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46 INTERNACIONAL DOMINGO 13 s 4 s 2008 ABC Mujeres construyendo una choza en el pueblo samburu de Naseriam, lejos de Nairobi. Una metáfora de Kenia Kenia, al filo de la catástrofe Gobierno y oposición en Kenia anunciaron ayer un acuerdo de reparto de poder para poner fin a meses de violencia e incertidumbre que han colocado al país al filo de una catástrofe de mayores dimensiones, tras contar ya 1.200 muertos y 350.000 desplazados TEXTO Y FOTO: ALFONSO ARMADA ENVIADO ESPECIAL MOMBASA. Las paradojas de Kenia pueden ser extraordinariamente amargas, y hay quien ahora mismo está mesándose los cabellos y sintiendo el vértigo en altos despachos de Nairobi. La ambiciosa operación de mercadotecnia se da de bruces con la realidad: el filo de una navaja. Porque hace una semana desembarcaban en la capital keniana 250 periodistas de cuatro continentes invitados por las autoridades y los hombres de negocios de un país que, hasta las matanzas y la limpieza étnica que siguió a las elecciones de fines de 2007, se presentaba como modelo para África El mensaje que se pretendía difundir era nítido. Con una caída de casi un 70 por ciento, el turismo es mucho más que pan de mono (el fruto del baobab, que encandila a los elefantes) para la economía del corazón económico y político de África Oriental. Hace una semana se rompían las conversaciones y estallaban las protestas en Kibera, uno de los suburbios más pesarosos de África, reclamando un gobierno compartido entre el presidente, Mwai Kibaki, y el opositor, Raila Odinga. Fruto de esa presión, y del vértigo ante una guerra civil, fuentes kenianas y diplomáticas anunciaron ayer un acuerdo de reparto de ministerios, que debe hacerse público hoy, ésta vez para no quebrarse. El espejismo keniano estalló en pedazos tras las elecciones del pasado 27 de diciembre: 1.200 muertos y cerca de 350.000 desplazados. Episodios de una ferocidad que parecían patrimonio de vecinos como Ruanda, Burundi, Sudán o Somalia, y que espantaron a la sociedad keniana y al turismo. Frente a las protestas del opositor Movimiento Democrático Naranja (ODM, en su acrónimo en inglés) de Odinga, Kibaki proclamó su victoria. Era el enésimo triunfo de los kikuyos, que representan el 20 por ciento de la población y cuyos representantes no sólo gobiernan Kenia desde la independencia del imperio británico a comienzos de los sesenta, sino que fueron los principales beneficiados del reparto de tierras a costa de los luo (la etnia a la que pertenece Odinga) y de otras minorías como los luhya, los masai o los turkana. Los principios del harambee (actuar unidos) que guiaron a Jomo Kenyatta, el primer presidente de Kenia libre, no acaban de cristalizar. Tras la media- Harambee ción internacional, encabezada por el penúltimo secretario general de la ONU, Kofi Annan, se llegó al acuerdo de modificar la Constitución y crear el puesto de primer ministro, para darle a Odinga parte del pastel. Al mismo tiempo, se ampliaba el número de carteras ministeriales (de 23 a 44) para contentar a las dos partes, que hasta ayer se veían incapaces de llegar a un pacto final sobre puestos clave, como Finanzas, Interior, Asuntos Exteriores, Servicio Público y Energía. R. N. es un contable adscrito a una de las carteras en disputa, un kisii (6 por ciento de la población) que prefiere que su identidad quede velada para evitar represalias. Su diagnóstico es claro: Las elecciones fueron robadas por Kibaki el líder que había logrado poner fin a la larga deriva autoritaria de Daniel Arap Moi con promesas de aliviar la corrupción que no se sustanciaron. En Mombasa, la capital costera de Kenia, se siguen con inquietud los dimes y diretes de la política nacional, mientras la vida en los hoteles languidece. Ante la vertiginosa caída de huéspedes, la alemana Silvia Matthiessen- Kampa va a cerrar a fines de abril y durante dos meses su Diani Sea Resort un hotel con aires de Benidorm, pero con una primera línea de playa tachonada de palmeras frente al Indico. Su marido confiesa que ya han pasado por estas circunstancias antes, pero que se quedaron sobrecogidos ante la ferocidad postelectoral, aunque recalcan que fueron los kikuyos (expulsados a sangre y fuego de aldeas y ciudades del valle del Rift) los que se llevaron la peor parte. Ambos estaban convencidos de que, por mutuo interés Kibaki y Odinga tenían que llegar finalmente a un acuerdo. La Unión Europea echó este fin semana un jarro de agua fría a la inmaculada oposición su informe electoral concluye que no hubo ningún claro ganador en los comicios del año pasado El espejo negro de Zimbabue Si Kenia se ha vendido siempre como la mejor estampa del continente, con hitos como Memorias de África a Zimbabue (la antigua Rhodesia) llegó a conocérsela como el granero de África Tras dos controvertidas elecciones, los dos modelos se contemplan en un espejo negro, especialmente desde Harare, la capital zimbabua, como recuerda Africa Confidential Cuando Raila Odinga, el líder opositor keniano, calificó a Robert Mugabe de dinosaurio (lleva 28 años en el poder) Angola, uno de los principales valedores del presidente de Zimbabue, amenazó con cortarle el suministro de fondos al Movimiento Democrático Naranja. Las diferencias entre Zimbabue y Kenia son, sin embargo, notorias, no sólo en la gestión de la tierra, y sobre todo de las antiguas granjas en manos de los blancos. En el caso zimbabuo las expropiaciones (a menudo a punta de fusil) han servido para recompensar a veteranos de la guerra de liberación que las han dejado asilvestrar. Según Africa Confidential la astucia de Odinga supera con creces a la de Morgan Tsvangirai, el líder opositor zimbabuo, que, como Odinga en Kenia, se presenta como neto vencedor. Sin embargo, Mugabe es diez veces más implacable que Mwai Kibaki. Hay más libertad de prensa y tienen más eco los partidos opositores en Kenia que en Zimbabue, la potencia económica de Kenia (en Zimbabue el paro llega al 80 por ciento, y la inflación supera el 100.000 por ciento, un récord mundial) no sólo permite a los partidos opositores actuar, sino que también reduce la capacidad patrocinadora del Estado. La condición de nudo regional de Kenia también ha influido en la visibilidad postelectoral (no sólo la violencia) mientras que las consecuencias de un colapso de la economía keniana serían dramáticas para toda África Oriental, hace diez años que los vecinos de Zimbabue soportan su decadencia (y tres millones de exiliados políticos y económicos) sin que la presión sobre Mugabe haya sido más que retórica.