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18 ESPAÑA Debate de investidura s El ambiente en el hemiciclo MIÉRCOLES 9 s 4 s 2008 ABC La primera jornada del debate de investidura de José Luis Rodríguez Zapatero pareció anticipar menos tensión en esta legislatura POOL Sin traumas y sin pasión La IX legislatura nace sin traumas (la anterior se movió al ritmo trágico del 11- M) pero no ha arrancado con entusiasmo. Los socialistas se volcaron de oficio con Zapatero y en las filas populares, a la expectativa, se habló de Aguirre y se refrendó a Rajoy BLANCA TORQUEMADA MADRID. Sin la trastienda de casi doscientos asesinatos, como ocurrió en 2004, la atmósfera de la Cámara fue ayer más respirable que entonces, aunque imperó una cierta sensación de dejà vu no demasiado estimulante. Con los ministros en funciones y en expectativa de destino aliviados porque la oposición logró una vez más que se situara sobre ella el foco de las pesquisas periodísticas (después de la salida al ruedo de Esperanza Aguirre en el Foro ABC) los socialistas se sacudieron presión y exhibieron el nervio justo para jalear a su líder, en vísperas de su segunda investidura. Acompañado por su esposa Sonsoles, José Luis Rodríguez Zapatero llegó al Palacio de la Carrera de San Jerónimo veinte minutos antes de las doce, casi al tiempo que el líder de la oposición, Mariano Rajoy. Los dos tuvieron ocasión de ver a través de los cristales tintados del coche, en una mañana destemplada que amenazaba lluvia, a un batallón de periodistas y fotógrafos en lucha agónica por una acreditación: se había caído el registro informático en la jornada más concurrida de todo el calendario político. El programa de la matiné era monográfico (sólo incluía el discurso de Zapatero) y se despachó en los términos más o menos previstos, aunque el buenismo socialista haya adoptado ahora el ropaje de la decencia en su discurso repleto de formulaciones tan edulcoradas como maleables. Con el hemiciclo y los pasillos abarrotados (como es inevitable en estas ocasiones por la presencia de los senadores, okupas invitados en el arranque del curso político) los oídos estuvieron atentos a la resaca desencadenada en las filas del Efecto Esperanza PP por el aldabonazo de Esperanza Aguirre. El más explícito fue Eduardo Zaplana, quien defendió, incluso ante cámaras de televisión, que la pluralidad de posiciones enriquece. El morbo sobre los nuevos equilibrios de fuerzas en el seno del Partido Popular buscó respuestas en cómo se repartieron los diputados y senadores por los escaños: el nuevo eje de poder (sólo en la calle Génova, claro) lo formaban, sentados en línea con Rajoy, un resistente Acebes, Soraya Sáenz de Santamaría, llón, María Dolores de Cospedal, Arturo García Tizón y Cayetana Álvarez de Toledo. Más distantes (falta de espacio obliga) Teófila Martínez junto a Juan Costa y Manuel Pizarro con Esteban González Pons. Luisa Fernanda Rudi, muy seria, aplaudió sin reservas a Rajoy, salvo en sus alusiones críticas a la liquidación del trasvase del Ebro. Un importante porcentaje de diputados se mostró agazapado y a la expectativa, en un engranaje de reacción con (Pasa a la página 20) Pío García Escudero, José Luis Ay- Para Pizarro, que no se sentó en la fila del núcleo duro de Rajoy, todavía no ha llegado la hora del protagonismo IGNACIO GIL