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ABC JUEVES 10 s 4 s 2008 El Congreso rechaza a Zapatero s Ambiente en el hemiciclo ESPAÑA 15 Insaculados, pero contentos El cierre del debate de investidura permitió avistar por fin a un José Bono hasta ayer agazapado, el estreno de Alonso (más amigo que portavoz en sus palabras entregadas) y a un Rajoy entero tras la convulsión Aguirre POR BLANCA TORQUEMADA FOTO IGNACIO GIL MADRID. Gracias a la acción y efecto de insacular se redimió José Bono de la inanidad parlamentaria en la que, con cautela de principiante, se había instalado en los primeros días de la legislatura, más atento a mover bien la batuta del debate y a releerse el reglamento que a dejar su peculiar impronta, que ya se empezaba a echar en falta. El presidente de la Cámara recurrió a esa palabra, la insaculación para definir (con toda propiedad, según certifica el DRAE) el procedimiento de sortear, con papeles introducidos a tal efecto en un saquito, en qué diputado tenía que arrancar la primera votación de investidura. Le tocó a Gaspar Llamazares, que cosechó así el que será, probablemente, su segundo de gloria de la legislatura. Como muchos diputados bramaron, suspicaces, cuando se anunció que se había llevado a la práctica una insaculación que les afectaba a todos ellos, Bono hubo de explicar a renglón seguido de qué se trataba. De hecho, los únicos no insaculados fueron los ministros en funciones y José Luis Rodríguez Zapatero, por la razón de que los miembros del Gobierno son llamados a votar, aparte, al cierre de la sesión. Fue la locuacidad de Zapatero en la tribuna la que marcó la sesión de ayer, desde primera hora de la mañana. Con un inagotable caudal verbal (quizá para resarcirse de su condena trapense en las cumbres con dirigentes mundiales) se volcó en responder a las minorías que intervinieron ante la Cámara, y muy especialmente en la contestación a Rosa Díez, como acusando el golpe de los ganchos difícilmente rebatibles de un discurso, el de UPyD, que hasta hace poco cabía dentro del PSOE. Con Uxue Barkos, de Nafarroa Bai, se mostró blando y ligero (además de adulador) al brindar a la diputada nacionalista más piropos (políticos) Alfonso Guerra consultó la edición impresa de ABC en internet durante la segunda sesión de la investidura de Zapatero Verborrea inagotable Esteban González Pons con Soraya Sáenz de Santamaría que argumentos. Pero el capítulo más empalagoso lo aportó el nuevo portavoz socialista, José Antonio Alonso, en su glosa de Zapatero (dedicada más a un amigo íntimo que al líder de un proyecto político) y se encontró la respuesta igualmente almibarada del fallido aspirante a la investidura cuando agradeció al grupo socialista su apoyo, incondicional y permanente como si esas dos premisas fueran las normales en el seno de un partido democrático. En un ambiente de pasillos más relajado que la víspera, una vez liquidado el plato fuerte del mano a mano entre Zapatero y Rajoy, José Blanco bromeó con los periodistas, a los que iba poniendo al tanto de las alertas que escupía su móvil, entreveradas de consignas contra el PP. En la tribuna de invitados, ya sin las cónyuges de los líderes, volvieron a asomarse al hemiciclo la senadora Carmen Alborch y el dirigente de UPyD Mikel Buesa, esta vez junto a Carlos Martínez Gorriarán. María Teresa Fernández de la Vega y Pedro Solbes gos como el de Pizarro, que figura en el listado como Manuel Amador Miguel. Premiosidad que no evitó momentos histriónicos como los berridos de Isabel López y Herick Campos al dar su sí a Zapatero, o el desliz de la diputada del PP Inmaculada Bañuls, a quien se le escapó el apoyo a los socialistas, en un lapsus corregido a tiempo. Pero Bono no sólo insaculó, sino que condujo impecablemente el debate (diputados de todos los colores lo reconocieron) y puso además la nota elegante de rendir homenaje a Carlos Chivite, el dirigente socialista navarro fallecido estos días, y también a Rogelio Baón, quien murió en plena campaña electoral y hubiera renovado su acta parlamentaria por el PP. En las filas del Partido Popular no se acusó, al menos en superficie, el terremoto Aguirre, aunque Rajoy sí aprovechó su comparecencia ante la prensa para defender su labor en la calle Génova (resultado electoral incluido) después de la comprobación de que su fortaleza no ha quedado minada, al menos en primera instancia. Junto a él, sin visos de inquietud, los portavoces parlamentarios Soraya Sáenz de Santamaría y José Luis Ayllón. También Ángel Acebes. En la Cámara nadie ha movido ficha. Ausencias, berridos y lapsus Con sólo una ausencia (la de la diputada socialista Mercedes Coello (quien no pudo viajar desde Canarias por el temporal) el proceso de votación fue prolijo y fatigoso, al desgranar 350 nombres, algunos tan lar-