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78 CULTURAyESPECTÁCULOS JUEVES 10 s 4 s 2008 ABC Los fusilamientos del 3 de mayo de Goya, remozado tras su restauración, se colgaba ayer en la muestra que el Prado dedicará al pintor a partir de la próxima semana Goya cura sus heridas de guerra Los cuadros del Dos y el Tres de Mayo, que pintó en 1814 y que sufrieron graves daños durante su exilio en la Guerra Civil (perdieron incluso fragmentos de pintura original) han sido restaurados en el Prado POR NATIVIDAD PULIDO FOTO: CHEMA BARROSO MADRID. John Brealey, restaurador de Las Meninas decía que los cuadros no tienen que oler a restaurador. Y es que, según los especialistas, cuanto menos se note la mano del restaurador, mejor habrá sido su trabajo. Siguiendo esta máxima, podría afirmarse que ha concluido con un rotundo éxito la histórica restauración emprendida en dos de los cuadros emblemáticos del Prado: el Dos y el Tres de Mayo, de Goya. Estos óleos sobre lienzo- -cada uno mide 268 por 347 centímetros- -fueron concebidos, como una pareja, en 1814. Hasta ayer mismo han permanecido en los talleres del museo, donde han sanado las heridas de guerra que estas obras maestras arrastraban desde la Guerra Civil. Quiso el destino que dos pinturas que mostraban los crueles y violentos hechos ocurridos en Madrid en 1808 durante la sublevación contra las tropas de Napoleón resultasen heridas en otra terrible contienda de nuestra Historia más reciente. En 1936 ambos cuadros, junto a otras obras maestras del Prado, fueron embalados y trasladados en camiones a Valencia. En marzo de 1938 viajaron hacia Gerona. En ese trayecto, a su paso por Benicarló, el camión en el que iban emparejadas ambas obras sufrió un accidente. Según unas fuentes, se les cayó encima un balcón; según otras, el camión chocó contra el balcón. Sea como fuere, un fuerte golpe rompió las telas en varios cortes horizontales. El Dos de Mayo (también conocido como La carga de los mamelucos se llevó la peor parte. Dos fragmentos pequeños de lienzo, con pintura original, en la parte superior izquierda se perdieron en la carretera. En mayo de 1838 los cuadros fueron reentelados en el castillo de Perelada por Tomás Pérez y Manuel Arpe y Retamino. Fue magnífica aquella restauración con los pocos medios que tenían dice Enrique Quintana, responsable, junto a Clara Quintanilla, de los trabajos en el Tres de Mayo (Elisa Mora se ocupó del Dos de Mayo Es muy difícil ver en unos cuadros un estado de conservación tan bueno como el de estos cuadros- -añade el jefe del área de Restauración de Pintura del Prado- -y es gracias a la técnica de Goya y a las restauraciones de ambos cuadros En septiembre de 1939, ya de vuelta al Prado, Manuel Arpe finalizó la restauración de los dos cuadros, reintegrando color en las pérdidas de pintura. Utilizó para ello una técnica llamada tinta neutra consiste en aplicar un color uniforme en la zona perdida que entone con el color general de la obra. Y así quedó hasta que en 2000 el Prado convocó un simposio internacional en el que una veintena de expertos (Manuela Mena, Alfonso Pérez Sánchez, Carmen Garrido, Nigel Glendinning, Juliet Wilson- Bareau, Hubert von Sonnenburg, Robert Wald, Andrea Rothe... pudieron examinar los estudios fotográficos y radiológicos de tres obras de Goya La familia de Carlos IV se añadía al Dos y el Tres de Mayo) con el fin de dilucidar la conveniencia o no de sus restauraciones. La parte más polémica, decidir si se debía reintegrar la pintura perdida en el Dos de Mayo Aunque en su día trascendió que hubo voces en contra de ello (eran partidarios de conservar las cicatrices de guerra porque son un documento histórico) comenta Manuela Mena, jefe de Conservación de Pintura del Siglo XVIII y Goya del Prado, que sí hubo un acuerdo Dos centenares de obras para otra gran monográfica El próximo lunes los Reyes inaugurarán en el Prado la muestra Goya en tiempos de guerra que reúne hasta el 13 de julio unos dos centenares de obras del genio aragonés, entre pinturas, dibujos y estampas. Tras la gran antológica que le dedicó este museo en 1996, regresa ahora con otra gran monográfica, comisariada por Manuela Mena, que abarca veinticinco años de la vida de Goya: se inicia a finales del siglo XVIII, cuando Goya comenzó una nueva etapa, de mayor independencia creativa y de avances estilísticos y conceptuales, que culminó con los Caprichos en 1799, y con La Familia de Carlos IV en 1800. Concluye la muestra en 1819, año en que el artista pintó su última obra pública: La comunión de San José de Calasanz La exposición no está centrada en la guerra, aunque sí está de fondo. Se exhiben las dos Majas al balcón de cuya autoría no hay duda, el Marianito de la colección Larios y la serie de los bodegones casi al completo. De los doce que pintó, quedan diez y siete se verán en el Prado. Muchas de las obras expuestas apenas se han visto en España.