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ABC DOMINGO 13- -4- -2008 Entrevista a Javier Cámara, premio al mejor actor en el Festival de Málaga 95 II Guerra Mundial JACKSON POLLOCK POR ANDRÉS IBÁÑEZ FELICIDAD EN EXPLOSIÓN Y La mirada virgen, original, no existe. No es una verdadera mirada, porque no sabe lo que ve. Ve cosas, pero no sabe interpretarlas. Ve de la misma forma que un papel recibe gotas de tinta, que un lienzo recibe gotas de pintura. Registra pero no interpreta: ve, pero no ve. Este lienzo no es virgen, ni tampoco lo son los ojos que lo miran. Saben lo que ven porque no miran: crean. Lo que ven está inmóvil, pero los ojos lo ven en movimiento. Lo que ven es sólo pintura, pero los ojos lo ven como estados, como sensaciones, como ideas. Lo que ven depende del azar o de cálculos formales, volumétricos, cromáticos, pero el ojo transforma todo eso en una explosión, una explosión negra en el momento preciso en que se produce. ¿Explosión de una bomba o explosión de alegría? ¿Confusión o felicidad? ¿La plenitud del caos o una celebración de la imaginación? En realidad no importa, porque para el arte la guerra y la paz son dos caras de la misma moneda. Porque el arte no busca la paz, ni la guerra, sino la plenitud. Porque no busca el bien, ni el mal, sino el conocimiento. El Guernica la obra que Picasso pintó en 1937 y cuyo retorno a España fue un símbolo de la vuelta de la democracia Guerra Civil Española GUERNICA POR JORGE MARTÍNEZ REVERTE El primer vistazo es bastante. Si uno mira el cuadro a la distancia adecuada, el horror, la destrucción, el sufrimiento se colocan en el plano adecuado. Luego, si uno lo desea, puede entrar en el análisis de este cuadro repleto de intenciones y de símbolos, y llegar a conclu- siones que ocupan cientos de libros escritos por expertos en muchas disciplinas. Pero este cuadro fue pintado, sobre todo, para despertar la conciencia de que el mal absoluto existe. En aquel momento se llamó nazismo, o fascismo. En otro, habría tenido otros apellidos. Porque ha habido más Gernicas en la historia. Quizá se puede señalar que esta visión de Picasso se distingue de otras porque los que sufren la muerte no pueden ver los rostros de sus asesinos. Es una muerte que viene del cielo. Los brazos y las miradas se dirigen hacia arriba, demandando piedad y derrochando miedo. Ninguno de los personajes puede comprender lo que sucede. Sufren, gritan desesperados contra los que les arrojan fuego desde lo alto. Ellos ignoran qué uniformes visten y qué designios guían su acción. Sólo saben que les están matando y que no tienen posibilidad de escapar. Esa es la guerra contra los civiles. Sólo eso, o sea, todo eso. Guerra de Irak MARK WALLINGER POR FERNANDO CASTRO FLÓREZ El pacifista Brian Haw pasó verdaderas penalidades, desde el 2001, en su campamento contra la guerra de Irak. El artista Mark Wallinger, reciente ganador del ultramediático premio Turner, decidió reconstruir minuciosamente las pancartas y objetos que este activista utilizaba en su dilatada protesta. Las salas de la Tate Britain alojaron esa instalación pretendidamente política en 2007. Lo cierto es que no significan lo mismo unas camisas marcadas por el rojo color de la sangre en un área (frente al parlamento) en la que está prohibido realizar protestas y en el sacrosanto y climatizado ambiente del museo donde todo está permitido porque acaso lo polémico está, de antemano, neutralizado. Las consignas para impedir que se siga asesinando a niños indefensos junto a peluches o muñecas siniestramente tiradas por tierra, ingresan en un dominio estetizado aunque las intenciones del artista sean las de rendir homenaje a un comportamiento cívico ejemplar. Acaso la diferencia crucial es que la intención original era convencer a un sistema político, subordinado a las directrices del Imperio, para que cesara en su terrorismo de Estado, mientras que Wallinger lo que hace es citar lo conflictivo. Benjamin estableció el antagonismo entre el arte político y la estetización de la política. Esa guerra se sigue, hoy mismo, librando. Guerra de Lepanto LEPANTO DE CY TWOMBLY POR CARMEN GIMÉNEZ La batalla de Lepanto ha inspirado a muchos artistas a lo largo de la Historia. Cy Twombly, artista fascinado por la historia y la decadencia, y amante de los barcos, toca este tema. Realizó los doce paneles que componen su serie Lepanto en muy pocos meses, con la espontaneidad que sólo un gran artista puede llevar a cabo. La serie podrá verse desde el 23 de junio en el Museo del Prado, junto a maravillosas obras históricas dedicadas a la misma batalla, de Tiziano, Tintoretto y Velázquez. A partir del 28 de octubre podrán verse también otras grandes series de Twombly en el Guggenheim Bilbao, en una retrospectiva que estoy ahora comisariando. Cy Twombly, que pasa largas temporadas en Gaeta, cerca de Roma, pintó esta obra en Lexington, su ciudad natal, en 2001, inspirándose en dos tapices hoy expuestos en la Galeria Doria Pamphilj en Roma, realizados a partir de dos pinturas de Lucas Cambiasso que se encuentran actualmente en el monasterio de El Escorial. El óleo dorado representa el fuego y los rojos en relación con la sangre derramada en la batalla, junto a una continua explosión de color en tonos naranjas, púrpuras, amarillos y azules, caen en grandes gotas y churretones de pintura en cada panel. No hay figura humana sino la belleza apoteósica y más puramente visual, frente al horror y al infierno de la guerra. N 5 1948, de Pollock Lepanto obra de Cy Twombly de 2001