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ABC SÁBADO 12 s 4 s 2008 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA OLÍMPICA HIPOCRESÍA ONcandorosaingenuidaddignademejor causa, la comunidad internacional acaba de descubrir que China es una dictadura represiva. Qué pena queno sehubiese dado cuenta nadie en 2001, cuando una simple ceja enarcada de los gobiernos occidentales que ahora se declaran dispuestos a boicotear la apertura de los Juegos hubiera bastado para dejar a Pekín sin el escaparate universal de las Olimpiadas. Pero alparecer hace siete años no existía constancia de los abusos de esa tiranía genocida... instaurada desde la mitad del siglo XX. Porque entonces todo fueron parabienes, un IGNACIO excitado alborozo sacudido CAMACHO ante la perspectiva de un mercado gigantesco cuya potencial clientela justificaba la vista gorda ante el clamoroso déficit democrático de los anfitriones. Entonces, por lo visto, nadie reprimía la autonomía del Tíbet, nadie encarcelaba a estudiantes, nadie aplastaba la libertad ni fusilaba a los disidentes cobrándoles la bala a sus familiares. Durante lo que va de siglo, las principales potencias democráticas han equilibrado sus balanzas comerciales mediante la exportación de capitales, tecnología y bienes de consumoaChina. Han construidoallí estadios, hoteles, rascacielos, infraestructuras de comunicación, redes telemáticas, centrales nucleares y aeropuertos gigantes, con un despliegue tecnológico superlativo que no encontraba las barreras ambientales usuales en el mundo occidentalporqueelrégimen autoritario comunista se ocupaba de allanar sin contemplaciones el camino hacia la modernización del país. AquelloeraJauja: unaAdministración sintrabas y mil doscientos millones de consumidores con los brazos abiertos. Los gobernantes chinos mandaban como comunistas y pagaban como capitalistas. El círculo cuadrado: un inmenso mercado abierto de par en par sin las limitaciones formales de la democracia. Las autoridades occidentales viajaban en procesión para refrendar los grandes contratos y se retrataban muy contentas junto a unos verdugos sonrientes. Nadie cuestionó nada, nadie discutió nada, nadie denunció nada. Bueno, nadie no. Algunas voces incómodas e independientes se alzaron contra la evidenciadeque seestabaengrandeciendoun sistema asesinoy reforzando un yugo totalitario. Fueron tachadas de rigorismo maximalista y de oportunista obstruccionismo; eran gentes de mente estricta que no comprendían la ayuda que el mundo libre prestaba al desarrollo del inocente pueblo chino. Y siguió la fiesta. De repente, la sangre de los tibetanos, derramada con oprobiosa recurrencia desde hace cincuenta años, ha salpicado la buena conciencia de la opinión pública europea y americana. Ya están construidas las estructuras, finiquitadas las obras y cobradas las facturas. Ya se puede hacer un gesto que demuestre la firmeza de las democracias frente al siniestro e insensible imperio del despotismo y la arbitrariedad. En castigo a sus excesos, los crueles mandarines de la autocracia china se quedarán en la brillante ceremonia olímpica sin la augusta presencia de algunos dignatarios de lademocracialiberal. Paraquesufrany aprendan cómoselas gastaOccidentea la horadedefender sus principios. Venga ya. C EL ÁNGULO OSCURO LIBERALISMO bas formidables contra el liberalismo, esa niebla ponzoñosa que ha hecho caer al hombre en cinco idolatrías nefastas: 1) Idolatría de la Ciencia, con la cual el hombre quiso hacer otra torre de Babel que llegase hasta el cielo; 2) Idolatría del Progreso, nuevo Becerro de Oro con el cual creyó que haría en poco tiempo otro Paraíso terrenal; 3) Idolatría de la Carne, a la cual se le pidió el cielo y las delicias del Edén, pero la carne desvestida, exhibida, mimada y adorada ha sido a la postre destrozada y