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ABC VIERNES 11 s 4 s 2008 Tribuna Abierta OPINIÓN 7 Jacques Barrot Vicepresidente de la Comisión Europea y comisario de Transportes UN NUEVO CAPÍTULO EN LA HISTORIA DE LA AVIACIÓN TRANSATLÁNTICA L 30 de marzo empezó a aplicarse un nuevo acuerdo aéreo, Cielo Abierto entre la Unión Europea y los Estados Unidos de América. Por primera vez, las compañías aéreas europeas y estadounidenses podrán sobrevolar el Océano Atlántico en ambas direcciones, sin limitaciones en cuanto al tamaño de las aeronaves, la frecuencia de los servicios, los destinos o los precios. Este acuerdo es histórico por su alcance, su impacto y su ambición. Engloba a los 27 Estados miembros de la Unión Europea y a los Estados Unidos, es decir, a prácticamente 800 millones de personas. Aplica un planteamiento radicalmente nuevo en materia de reglamentación internacional y sustituye a un sinnúmero de acuerdos bilaterales entre cada Estado miembro y los Estados Unidos, y a las restricciones correspondientes. El acuerdo denominado Bermudas II firmado entre los Estados Unidos y el Reino Unido en 1977, es, quizás, el ejemplo más célebre de todos: sólo dos compañías de cada uno de esos países podían prestar servicios entre LondresHeathrow y los Estados Unidos. A partir de ahora, el aeropuerto de Londres- Heathrow ofrecerá, cada día, 16 nuevos servicios aéreos hacia los Estados Unidos, en particular los de Continental Airlines y Delta Air Lines, que explotarán esa ruta por primera vez. n primer lugar, el acuerdo Cielo Abierto va a cambiar la vida de los pasajeros. Las compañías europeas que efectúan vuelos de larga distancia tendrán, a partir de ahora, la posibilidad de volar hacia los Estados Unidos desde cualquier lugar de Europa, y no sólo desde su mercado nacional. Air France tiene previsto inaugurar una nueva ruta directa entre Londres- Heathrow y Los Ángeles. British Airways ofrecerá próximamente a los viajeros la posibilidad de volar a Nueva York desde París y Bruselas con su filial Open Skies Esta movilidad creciente va a beneficiar plenamente a los más de 50 millones de pasajeros que viajan cada año entre Europa y los Estados Unidos. Va a facilitar mucho más el flujo de mercancías. No hay que olvidar que más de la mitad de la carga que circula cada año entre Europa y los Estados Unidos, con un valor de 450.000 millones de euros, se transporta por vía aérea. A to- Si conseguimos suprimir definitivamente los obstáculos a la competencia en dos mercados que, juntos, representan más del 50 por ciento del tráfico aéreo internacional, la aviación moderna entrará en una nueva era, en beneficio de la Unión Europea, de los Estados Unidos y de la amistad que nos une, así como del dinamismo económico y la movilidad sostenible, valor fundamental para el próximo siglo E disposiciones reglamentarias mejor adaptadas y la continuación de nuestros proyectos para proteger mejor el medio ambiente: todo ello supone un nuevo impulso para la aviación transatlántica. No obstante, es aún mucho lo que queda por hacer. El acuerdo Cielo Abierto incluye un compromiso de las dos partes para entablar negociaciones con vistas a la celebración de un acuerdo para una segunda fase. u objetivo consiste en abrir aún más este mercado en beneficio de los consumidores, las compañías aéreas, los ciudadanos y las empresas de ambos lados del Atlántico. Europa ha anunciado ya su deseo de entablar negociaciones en esta segunda etapa para que las compañías europeas y estadounidenses puedan prestar servicios dentro de los mercados nacionales con la misma libertad que se les ha concedido en los vuelos sobre el Océano Atlántico. Hoy por hoy, no existe esa posibilidad debido, en gran parte, a la Historia y a rancios reflejos proteccionistas, inconcebibles en otros sectores de la economía y, mucho menos, en una industria puntera. Europa ha derribado ya las barreras nacionales entre Estados miembros en beneficio de todos los europeos, permitiendo así, por ejemplo, la aparición de compañías de bajo coste o de números uno mundiales como Air France- KLM. Para seguir avanzando, sin embargo, necesitamos que se establezca una cooperación recíproca con socios internacionales, como los Estados Unidos. Los consumidores no serían los únicos favorecidos por ese acuerdo reforzado. Puede ser, también, beneficioso para la creación de empleo si las compañías europeas y estadounidenses ofrecen servicios más allá de sus mercados nacionales. Hasta ahora, el sistema de alianzas intenta ofrecer a los viajeros mejores conexiones gracias a agrupaciones entre empresas, pero ello no facilita al cien por cien esos desplazamientos. La segunda etapa va a ser, por tanto, tan importante como la primera. Son ya más de mil millones los pasajeros que viajan cada año a través de Europa y los Estados Unidos. Si conseguimos suprimir definitivamente los obstáculos a la competencia en dos mercados que, juntos, representan más del 50 por ciento del tráfico aéreo internacional, la aviación moderna entrará en una nueva era, en beneficio de la Unión Europea, de los Estados Unidos y de la amistad que nos une, así como del dinamismo económico y la movilidad sostenible, valor fundamental para el próximo siglo. S E dos aquellos que dependen de los vuelos transatlánticos, el nuevo acuerdo ofrece una competencia más abierta y, por consiguiente, mejores servicios y precios, tanto para los pasajeros como para la carga. demás, el nuevo acuerdo Cielo Abierto es una gran aportación a favor de una movilidad sostenible. El sector del transporte aéreo es cada vez más consciente de la necesidad de asumir sus responsabilidades en la lucha contra el cambio climático, la contaminación atmosférica o el ruido. El acuerdo es uno de los primeros que ha reconocido la importancia capital de la protección del medio ambiente. Los benefi- A cios de la cooperación entre Europa y los Estados Unidos a este respecto se han traducido ya en el proyecto Aire a favor de rutas aéreas que permitan consumir menos combustible. Ese proyecto completa los trabajos europeos de investigación sobre una gestión más eficaz del tráfico aéreo (Sesar) sobre los aviones limpios (Clean Sky) y sobre los nuevos combustibles, así como el combate que está llevando a cabo Europa para que se tenga en cuenta el transporte aéreo en el sistema de comercio de derechos de emisión a nivel internacional. Además, el acuerdo propicia la adopción de disposiciones similares de cooperación en materia de competencia, seguridad y protección aéreas. Una competencia creciente,