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ABC MIÉRCOLES 9 s 4 s 2008 ESPAÑA 27 Una anciana de 84 años, desahuciada de su casa de toda la vida por su nieta La mujer, viuda, fue desalojada ayer, después de vivir 61 años en ese piso, por una comitiva judicial y policial JANOT GUIL BARCELONA. No sé cómo va acabar todo esto decía ayer por la mañana a los periodistas, sentada en el sofá de su casa, en el número 29 de la calle Llobet de Sabadell (Barcelona) María Francés, una mujer viuda de 84 años. Minutos después de expresar su desconcierto, una comitiva judicial, acompañada de dos agentes de los Mossos d Esquadra, comparecía en su vivienda para ejecutar una orden de desahucio dictada por un juez a petición de una de las nietas de María, Bárbara, que es copropietaria del piso junto a su hermano Jordi y que lo reclama para vivir en él. El pasado miércoles, la comitiva ya intentó desalojar la casa, pero al ver el mal estado de salud de María, aquejada de vértigo, aplazó el desahucio hasta ayer. A las 13.30, María abandonó en una preventiva ambulancia (entró en ella por su propio pie) el que ha sido su hogar durante los últimos 61 años. Rumbo al hospital para que la sometieran a un visita médica. Por la noche, ya no durmió en su casa. Cuando la ambulancia abandonó el lugar, los cerrajeros que actuaban por orden judicial cambiaron la cerradura de la vivienda, como es habitual. Pese a que los inquilinos no se habían llevado ni los muebles ni sus cosas. En su drama, María estuvo acompañada de uno de sus hijos, Josep Bachs, de 59 años, que siempre ha vivido junto a su madre. Primero, con sus hijos y su esposa, y luego tras separarse. De hecho, la orden de desahucio, que dictó un juez de Primera Instancia de Sabadell y ratificó la Audiencia Provincial, iba contra Josep, ya que es el inquilino oficial de la casa, quien ha pagado siempre el alquiler, una renta antigua de 12 euros. El caso de María y su hijo Josep ha hecho aflorar delante de los medios de comunicación, a los que citó Josep, una descorazonadora historia familiar. El asunto es un pozo: cuanto más se ahonda en él, más oscuro resulta. Lo único claro es que todo es a propósito de tres casas contiguas: los números 25, 27 y 29 de la calle Llobet de Sabadell. Las tres viviendas eran propiedad del padre de María, pero antes de morir, cuando su hermano y esposo de María ya había fallecido, cedió la propiedad a uno de sus dos nietos, Joan, hermano de Josep. Joan obligó a mi abuelo a testar acusa Josep. Sea como fuere, desde que Joan fue propietario de las tres casas- -en una de las cuales, la sita en el número 27, vive aún a día de hoy- comenzó a presentar demandas para que su madre y su hermano, inquilinos del número 29, fueran desahuciados. En los últimos años, Joan cedió la propiedad del número 29 a sus dos hijos, Jordi y Bárbara, y ésta última es la que hace dos años tomó el relevo de su padre y acudió a los juzgados para desalojar a su abuela y su tío Josep de su casa. Bárbara, que es mosso d Esquadra y tiene 28 años, alegó ante el juez que el contrato de alquiler debía resolverse por necesidad porque se iba a vivir allí después de años de estar acogida en casa de su abuela materna. Y los jueces le han dado la razón. Mientras esperaba ayer a que vinieran a desalojar a su madre- -él ya acató el desahucio la semana pasada y vive en casa de un amigo- Josep contaba otra versión, amenazaba con recurrir al Constitucional y advertía Si la sacan de su casa, mi madre se morirá Sostiene Josep que su sobrina no irá a vivir al número 29, y que el desahucio obedece a la voluntad de Bárbara y de su padre de vender las tres casas contiguas a una inmobiliaria para hacer pisos. Josep va más lejos y acusa a su abogado de conjurarse con el abogado de Bárbara para engañar al juez que ha avalado el desahucio. Por contra, fuentes del bufete de abogados que defiende a Bárbara negaron a ABC esta tesis. Bárbara irá a vivir allí Es más, señalaron que, según la ley, está obligada a vivir en la casa los próximos tres años, ya que, si no, se podría revocar el desahucio. Las mismas fuentes acusaron a su tío Josep de utilizar a su madre para evitar el desalojo. Cuando Bárbara pidió al juez el desahucio, a nombre de su tío, hace dos años, María no vivía con él, sino en Matadepera señalaron. Y Josep contraataca. Admite que su madre vivió durante un tiempo en Matadepera, en un segunda residencia que él pagaba y que ya no tienen, pero por problemas de salud. Porque era alérgica a las 700 palomas que su hijo Joan tenía en su terraza, unas palomas de las que tuvo que desprenderse por orden judical después de que una vecina lo denunciara por sufrir secuelas graves de salud. Es que mi hermano tiene problema mentales añade Josep, quien no tiene reparos en insinuar que su hija Bárbara ha heredado sus problemas. Multa de 900 euros a un agente por matar a un vecino al que creyó atracador I. R. T. VALENCIA. Nada más empezar su jornada laboral, supo que dos hombres habían atracado a mano armada una gasolinera en Cullera, Valencia. Guillermo Quirós es guardia civil. Aquella noche estaba de servicio. Patrullaba por las inmediaciones con un compañero. Vieron un coche estacionado en un descampado próximo y dos hombres que entraban en él. Sospecharon y fueron a su encuentro. El vehículo arrancó. Las sospechas, entonces, aumentaron. El agente descendió a toda prisa del coche patrulla y golpeó el maletero del vehículo. El turismo se detuvo. Sus ocupantes bajaron. El copiloto no opuso resistencia, pero el conductor se mostró reacio a obedecer al agente cuando le pidió, primero, que se girara y colocara las manos sobre el coche para ser cacheado, y después, que se tumbara en el suelo. El agente venció su resistencia a la fuerza. Pero en el forcejeo se le disparó la pistola. No llevaba el seguro. El tiro reventó la cabeza de Lorenzo Alberola, vecino de Gandía. Tenía 42 años. Estaba casado y era padre de una niña de cinco años. Ocurrió en febrero de 2003. Había ido al descampado con un amigo a fumar una papelina No era atracador. Murió cuatro días después. El guardia civil que le mató tendrá que pagar una multa de 900 euros y no podrá usar su arma durante cuatro meses. Contradicciones La nieta de María, copropietaria de la casa, pidió el desahucio por necesidad Quiere ir a vivir allí Infravaloró el peligro María Francés, viuda de 84 años, en el momento de ser desalojada de su casa YOLANDA CARDO No hubo delito, sólo falta de imprudencia leve, dice la Audiencia Provincial de Valencia. Cree que el agente pecó de imprudente, que iniciar un forcejeo con el sospechoso llevando el arma cargada y sin seguro generaba un peligro innecesario que infravaloró el peligro de que era portador pero añade que la actitud de la víctima- -recelosa y poco colaboradora- -condicionó la actuación policial que su reacción resistente y forcejante coadyuvó a su propia muerte Y explica la Sala que por eso le considera culpable de una falta y no de un delito de imprudencia grave y profesional, como mantenía el fiscal, que pedía dos años y medio de cárcel. El acusado actuó imprudentemente, pero no intencionadamente argumenta la Sala para desestimar la petición de la familia de la víctima. Pedía cuatro años de prisión por un homicidio imprudente. Recibirá 195.000 euros de indemnización.