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ABC MIÉRCOLES 9 s 4 s 2008 Debate de investidura s La reacción al discurso de Rajoy ESPAÑA 17 oposición pareció responder, a su estilo, a las críticas internas de los últimos días a causa de su silencio, al mismo tiempo que trazaba las primeras líneas de lo que será su futuro estilo de oposición: los mismos principios, parecidas formas y aún más desconfianza preventiva a los llamamientos del presidente del Gobierno a unos consensos que sigue sin aclarar si los concibe como adhesión. Con respecto a anteriores debates parlamentarios, Rajoy eludió esta vez dar muestras de complejo de superioridad ante Zapatero en forma de explicaciones básicas o expresiones despectivas como la de llamarle bobo solemne se cuidó de no enzarzarse en discusiones sobre datos puros y se centró en los asuntos que más en evidencia dejan al jefe del Ejecutivo en su gestión: negociaciones con ETA, política hidráulica, inmigración y el empecinamiento en negar la existencia o magnitud de la crisis económica. Con sus mensajes internos, Rajoy pareció convencer a los sectores del partido que podían temer un reblandecimiento de la oposición, pero también a los que piden un exquisito cuidado en las formas para dificultar al PSOE sus campañas de imagen para tildar de derecha extrema a los dirigentes del PP. De puertas a fuera, Rajoy también acertó, a juicio de su propio grupo, a dejar constancia de la enorme ambigüedad con que Zapatero plantea sus ofertas de consenso al eludir incluso la palabra pacto al referirse a la política antiterrorista- -prefiere decir compromiso -y se niega a rechazar taxativamente nuevos tratos con ETA en los términos incluidos en el pacto por las libertades. Rajoy no puede fiarse de Zapatero por lo visto en la pasada legislatura, pero tendrá que tragarse el sapo de acudir de nuevo a La Moncloa. Errores enmendados Rajoy conversa con José Bono antes de una de sus dos intervenciones en el Congreso EFE Reválida interna aprobada Desde la tribuna del Congreso, reapareció el mejor Rajoy, que disipó dudas y convenció a su grupo en pleno como jefe de la oposición y portavoz del partido en defensa de sus principios y programas POR ÁNGEL COLLADO MADRID. Como durante toda la pasada legislatura, cuando empieza a sembrar dudas entre sus propias filas y el Gobierno le intenta acorralar contra las cuerdas del dilema entre plantear una oposición cómoda o montaraz, surgió en la tribuna del Congreso el mejor Rajoy. Con discurso de Estado, crítica medida y centrada, con reflejos e ironía, el presidente del Partido Popular se confirmó ante su grupo parlamentario como jefe de oposición. De los primeros aplausos de cumplido en el arranque de su intervención entre algunos diputados que llevan mal la renovación marianista se pasó al apoyo unánime y sincero de todos los parlamentarios del PP, puestos en pie, ante el primer discurso político de fondo que escuchaban desde la derrota electoral del pasado 9- M. En los pasillos de la Cámara, veteranos y novatos, víctimas y beneficiarios de los cambios, coincidían en que Rajoy había aprobado con nota alta su examen interno, en que resultaba evidente la superioridad dialéctica y oratoria de su presidente sobre un Zapatero aún más ambiguo o hueco que antes- -otra cosa es su habilidad y soltura en los medios y las campañas- -y en que es difícil imaginar al frente de la oposición a un parlamentario mejor y que pueda resumir más acertadamente las posiciones del partido. Rajoy no dio muestras de resignarse ni de rechazar o eludir el debate de las ideas. Eran las quejas expuestas el día anterior por Esperanza Aguirre en el foro ABC como bandera de enganche para una posible candidatura alternativa a la de Rajoy en el congreso de junio. El líder del PP defendió con contundencia el programa que han respaldado en las urnas 10,4 millones de españoles y dejó claro a Zapatero que su victoria no significa que la casi media España electoral que votó al PP deba abdicar de sus ideas ni plegarse a los designios del Gobierno. Al contrario, el presidente del Partido Popular machacó con la idea de que en las cuestiones fundamentales o de Estado el otro gran partido nacional debe contar siempre. Rajoy superó la primera prueba en que se ha convertido su futura carrera política, primero para llegar al congreso del partido previsto con garantías de confirmar su liderazgo y después para mantener sus opciones de llegar a los próximos comicios generales con el partido bajo control y posibilidades de éxito. Largo y duro programa jalonado por las elecciones autonómicas vascas, las gallegas, las europeas de junio de 2009 y las municipales de mayo de 2011. Sin concesiones a la prisas y a las primeras trampas que le tendía Zapatero- -proponer pactos sin explicar su contenido- el reconfirmado jefe de la LOS MENSAJES INTERNOS DE RAJOY Defensa de los principios del PP. Ante las escasas y tibias intervenciones de los dirigentes del PP elegidos por Rajoy como portavoces, el presidente del partido dejó claro en el debate que no reniega de ninguno de sus principios y proyectos fundamentales- -unidad de España, derrota de ETA o igualdad de todos los españoles- que son las banderas con que el Partido Popular logró en las elecciones el 40 por ciento de los votos y 10,4 millones de votos. Mariano Rajoy demostró que él tampoco se resigna a lograr que su proyecto no tenga un apoyo más mayoritario entre el electorado ni está dispuesto a dejar de dar batalla alguna en el terreno de las ideas frente a la izquierda. Eran las quejas lanzadas el día anterior por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, en el Foro ABC para amagar o avisar de que está dispuesta a presentar una candidatura alternativa a la oficial en el próximo congreso del partido. Oposición sin complejos. jefe de la oposición hizo un nuevo ejercicio de moderación en las formas y contundencia en el fondo para defender los principios- -sin olvidar algún detalle de ironía- -con el que dio gusto a los que piden más centrismo en genérico y tranquilizó a los que temían que la renovación acometida por Rajoy en el partido incluyera un estilo de oposición más acomodaticia. Sí evitó el presidente del PP caer en cualquier tipo de agresividad en la expresión. Centrismo y moderación. El