego, los restos del idealismo socialista y del liberal. Pero en muchos casos se añaden ¡igual que en los años treinta! el resentimiento irrestañable por una guerra civil y por la Constitución del 78. Se suman, todavía, toda suerte de iluminados, dispuestos a detener su capacidad de análisis ante cualquier palabra apasionada. Sigue trayendo votos aquello de la guerra ilegal en la que, se piense de ella lo que se quiera, España no entró, no asesinó a nadie. Y se añade, todavía, la otra posición: la blanda, la del buenismo y el diálogo sin más. Todos estos mundos, que van del idealismo al resentimiento y al independentismo, sumados llegan casi a ese 50 por ciento. Pienso que esta es la honesta verdad. En España se unen los que en otros lugares no se unen. Este es el gran tema de España. El del por qué. Es una situación que no se presenta ni en Ceilán ni casi en otro lugar alguno. ¿Inercia histórica, quizá? Pero España vive una etapa nueva, la de aquellos años queda muy lejos. O eso nos parece. El socialismo ha tenido que buscar esas adhesiones, tendrá que soportarlas en un grado o en otro. Y soportar las reacciones que provocan. Vive a base de causas particulares y, sobre todo, de descalificaciones. Algo anómalo en Europa. ¿Cuál será el futuro? nos preguntamos. Al menos, la dureza de los hechos se ha impuesto en algunos puntos, todos están ahora contra ETA, en ello confiamos (como los ceilandeses contra la subversión tamil) Antes había, a veces, una posición blanda ante un movimiento supuestamente izquierdista y dialogante. Y quizá los hechos y las necesidades fuercen algún paso en la conciliación entre el bloque en torno al PSOE y los demás: yo la proponía, como posibilidad deseable, en un E artículo publicado en estas mismas páginas, en diciembre pasado. Es una posibilidad ofrecida por los hechos. Los hechos son duros, invitan al PSOE a cambiar, en alguna medida, de programa. Es casi un mandato de los votantes. Aunque es difícil. Sólo una posibilidad: las conchas tienden a cerrarse, los partidos a defender sus intereses. Aunque sean a corto plazo. Porque el bloque que vota socialismo necesita, de una parte, unas señas de identidad esto es, una política más o menos común en ciertos temas que sabemos. De otra, hay las facturas que a los socialistas les serán presentadas por los grupúsculos radicales o los nacionalistas. Ya están insistiendo en temas que rompen la solidaridad nacional. Los socialistas tendrían que romper con todo eso, que en el fondo les desacredita. Pero les da votos e imagen anti- que necesitan. Y para los demás es un problema el cómo reaccionar. Ni en los instrumentos legales encuentran apoyo muchas veces, ya se ha visto. sto pensaba, esperaba, temía yo en Ceilán, al tiempo que leía sobre el Buda. ¡Irse tan lejos para encontrar, en esencia, tensiones semejantes! Pendientes, claro, de mil imponderables. El terrorismo entre ellos. En tanto, caía mansa la lluvia, las religiones se conciliaban, la gente humilde sonreía. Un mundo, parecía, más en calma. Y España se veía como algo ajeno y distante, pero como un problema con parecidos datos, pero con solución difícil. Algo enigmático, diferente de Europa, también de muchos países fuera de ella. No acabamos de entenderla. ¿Un gran país, España? Eso decía Aznar (lo puse en duda aquí, en ABC) eso dice Zapatero. Es potencialmente cierto. Pero está llena de negativismo frente a una historia tan espléndida- -España y Portugal fueron quienes defendieron a Europa y la expandieron por el mundo- tanta vergüenza, casi, de sí misma. Tanto intentar hacerse perdonar su pasado. Ha sido, sí, España una gran nación y podría serlo. Pero a esta de ahora, la que ratificó con votos la vergonzosa huida de Irak y resucita estériles disputas, la encontramos extraña, anómala. Cuando salimos a Europa y a casi cualquier otro lugar. Esto pensaba yo en Ceilán bajo la cortina de la lluvia que nos separaba del verde, de la montaña, del mar y nos hacía sumirnos en nosotros mismos. En fin, enfrentamientos internos hay siempre, pero el de España es poco racional, en estos tiempos. España tendría que cambiar. E O FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS de las Reales Academias Española y de la Historia