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10- 11 S 6 LOS SÁBADOS DE LUGAR DE LA VIDA El mar de los sueños ay que salir al mar cuando aún está dormido. Quiero decir que es por la mañana muy temprano cuando el mar está como un plato y la ría parece una balsa. Nunca la había visto de esta manera porque, hasta ahora, sólo había salido al mar en verano, cuando es casi imposible madrugar y hacer que todo el mundo esté a su hora en el muelle, y siempre falta alguien y ya es mediodía y todavía no has zarpado y ya está el mar despierto con las olas y el viento rizando el agua. Pero esta vez, teníamos tantas ganas de salir al mar que todo el mundo había madrugado y, como no tuve tiempo de hacer la compra, decidimos atracar por el camino y bajarnos a comer en una taberna del puerto de Ares. Al regresar al barco, ya no era el mar lo mismo que a primera hora de la mañana, cuando los cormoranes de ojos verdes como esmeraldas vuelan a ras de agua, pero no estaba mal del todo y hasta Pontedeume fuimos al curricán por si alguna robaliza picara el anzuelo. Nadie puede imaginar la ilusión que me haría esto. Voy por el camino, con el sedal en la mano, y aunque no hayan picado todavía, y aunque yo haya acabado de comer, como a la imaginación también hay que alimentarla, voy cocinando con el pensamiento cómo haré la robaliza si la pesco. Y al final me inclino por la receta que me dio Pilar, la madre del padrino de mi hijo pequeño, a la que llama el jardín porque hierves en agua con laurel la robaliza entera y luego, por separado, toda suerte de verduras que colocas como las flores de un jardín alrededor de la lubina, y todo ello con un buen aceite de oliva y sal marina. Por supuesto no pesqué nada pero, por la tarde, en un acantilado, con el último sol del día, vimos a unos charranes blancos de alas transparentes lanzándose en picado a por la pesca. Hacen un ruido alegre y limpio, como de grillos en la noche, que retumba contra las rocas del acantilado, mientras el mar, a esa hora, vuelve a dormirse, y regresas al puerto casi de noche y, cuando te acuestas en la cama, todo va y viene, el mar descansa y duerme, y tú te has traído a tierra su movimiento en sueños. www. monicafernandez- aceytuno. com H Mónica FernándezAceytuno Teatro Nacional de San Carlos El Barrio Alto era en el siglo XVI únicamente campo. La venta de dos grandes fincas que pertenecían a un ciudadano judío daría origen a una nueva zona habitada por los señores que se enriquecieron en las colonias. Muchos de ellos, furiosos por no ser invitados a las grandes fiestas del Rey, deciden construir un teatro en el que podrá entrar todo aquel que pague su entrada. Y así fue como nació este teatro barroco del arquitecto luso Silva, el único en Europa del siglo XVIII que no se ha quemado y que sigue intacto. Inaugurado el 30 de junio de 1793, en él se han estrenado innumerables óperas. Para atender a este teatro nació la Fábrica de Velas, todavía abierta, y que trabaja productos de calidad. En Portugal se fabricaban entonces velas que se consumían rápidamente y un cantante de ópera ruso se negó a actuar si no traían velas de su país. Este teatro sigue siendo punto de referencia cultural en Portugal. REUTERS Ropa de casa, punto fuerte portugués clásico del barrio che, ya de madrugada, algunas de las tiendas más sofisticadas tienen sus puertas abiertas. Eso sí, algunas de ellas abren a partir de las tres de la tarde. Hay establecimientos de toda la vida llenos de encanto, pero también los más rompedores. Ropa de diseño, cerámica, bisutería, joyas, peluquería... De todo. La Casa Leitão Irmão, por ejemplo, recibió en 1875 el título de Joyeros de la Corona y sus piezas están en colecciones particulares y museos de medio mundo. Facto Peluquería es desde hace menos de dos años una de las peluquerías más de moda, en un antiguo palacio que conserva su original estructura. La Vida Portuguesa es otra de las tiendas obligatorias en este paseo. Encontramos antiguos, genuinos y deliciosos productos de creación nacional, servidos en las instalaciones de un magnífico edificio hoy remodelado. Son marcas registradas en la memoria de los portugueses que recuerdan lo cotidiano de una época y revelan el alma del país. Café, té caramelos, arroz, aceite, pasta de dientes, jabones, cuadernos... De pronto son un original recuerdo de nuestro paso por Lisboa to de 1755, y su propietario creó uno de los espacios más ricos de Lisboa, con paredes y techos cubiertos por un impresionante conjunto de frescos. En los numerosos salones se suceden muebles, cuadros, alfombras y piezas únicas. Restaurado y adaptado, este palacio se utiliza para recepciones de alto nivel. Próximo al palacio, en un pequeño centro comercial, se encuentran restos de la antigua muralla de Lisboa del siglo XIV En el barrio se puede comprar a cualquier hora. Incluso por la no- De tiendas