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ABC MARTES 8 s 4 s 2008 CULTURAyESPECTÁCULOS 91 El Código da Vinci es una mezcla de religión, misticismo y Carla Bruni Eduardo Mendoza satiriza la novela histórica en El asombroso viaje de Pomponio Flato SERGI DORIA BARCELONA. Se llama Pomponio Flato y está de paso por Nazareth. Ciudadano romano del orden ecuestre, fisiólogo de profesión y filósofo por inclinación como se infiere de su apellido, padece una pertinaz diarrea, derivada de haber tomado unas aguas de la sabiduría. Apesadumbrado por esa inteligencia estomacalmente problemática, nuestro hombre transita por los confines del Imperio Romano, en ciudades que han dejado de obrar prodigios. Pomponio Flato opone su racionalismo ilustrado a la correosa fe de los judíos y comparte con el Niño Jesús las pesquisas de un crimen del que se ha acusado al carpintero José... No existen muchos antecedentes de intriga policiaca antigua, aunque ahora está tan de moda trasladar intrigas a tiempos remotos advierte Mendoza. Aunque no le hace ascos a la novela de consumo, El Código da Vinci le produce cierto repelús: Yo me burlo de esa mezcolanza de religión, misticismo y Carla Bruni Mendoza presentaba ayer su novela junto a las columnas dóricas del Templo de Augusto que se esconde en un palacete de la Barcelona gótica; uno pensaba en el Satiricon o La vida de Brian pasados por el tamiz de la novela ejemplar cervantina y destilada en una trama de las criptas embrujadas, la ironía de Gurb y los tocadores de señoras. Confiesa Mendoza que se ha divertido escribiendo una historia que sólo aspira a entretener y que puede ser una buena lectura para un viaje en el AVE. Un entretenimiento, puntualiza, con dosis de inteligencia, contra quienes piensan que entretenerse supone no usar el cerebro Los diálogos entre Pomponio y el Niño Jesús rezuman humor ilustrado y paralelismos con la época actual con un juego verbal deudor del latín. La ubicación en la época romana no nace, según el autor, de una exhaustiva documentación sino, más bien, de su afición a los historiadores griegos y romanos que eran muy buenos escritores Con tres ediciones y más de cien mil ejemplares, El asombroso viaje de Pomponio Flato (Seix- Barral) lleva una historia a las últimas consecuen- El rector de la UIMP lleva el cambio climático al Aula de Cultura de ABC A. ACOSTA MADRID. Cuánto hay de certeza y cuánto de incertidumbre en el cambio climático global. Esta es la idea desde la que Salvador Ordóñez, geólogo y rector de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) se acerca a lo que puede ser el futuro del planeta. Un panorama que este catedrático de Petrología y Geoquímica en la UIMP dibujará hoy en la conferencia que dictará en el Aula de Cultura de ABC, organizada por la Fundación Vocento, en el Centro Cultural de Círculo de Lectores (O Donnell, 10) Desde el análisis y revisión de la historia del pensamiento, pues desde el siglo XIX ya hay referencias al cambio climático, hasta los diferentes modelos de proyección que se utilizan en la actualidad, Ordóñez dijo a ABC que ve más certezas que incertidumbres en lo que sabemos del estado del planeta, al que el ser humano está perturbando gravemente Aunque reconoce que la Ciencia no es absoluta asegura que el nivel de confianza de los distintos modelos con los que se trabaja es muy alto Para discernir entre certidumbres e incertidumbres, Ordóñez revisará en su conferencia los datos del cuarto informe del Panel Intergubernamental del Cambio Climático. Aunque reconoce que existe falta de información para algunas latitudes o para algunos fenómenos, como los efectos de la reatroalimentación, que no se conocen muy bien apunta que eso no puede servir a los escépticos para negar que el cambio climático es real y ya está aquí, puesto que serían demasiadas coincidencias todas las manifestaciones que ya se están produciendo. Que el hombre está detrás de todo esto es algo que el rector de la UIMP tiene claro. La especie humana es un agente geológico muy agresivo, que ya ha modificado el planeta en casi todo, desde la sobrematanza de especies en épocas prehistóricas hasta la desecación del mar de Aral en el siglo XX De ahí que este investigador vea otro grave problema al que se enfrenta el planeta, y no es otro que su superpoblación. Hemos pasado de 200 millones de personas en el año 500 a los 10.000 millones que algunos modelos proyectan para 2100. O utilizamos los recursos con más tiento o no podremos garantizar la sostenibilidad Una buena lectura para el AVE Eduardo Mendoza, ayer en Barcelona cias y recompone la imaginería bíblica... Si uno lee Evangelios observará que muchas frases impregnan nuestra vida cotidiana y las formas de pensar, hablar y contar subraya. El Niño Jesús que acompaña a Pomponio, con sus ricitos rubios y orejas de soplillo, nace de la inconografía tradicional: Le pongo orejas de soplillo para humanizarlo señala el escritor, que no teme una reacción airada de los lectores católicos: Si yo fuera cristiano, me lo tomaría como lo que es, como una broma. El humor se parece más al juego de manos que a la payasada: es el engaño consentido Admirador de los Monty Pithon, Dickens y Chesterton, el tono paródico marca de la casa reaparece en esta novela trufado de escatología: Es un ingrediente muy mediterráneo, habitual en el mundo clásico, la Edad Media, el Quijote, la picaresca y el humor catalán... Un ejemplo es la figura del caganer de los pesebres que ya se está exportando a otras culturas: Preveo la decadencia de Santa Claus sustituido por el caganer bromea Mendoza. El tráfico de influencias y la especulación inmobiliaria de El asombroso viaje de Pomponio Flato demuestran que Roma es origen de nuestros vicios JOB VERMEULEN Superpoblación del planeta y virtudes. No es que fueran más sabios, sino que no hemos mejorado nada Los minipisos abundaban en el orbe de Augusto, Sila se quedaba con las viviendas de sus adversarios y Cicerón prefería el deterioro de sus propiedades si con ello podía desahuciar a sus inquilinos y reconvertirlas para cobrar elevados alquileres. En la época de Pomponio, añade Mendoza, la capital del Imperio tenía tres millones de habitantes, casas de diez pisos; el Coliseo era como un estadio actual y las termas de Caracalla como un aeropuerto Conclusión. En la cultura del pelotazo, Nihil novus sub sole.