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12 4 08 EN PORTADA Lo que viene... Las que crean que las botas gladiador son sólo para el verano se equivocan. El invierno pasado, ya tuvimos una versión invernal de este calzado made by Balenciaga, y el para el invierno que viene las más fashion addicts ya están apuntándose en la lista de espera para conseguir las botas de Prada del desfile de otoño invierno 2008, con lazos, estilo coraza y las de Giuseppe Zanotti, más discretas, con polaina, para una mujer guerrera. DÍAS DE JÚBILO Faldas y polleras menudo hablamos con Braulio, mi maestro de mus, acerca de las diferencias que nos unen a quienes hablamos español o sea castellano. Yo abundo en el hecho de que América ha conservado vocablos que España ha olvidado o desplazado: sobretodo, anteojos, espejuelos, frazada, pan francés, canilla (por espita o grifo) estación de servicio (por gasolinera) estacionamiento (por aparcamiento) Hay un ejemplo que me produce especial repeluz: perrito caliente, adaptación del hot dog inglés y que en América solemos denominar con un venerable pancho venido de- -nada menos- -una Edad Media que no conocimos allí. Desde luego, es mucho más comestible embutir un pancho ya que ¿imaginas, lector a lo que es devorar un perro caliente? Un día, Braulio, me echó un órdago lingüístico: -Oye, pensio ¿de dónde viene eso de llamar pollera a la falda? Me puso en un aprieto, con lo que excitó el orgullo vernáculo y me fui a diccionarios etimológicos, viejas crónicas y hasta algún capítulo de Galdós. En efecto, pollera fue una suerte de armazón que usaron las españolas en el siglo XIX, hecho con alambre y que servía para ahuecar, sostener y moldear una falda. Una variante de los tontillos y los miriñaques. Lo de pollera proviene de la similitud entre el incómodo artefacto y una jaula para encerrar pollos. -Qué quieres, pensio, lo de pollera me suena un tanto procaz y nada que ver con las mujeres- -fue el comentario de Braulio. No necesito explicar en este elegante y recatado periódico de dónde provenía esa impresión de procacidad. Me puse medio freudiano, como luciendo mi origen argentino, al observar que las palabras suelen jugar esas bromas a quienes creemos usarlas. ¿Acaso los nombres populares de nuestros órganos sexuales no invierten, precisamente, su sexo? La designación corriente del femenino es masculina y la del masculino, femenina. -Me has convencido, pensio- -siguió mi maestro de mus- Mi primera pelotera con aquella novia fue porque se me ocurrió comentarle que, así, con pantalones, parecía un varón. -Entonces, ¿dejamos en paz a las polleras americanas? -En paz. Volvamos al mus. A Blas Matamoro Ashley Olsen, una pionera: lleva unas altísimas sandalias de Chanel La cantante Rihanna y sus particulares romanas para actuar Elle McPherson acude a la fiesta de despedida de Valentino ATREZO Robert Taylor, muy entonado, en Quo Vadis Modelos de cine Las películas de romanos -incluyen a todos los antiguos -se prestan a fantasías, pero en lo básico se atienen a la realidad. Sobre todo en una pieza en la que nadie se fija: el calzado. Tomen nota la próxima vez que vean a Máximo batirse el cobre en el circo o a Ben Hur enfrentarse a Mesala Troya Sandalias, con grebas protectoras para el combate Jerjes, locaza y fashionista en 300 Una injusticia histórica