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ABC VIERNES 11- -4- -2008 95 CASTÚO- CIBERNÉTICO FUERA DE JUEGO EL DELIRIO Fernando Castro Flórez El libro rojo del cibercrimen pone al descubierto la variada fauna de internet ABC BARCELONA. Bajo el título El libro rojo del cibercrimen. Los nuevos ladrones llevan guante virtual y como si de un diccionario se tratara, un libro de Francesc Canals recoge más de doscientas definiciones sobre malos usos de internet, desde los distintos delitos virtuales hasta los casos más histriónicos, como los que envían invitaciones para su entierro o los que consultan compulsivamente cualquier síntoma de enfermedad. En esta obra se comprueba cómo prácticas milenarias como el robo, la prostitución, la estafa, la venganza o los falsos rumores se han readaptado y consolidan su espacio en la Red al amparo del anonimato. Su autor ha tratado de promover la cultura de la defensa ante el cibercrimen, y describe dos grupos de fauna informática los ciberterroristas y quienes cometen actividades delictivas; y aquellos otros que llevan a internet sus miedos y obsesiones, a los que Canals llama cibercondríacos xisten pocas cosas más socorridas, en la era del SMS, que la Wikipedia, esa enciclopedia colaborativa que arrancó en el 2001, el atroz año en el que la terrorista demolición de las Torres Gemelas nos bautizó con ceniza. Según he podido saber, en abril de 2008 registró más de diez millones de artículos y dos años antes tenía ya más de un millón de usuarios registrados. No es, ni mucho menos, la panacea universal, antes al contrario, se deslizan errores a mansalva, si bien algunas entradas, por ejemplo las de carácter científico, son sorprendentemente precisas. Lo crucial es que se trata de uno de los diez sitios web más visitados del mundo, siendo el de Yahoo el primero, y el de YouTube el segundo. Esta enciclopedia electrónica tiene edición en más de 253 idiomas. Me ha sobresaltado, no exagero, la noticia de que llega la Güiquipeya en extremeño. Esa versión en castúo surge para la preservación de una lengua minoritaria De verdad, incluso para alguien acostumbrado a bregar con el desastre cultural, esto es demasiado. En un rapto de puro delirio se afirma que hay un millón de potenciales hablantes del extremeñu. También podrían haber postulado que existen ciento diecisiete murcianos que son capaces de planear con las orejas hasta Sicilia. ¿Cuánta gente, de verdad, habla el castúo sea en la intimidad calentita o en la intemperie mientras las ovejas pastan en las dehesas? Los ideólogos de la Güiqui no dudan en dar la cifra de 200.000 fulanos. En cualquier caso les faltan 800.000, que se los ha debido tragar un agujero negro cibernético. Como el furor se puede emplear lo mismo en votar hasta gastar el crédito de la tarjeta a Rodolfo Chikiliquatre o en pedir raciones de sushi, no han faltado enérgicos hijos de la tierra extremeña que han redactado, en un abrir y cerrar de ojos, 12.000 artículos. Ojalá sea una broma de algún ironista que tenga en el punto de mira las trifulcas identitarias en Cataluña o en Euskadi. Sería penoso que aparecieran neo- talibanes del castúo. He consultado tan sólo un artículo y aún no me he re- E puesto: Méria es una ciá española, capital la Comuna Autúnoma d Extremaura, i pretenecienti a la provícia e Badahó (sic) Dicen curtura y se quedan tan panchos, colocan biografías de Escrebioris y ponen cara de felicidad. No entran ganas de reír ante tanta necedad del tecno- catetismo.