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10 ESPAÑA www. abc. es VIERNES 11- -4- -2008 ABC Las discrepancias entre Rubalcaba y el CNI ponen en cuestión la permanencia de Alberto Saiz El ministro se ha quejado en varias ocasiones de la poca fiabilidad del Centro durante el proceso de negociación y la vuelta de ETA a los asesinatos DOLORES MARTÍNEZ PABLO MUÑOZ MADRID. La permanencia de Alberto Saiz al frente del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) está en duda y es uno de los asuntos que tiene en estudio José Luis Rodríguez Zapatero. A lo largo de esta legislatura, la gestión del director de la Casa ha sido cuestionada por diferentes miembros del Gobierno, especialmente a lo largo de los últimos meses, cuando se han producido los desencuentros de más calado con el titular de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba. El ministro no ha ocultado en varias ocasiones su desacuerdo con los análisis que el CNI ha elaborado sobre la tregua de ETA, el proceso de paz y la vuelta de la banda al tiro en la nuca según las fuentes consultadas por ABC. Las discrepancias se han producido no sólo porque esos análisis de Inteligencia no coincidían en sus líneas principales con los datos objetivos que obraban en poder de los servicios de Información de la Guardia Civil y de la Policía, sino también porque la evaluación que los análisis del CNI hacían de estos fenómenos- -tregua, negociación con la banda y regreso a los asesinatos- -estaban desenfocados como, según las fuentes consultadas, ha quedado demostrado por la vía de los hechos. En materia antiterrorista, varios son los casos en los que los análisis del CNI no han coincidido con los de las Fuerzas de Seguridad. Pero esta tradición -no es la primera vez en la historia que se producen discrepancias- -no ha servido de justificación a Rubalcaba a la hora de transmitir sus quejas por el contenido de los informes del servicio secreto. Uno de los últimos episodios se produjo en fechas recientes. El motivo de la discordia fue una evaluación del CNI sobre la posibilidad de una nueva tregua de la banda. Para el servicio de espionaje, es más que posible que ETA plantee al nuevo Gobierno otro alto el fuego con el objetivo de abrir un nuevo proceso de negociación. Diferente es la información que tiene sobre la mesa el ministro acerca de este asunto. De ahí sus declaraciones de antes y después de las elecciones del 9- M advirtiendo de una campaña de atentados y de que nos encontramos al comienzo de tiempos duros, de un largo ciclo de violencia Para las fuentes consultadas, este diagnóstico es el que se corresponde con los datos objetivos que se obtienen a través de las investigaciones abiertas. Este último caso se suma a otros habidos durante el proceso de negociación que abrió el Gobierno tras la declaración de la tregua. El paso del tiempo ha permitido determinar, según las fuentes consultadas, que algunas de las evaluaciones del CNI sobre las auténticas intenciones de los terroristas no eran del todo exactas. Pero no sólo los asuntos rela- Rodríguez Zapatero podría decidir el relevo del director de la Casa aprovechando el cambio de Gobierno y de ministro de Defensa, para que no se interprete como una pérdida de confianza La última discrepancia se produjo por la difusión de un informe del servicio secreto que auguraba una nueva tregua de la banda La operación contra la célula paquistaní de Barcelona se hizo con información del CNI, que no cotejó los datos que dio el confidente Alberto Saiz, en la rueda de prensa que dio en el CNI en 2007 cionados con ETA han provocado los desencuentros entre el ministro Rubalcaba y Alberto Saiz, que llegó a ser jefe del CNI cuando José Bono ocupó la cartera de Defensa. También uno vinculado con el terrorismo islamista ha sido objeto de fricción con Rubalcaba. Se trata de la operación que, con información del servicio secreto, llevó al desmantelamiento de una célula paquistaní que tenía entre sus objetivos atentar en el Metro de Barcelona. Según la información del CNI, basada en los datos aportados por un confidente del espionaje francés, la célula contaba ya con el explosivo para llevar a cabo sus objetivos criminales. Pero la realidad fue que los agentes de la Guardia Civil que realizaron la operación no hallaron ninguna sustancia para fabricar una bomba. Ante la falta de pruebas sólidas, el confidente tuvo que prestar declaración ante el juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno que, al dar por bueno el testimonio del testigo protegido, pudo ordenar el ingreso en prisión de los once detenidos. La cuestión es que la operación no salió como estaba previsto y desde Interior se cree que el motivo fue que el CNI no contrastó lo suficiente la información facilitada por el testigo protegido. El hecho fue considerado como grave, más aún cuando existía el precedente de que los servicios secretos británicos rechazaron, por falta de fiabilidad, una información facilitada por ese mismo confidente, pese a estar considerado como uno de los principales chivatos del terrorismo internacional en Europa. Por ello se cree que el CNI, al igual que sus colegas británicos, tuvo que haber cotejado la información. El relevo de Saiz se produciría además en un momento de cambio de Gobierno, con nueva persona al frente de Defensa Una insólita rueda de prensa para informar del espía Flórez El 24 de julio de 2007, el servicio secreto convocó a los medios de comunicación. Su director, Alberto Saiz, se puso ante los micrófonos para anunciar la detención en Tenerife de Roberto Flórez García, un ex agente del CNI que desde diciembre de 2001 a febrero de 2004 vendió información al espionaje ruso a cambio de grandes sumas de dinero. Si sorpresa causó la noticia, más extraordinario fue, porque nunca hasta entonces había sucedido, que el jefe del Centro de Inteligencia diera una rueda de prensa. La iniciativa, para la que Saiz al parecer no informó previamente al ministro de Defensa, José Antonio Alonso, levantó una encendida polémica, que fue escuchada hasta por servicios secretos de nuestro entorno, y también por el ruso, a los que llamó la atención la comparecencia del jefe del CNI, quien aprovechó la ocasión para criticar las medidas de seguridad del servicio secreto durante el Gobierno de José María Aznar. Otra de las actuaciones que le puso en el objetivo de la crítica fueron los seguimientos a Manuel Pizarro, aunque desde la dirección del Centro se afirmó que los espías a quienes seguían eran agentes de otros servicios.