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ABC DOMINGO 13 s 4 s 2008 LA TERCERA 3 ALEGORÍA DEL MAL GOBIERNO Zapatero refuerza su poder personal al frente del PSOE y configura un equipo a la medida de sus opciones ideológicas: recetas socialdemócratas para la economía y amagos progresistas hacia una sociedad que sólo altera sus hábitos posmaterialistas cuando percibe peligros para el bienestar... ABLO, ya saben, de los famosos frescos de Ambrosio Lorenzetti. Siena: hermosa plaza del Campo y austero palacio con su torre esbelta. Efectos del buen gobierno: ciudadanos optimistas, mercaderes diligentes, paisajes luminosos. Secuelas del mal gobierno, en contraste cruel: desolación y violencia, mercados desiertos, casas en ruinas. Aquí la Soberbia ocupa lugar preferente y yace a sus pies la Justicia inerme, quebrada la balanza y dispersos los platillos por el suelo. Son alegorías propias de aquel otoño de la Edad Media que anticipa el esplendor renacentista, pero la lección es válida para cualquier otro tiempo. Crisis económica, Justicia doliente, sequía que causa estragos, obras sin terminar, malestar en la comunidad política... El lector es muy dueño de establecer a su gusto los paralelismos. El artista ilustra una secuencia inapelable: quien siembra vientos, no puede rasgarse las vestiduras cuando llegan las tempestades. El arte de gobernar es un asunto muy serio. En democracia, el pueblo, titular único de la soberanía, otorga su confianza al gobernante. Trust es la palabra clave. Si el político no está a la altura incurre en una grave responsabilidad. Nada peor que una sociedad privada de su legítimo derecho a la ilusión, al menos cuando empieza una etapa nueva, fuente natural de expectativas renovadas. El desánimo colectivo es el camino más rápido hacia el fracaso. Otra vez la tesis recurrente de Siena. l Gobierno que ayer se anunció es una mezcla de suma y sigue con gestos ingrávidos a la retórica posmoderna. Continuismo en lo sustancial: vicepresidentes político y económico, Interior, Exteriores. Contumacia y espíritu de contradicción en Justicia y en Fomento. Cuando lleguen los problemas, el presidente no tendrá derecho a la queja. Cuotas territoriales sin excesos, con premio especial para andaluces y catalanes. Entra algún amigo y no queda- -esta vez- -ningún enemigo. Defensa, cuestión de imagen. Ocurrencias de corto recorrido, como el Ministerio de la Igualdad o la extraña mezcla de Educación con Asuntos Sociales. Despiste general sobre Medio Ambiente y empeño absurdo en mantener rango ministerial para Vivienda. Guiños al capitalismo global, a base de Innovación. Está claro que los socialistas del siglo XXI dejan los dogmas para jugar con la ingeniería social. En cambio, la cuenta de resultados es intocable. Este Gobierno tiene un perfil político muy discreto. Zapatero refuerza su poder personal al frente del PSOE y configura un equipo a la medida de sus opciones ideológicas: recetas socialdemócratas para la economía y amagos progresistas hacia una sociedad que sólo altera sus hábitos posmaterialistas cuando percibe peligros para el bienestar. La foto del Consejo de Ministros aporta muy poco a la ilusión colectiva. Con alguna excepción, tampoco irrita a casi nadie, mas allá de sectarismos a la baja y de aspirantes insatisfechos. El riesgo procede de la falta de ambición: buscar el aprobado H E raso es una fórmula segura para alcanzar un suspenso sin paliativos. El presidente habla una y otra vez de sociedad decente y articuló su pálido discurso de investidura en torno a este concepto de moda. Corresponde al historiador de las ideas aclarar un par de cosas. Ante todo, que el líder y sus asesores creen estar copiando a Avishai Margalit, autor de un libro de cierto impacto en el ámbito académico. En realidad, deberían acudir a John Dos Passos y su siempre apasionante Manhattan Transfer a través de la voz de uno de esos personajes aplastados por el peso de la megalópolis. Dijo Zapatero unas cuantas veces que la sociedad decente es parte sustancial de