Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC LUNES 7 s 4 s 2008 MADRID 55 HISTORIAS MADRILEÑAS Centenario y merengue Tiene cien años cumplidos y ochenta como socio del Real Madrid. Félix de Diego es madridista hasta la médula y lo que le duele ahora es no poder ir al fútbol por culpa de la sonda y las piernas POR MARÍA ISABEL SERRANO FOTO CHEMA BARROSO MADRID. El pasado 14 de enero se echó un siglo de edad a sus espaldas. Lo celebró, con tarta incluida, en la residencia de ancianos Goya, en la calle del Doctor Esquerdo, donde vive hace casi veinte años. Con él estuvieron sus sobrinos, porque hijos no tiene. Félix de Diego es todo un personaje. Su mente está totalmente lúcida y asegura que es el quinto socio más antiguo del Real Madrid. A lo mejor, ya soy el cuarto, porque la gente va faltando nos dice con graciosa mueca. Tengo cien años y más de tres meses. Es mucho ya Tras estas palabras parece que Félix se va a desmoronar, pero qué va, de inmediato sacamos a relucir su pasión por el club merengue y le sale, de nuevo, una sonrisa de lo más agradecida. Llevo más de ochenta años siendo socio. Me encanta el fútbol. Iba a los partidos todos los domingos Por lo visto, se ha perdido muy pocos. Ahora ya no puede. Ando mal de la próstata y tengo una sonda. Las piernas, además, me fallan por eso voy, casi siempre, en silla de ruedas explica. Conversar con este anciano es una delicia. Con un lustre que da gusto verle, nos cuenta que llegó a comprar un abono en el estadio Santiago Bernabéu. Llegué a tener delante de mí a Perico Chicote. Hicimos amistad y disfrutábamos de los partidos El club madridista conoce a Félix. Ha habido contactos pero deberían mimarle más. Él cuenta que le han dado la medalla de oro y brillantes del club. Reniega de no poder ir al fútbol, su gran pasión. De hecho, le hubiera gustado ser jugador- -lo hizo en un equipo regional- pero la vida le deparó otro destino lejos del balón. Estoy soltero, por desgracia. No me casé por culpa de la guerra, porque yo tenía novia pero nos pilló en bandos distin- DIMES Y DIRETES Antonio Sáenz de Miera Presidente de Amigos del Guadarrama MAPACHES s posible que, al ver el titular de esta columna, algún lector haya pensado que le voy hablar de un nuevo tipo de gamberro o de una nueva modalidad de promotor inmobiliario. Podrían no estar muy desencaminados: nos hacen falta más metáforas para describir todos los desaguisados que hacemos en la naturaleza. Pero no, no es exactamente eso. Es un pequeño animal, mezcla de zorro y de osito, del tamaño de un gato grande, una especie autóctona de algunos bosques de Norteamérica. Nunca los hubo en Europa y por eso se les llama invasores; así es como denominan las especies que, por accidente o por capricho, entran en hábitats que no son los suyos y provocan con ello graves alteraciones en los ecosistemas. En España, los mapaches se pusieron de moda como mascotas a raíz del éxito de la película de dibujos animados Pocahontas en la que una indita americana aparecía siempre acompañada de uno de estos animalillos. Ahí empezó la afición de algunos por hacerse con un mapache como animal de compañía y ahí empezó la historia de esta pequeña invasión. Una historia pequeña de ignorancia e irresponsabilidad. Sabemos que esos caprichos son producto de la ilusión del momento y enseguida se convierten en un problema. Así es como comienza la extensión de estos invasores en las riberas del Jarama, donde ya se han detectado poblaciones poco deseables. En nuestra Sierra ha aparecido un mapache atropellado en Manzanares, liberado probablemente, de alguna urbanización de la zona. Compiten estos invasores por el alimento de otras especies autóctonas y se benefician de no tener que sufrir los ataques de sus depredadores naturales. No hace falta ser un experto naturalista para saber que la inconsciencia, la necedad o el capricho de los humanos causan daños serios en la naturaleza. ¡Qué culpa tiene el pobre mapache! Y encima le llamamos invasor Podemos hacer de la anécdota una categoría. Quien es el invasor y quien es el invadido, quien es quien, a la postre, perderá con todo esto. Algún día, cuando los polos se deshielen, traeremos osos blancos a nuestros jardines, pero entonces no nos hará tanta gracia. E La novia y la guerra Félix de Diego muestra orgulloso sus tarjetas de socio del Real Madrid tos. A mí en Madrid; a ella, fuera. Cuando acabó el conflicto, tuve que decirle que no porque me quedé al tanto de cuatro mujeres: mi madre, mi hermana, mi sobrina y la tata Y vuelve al tema futbolístico. Mi corazón- -dice- -es del Real Madrid. Para toda la vida. No sé cuánta me queda, pero me gustaría que me enterraran con el banderín merengue ¡No diga eso, hombre! -le decimos. -Hija, a mis años, ¡qué puedes esperar! Yo no quiero dar disgustos y trabajo a nadie. Aunque quisiera ir de un lado para otro, no puedo porque la sonda me la quitan al principio de la noche. ¡Ya me dirás! La vida de Félix ha sido muy movida. Empezó, como él dice, de mancebo en una joyería de la plaza de Santa Cruz. Allí le daban posada y comida. Estaba para aprender y, como todo lo que se propone, acabó diseñando joyas. El dueño se murió en un accidente de automóvil y ya no siguieron con ello Se pasó al mundo de la perfumería, pero también cuenta que ha tenido un taxi que yo no conducía A estas alturas de la conversación nos confiesa que también fue socio del Atlético de Madrid. ¿Qué me dice? -Así es. Pero lo dejé. Me quedé con el Real Madrid. -Oye, ¿para dónde dices que es esto? -pregunta Félix- -Para el ABC. ¡Ah! Es mi periódico favorito. ¡Qué bien! Es el socio número cinco del club merengue Puede que el cuatro, porque la gente fallece dice