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2- 3 S 6 LOS SÁBADOS DE El representante de la firma francesa viajaba frecuentemente a Rusia y recibía trato de personaje cortesano, a tal punto interesaban sus cristales entre las grandes familias mente evoluciona en los japoneses Katsuya, considerados por la prensa estadounidense como los restaurantes más fascinantes de los últimos diez años. También ha diseñado el misterioso Ramsés de Madrid. Sigue su racha con los hoteles Sanderson o Saint Martin s Lane, en Londres, y el encargo de convertir el antiguo palacete de Marie- Laure de Noailles, en París, en el actual Palacio de Cristal de Baccarat. Su visión del cristal y de este mundo mágico le ha llevado a representar en Rusia un escenario como el que viera Alicia al otro lado del espejo, un lugar un tanto fantasmagórico y teatral, que es lo que significa para él esta marca tan conocida dentro del mundo del lujo. Baccarat es para mi- -dice el diseñador- -un mundo de ilusión a través de la caras del cristal tallado. Así pues, he imaginado un palacio de cristal donde todo sería posible. Es lo que yo percibo como actitud ante la vida, la sensación de que todo es relativo, donde sueño y realidad están permanentemente mezclados y por ello hemos querido unir la magnificencia de las lámparas y las colecciones de cristal con los muros de cemento y ladrillo, o hemos suspendido la enorme lámpara de cristal tallado dentro de un acuario, como una enorme urna, porque el cristal es amor, milagro, espejismo y embrujo La firma francesa estuvo desde siempre presente en la vida y en los gustos rusos. Rusia era uno de los mercados más importantes para sus exportaciones. Tanto que casi un millar de los artesanos de la fábrica se dedicaba exclusivamente a los pedidos de lámparas y cristalerías de la corte imperial, y uno de los tres hornos que funcionaban a toda potencia era conocido como el horno ruso Las mercancías destinadas a los grandes palacios se trasladaban en caravanas de carros tirados por mulas que unían Nancy con San Petersburgo, aunque a veces el viaje también se hacía por barco, por la ruta del mar Báltico y del mar del Norte. Uno de estos barcos naufragó cerca de Amberes, en 1912, y fue descubierto en 1999 por unos exploradores belgas con sus bodegas repletas todavía de miles de piezas, entre Escaleras de acceso a la Cristal Room de la firma en Moscú El espejo de Alicia El diseñador Philippe Stark y su hija Ara, en la inauguración de Moscú una altura de 2,15 metros y 24 brazos y es famosa, además, la cristalería del Zar, hecha para él en cristal doblado con un tallo muy alto y cincelada que se fabrica todavía hoy en seis colores distintos. El representante de Baccarat, que viajaba periódicamente a Rusia para atender a su clientela era un personaje en la corte, recibido con honores diplomáticos, alojándose en los mejores hoteles y festejado por las mejores familias. Muchos príncipes y miembros de la corte encargaron piezas a la firma francesa, como los grandes duques Wladimir y Alexis, el príncipe Demidoff o la princesa Tereorchenko, que llenaron sus palacios de candelabros, de arañas, de servicios de tocador, espejos o frascos para el perfume. Por cierto, los Fabergé encargan los soportes para sus famosos huevos- -también de gran éxito en San Petersburgo- -en la fábrica francesa Los encargos eran numerosos y más los de cristalería, pues en la alta sociedad rusa se mantenía la norma real de que nadie debía de beber en la misma copa, por lo que las arrojaban a la espalda. una vez vacías. En época soviética, Leonidas Breznev fue un gran admirador de la firma y encargó para su cenas, tras conocer las piezas en un viaje a París, una cristalería modelo Capri de 2500 copas. La locura de los rusos por el cristal ha permanecido a pesar de los pesares (políticos) y así la firma francesa en realidad ha vuelto a casa al abrir las puertas de esta especial embajada que ya es un referente dentro de la vida de Moscú. Honores diplomáticos La nueva sede rusa de Baccarat, situada en una farmacia del XIX las que había desde grandes arañas de cristal hasta jarras y servicios de mesa del modelo Colbert. Y es que a lo largo de la historia, los rusos- -de los zares a los popes- se han deslumbrado con los reflejos y la transparencia de este cristal de altísima calidad. Ya en 1867, cuando el Zar Alejandro III visitó la Exposición Universal de París, se sintió fascinado por las piezas que allí se presentaron, entre ellas, una fuente monumental de siete metros de altura, las arañas de gran diámetro, los jarrones firmados por Jean Baptiste Simon y los servicios de copas tallados a la rueda. Cuando su nieto el Zar Nicolás II y su esposa la Zarina Alejandra, con motivo de su boda y su coronación, recorrieron Europa en 1896 quedaron deslumbrados por los gustos franceses y por su delicadeza. En este viaje tuvieron la ocasión de visitar la fábrica de Baccarat y el Zar encargó allí varias piezas que llevan todavía hoy su nombre, como un candelabro electrificado, el primero que se hacía, de 3,25 metros de alto y 79 bombillas. La pieza se logró gracias a unos moldes especiales con brazos huecos y tuvo tanto éxito que se empezó a fabricar para todos los palacios europeos. Por su parte, el llamado candelabro de la Zarina tiene El horno ruso