su idea de España. Mucha gente se congratula de que tenga alguna, después de sospechar lo contrario durante largo tiempo. Dejemos de lado los debates sesudos: la libertad concebida como no humillación receta ideológica del PSOE actual, admite de antemano que la sociedad justa es inalcanzable. ¡Vaya con el socialismo! Lo importante es la traducción práctica. Si el objetivo es configurar otra vez una suma invertebrada de minorías políticas o sociales, vamos a perder una buena ocasión para hacer bien los deberes. Estamos ante la legislatura de las grandes mayorías traducidas en un bipartidismo abrumador. Los pactos de Estado, dijo Rajoy en el Congreso, son una necesidad nacional Incorregibles al margen, los sectores más sólidos de nuestra sociedad exigen de una vez a los grandes partidos un compromiso firme. No deberían fallar. sistible. Rajoy ha tendido la mano en tiempo y forma y toda la responsabilidad recae ahora sobre el presidente. Zapatero sabe muy bien que ganó las elecciones gracias al giro españolista emprendido en el último año. Diálogo con ETA y estatutos soberanistas son opciones cerradas por la fuerza incontestable de las urnas. Los pactos tienen que ir en serio. Contra el terrorismo, sin circunloquios. Por el modelo autonómico, sin falsear la Constitución. Por la justicia, antes de que el Tribunal Constitucional o el Consejo General del Poder Judicial engrosen la lista sin retorno de las instituciones fallidas: aquí tal vez tenga que arrepentirse por no haber cambiado al ministro. También es necesario un compromiso en política exterior o en educación, antes de que sea tarde para salir del furgón de cola. os ciudadanos juzgarán a los líderes por su capacidad para dar respuesta a los problemas. Maniobras tácticas y oportunismos partidistas no sirven en épocas de incertidumbre. Tal vez la verdad política ha cambiado de sitio. Una sociedad inquieta ante una crisis patente es mucho más difícil de seducir con artilugios retóricos. Como predijo uno de sus teóricos, el Estado de bienestar está desbordado por la política y sus gestores tienen que buscar soluciones realistas en vez de ofrecer evasivas ideológicas. Se acabaron las excusas para Zapatero. El crédito es muy limitado, porque cada cual es hijo de sus obras, aunque tiene algo a su favor: las expectativas son tan bajas que la gente se conforma con una legislatura mediocre si al menos triunfa el sentido común. En un baúl, bajo siete llaves: memoria histórica, alianza de civilizaciones, buscar pleitos con la Iglesia, pactar con partidos antisistema, negociar con terroristas, arrinconar al PP... Olvidar el síndrome del abuelo, la paz perpetua, el dogma anticlerical, los prejuicios juveniles, la foto de Blair en Stormont... La lógica implacable del poder exige dejar al margen la educación sentimental. He aquí la diferencia entre un político adulto y otro adolescente. ¿Qué va a pasar? Tengo amigos inteligentes que opinan cosas distintas. Los indicios no son malos a partir de la noche electoral, pero me declaro más bien escéptico. Aquí se abre el terreno para una oposición inteligente y activa, capítulo sustancial en democracia. ¿Recuerdan como empieza El Castillo de Kafka? Cuando K. llegó, ya era tarde... Zapatero está atrapado entre querencias y realidades, con un equipo de poco relieve, sin aliados estables, tras una investidura de perfil bajo... El PP no tiene que perder ni un minuto: todo el mundo sabe que las alternativas son ficticias y los desahogos personales se pasan más pronto que tarde. En el fresco de Siena, el peor efecto del mal gobierno es la tristeza colectiva. ¿Qué tal si alguien aporta un poco de ilusión? L D e las palabras a los hechos. Esta es la mejor oportunidad desde 1978 para vertebrar Estado y nación en torno a las dos opciones que los ciudadanos prefieren con notable diferencia. Como siempre, hay que hacer virtud de la necesidad. Un Gobierno poco ilusionante y una oposición narcisista suman un bloque constitucional irre- BENIGNO PENDÁS Profesor de Historia de las Ideas Políticas