amontonada como estiércol; 4) Idolatría del Placer, con la cual se quiere hacer del mundo un perpetuo carnaval y convertir a los hombres en chiquilines agitados e irresponsables; y- -last but not least- -5) Idolatría de la libertad, con la cual se quiere hacer de cada hombre un caprichoso caudillejo. Esta obsesión de la libertad- -nos enseña Castellani- -vino a servir maravillosamente a las fuerzas económicas y al poder del Dinero, que también andaban con la obsesión de que los dejasen en paz. Los dejaron en paz: triunfaron sobre el alma y la sangre la técnica y la mercadería; y se inauguró en todo el mundo una época en que nunca se ha hablado tanto de libertad y nunca el hombre ha sido en realidad menos libre El liberalismo acabó engendrando la libertad enloquecida del Dinero, que fue lo que a la postre trajo el comunismo en el siglo XX; y también ha engendrado, en estos albores del siglo XXI, la creencia no menos enloquecida en una especie de Reino de la Paz Perpetua y las Delicias Universales, producto de la Ciencia, la Libertad y la Democracia; Reino que, básicamente, consiste- -como Castellani profetizó con clarividencia- -en que un grupo de sabios socialistas, bajo la coartada de adoración al Hombre, gobiernen el mundo autocráticamente y con poderes tan extraordinarios que no los soñó Licurgo El liberalismo, en fin, es el caldo de cultivo que la derecha aliña, creando las condiciones sociales, económicas y morales óptimas para el triunfo de la izquierda, que es la que mejor ha sabido vender las falsificaciones de la libertad inventadas por el liberalismo. Falsificaciones catastróficas para el hombre, que creyendo elegir libremente no hace sino ahondar en su esclavitud. www. juanmanueldeprada. com ISCURSOS célebres, fundadores de una nueva época, ha habido unos cuantos a lo largo de la historia. El más famoso de todos ellos lo pronunció Jesús y se conoce como Sermón de la Montaña; en el cual se contienen, por cierto, muchas más cosas que las ocho Bienaventuranzas. Está también el discurso fúnebre de Pericles recogido por Tucídides en su Historia de la guerra del Peloponeso está el discurso de Lincoln en Gettysburg, que los niños americanos aprenden de memoria en la escuela; y está el discurso que Churchill pronunció en la Cámara de los Comunes, en el que sólo prometía a los ingleses sangre, sudor y lágrimas Pero el discurso más célebre del momento, el discurso que tiene a la derecha española alborozada o mohína- -y, en conclusión, meningítica perdida- -es el que pronunció Esperanza Aguirre en el Foro de ABC hace unos días. ¿Y cuál es el busilis de ese discurso, que tanta tremolina ha levantado entre los escoliastas? Pues el busilis de ese discurso es la apología del liberalismo. ¿Y qué es eso del liberalismo? Para Esperanza Aguirre ser liberal consiste en considerar que cada persona debe elegir libremente pero es una definiJUAN MANUEL ción un tanto difusa que lo mismo sirve DE PRADA para definir a un liberal que a un abortista. O a un liberal abortista: ahí tenemos, por ejemplo, al escritor Vargas Llosa retirando su apoyo al PP porque no defendía con suficiente ardor el aborto, que es lo que a su parecer exige un liberalismo de buten. Para mí que eso de proclamarse liberal, antes que una declaración de principios ideológicos, es la última adscripción no peyorativa que le resta a la derecha, toda vez que proclamarse conservador en el Matrix progre es como proclamarse fascista, o siquiera reaccionario. Pero que lo tilden a uno de reaccionario puede ser un timbre de gloria, como lo prueba aquel envío de Antonio Machado a Azorín: ¡Admirable Azorín, el reaccionario por asco de la greña jacobina! El argentino Leonardo Castellani, otro admirable reaccionario por asco de la época que le tocó vivir (menos greñuda que la nuestra, sin embargo) escribió diatri- D