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ABC DOMINGO 6- -4- -2008 ESPAÑA 31 EFE no realizó. De la lectura del extenso sumario, del que ha dado buena cuenta ABC, se deduce que Morín había montado en Barcelona un lucrativo negocio dedicado a realizar abortos ilegales- -unos 15 por semana por un precio de entre 4.000 y 6.000 euros, afirma un testigo protegido- con pacientes en avanzado estado de gestación. En el sumario constan abortos de hasta 33 semanas de gestación. En la inmensa mayoría de casos, se realizaban al amparo del supuesto legal que permite abortar más allá de las 22 semanas si hay riesgo vital para la salud física o psíquica de la madre. Un supuesto, sin embargo, justificado fraudulentamente, pues los informes psiquiátricos que deben avalar estos abortos eran fraudulentos. Porque se hacían sin que los psiquiatras visitaran a las pacientes, como han reconocido algunas clientas, o porque el cuestionario que debe responder la paciente era cumplimentado por el personal de las clínicas, que luego falsificaba la firma de las pacientes. Para prosperar en su empresa, Morín recurría a técnicas de mercadotecnia. Siempre según las denuncia de ex empleados que constan en el sumario, el cirujano contaba con ginecólogos, algunos de ellos traba- Se han requisado 2.780 historias clínicas de pacientes que abortaron en 2007. Por ahora, sólo 200 han sido examinadas Morín captaba a sus clientas, a veces niñas de 14 años, por internet y en locutorios jando en la red pública, que le derivaban clientas a sus clínicas y recibían regalos a cambio. También organizaba congresos médicos en los que se publicitaba y en los que contactaba con médicos suramericanos a los que formaba a cambio de participar en abortos ilegales. En cuanto a las clientas, entre ellas menores de edad de 14 años, las captaba a veces por internet o mediante la publicidad que repartía en locutorios para extranjeros. A las que acudían con esta propaganda les ofrecía un descuento de 50 euros. Según los denunciantes, Morín cobraba muchos de los abortos en metálico, y en negro, lo que le servía para ocultar sus vergüenzas. Pero el dislate no acaba aquí. Otra de las presuntas irregularidades detectadas es que ni el doctor Morín ni otros facultativos de sus clínicas- -entre ellos, algunos de los imputados- -disponían de títulos de ginecología o de anestesista homologados en España. Y aún más. El sumario desvela que, al menos en dos ocasiones, se utilizó a mujeres sin titulación, una de ellas contratada como limpiadora, para hacer de enfermeras. Más allá de estos datos, en la investigación de este caso han trascendido detalles escabrosos, como el hecho de que Morín realizara personalmente abortos- -como afirman algunas pacientes, pero él niega- pese a que es portador del virus del sida desde 1998, una circunstancia de la que no informaba a sus pacientes. Otra macabra revelación ha sido las trituradoras de fetos que según afirman los testigos protegidos tenían las clínicas y que, según ellos, fueron desmontadas tras el reportaje de la televisión danesa. En el sumario constan facturas por la compra y la reparación de estas máquinas, que estaban conectadas a desagües, aunque las trituradoras no fueron encontradas por la Guardia Civil. Con todo, la juez del caso ha ordenado analizar si hay restos de ADN en los desagües.