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90 TOROS www. abc. es toros VIERNES 4- -4- -2008 ABC Hombría, emoción, pasión y Victorino FERIA DE ABRIL Real Maestranza de Sevilla. Jueves, 3 de abril de 2008. Séptima corrida. No hay billetes Toros de Victorino Martín, entipados, serios, de emotivo juego y de nota el 5 por el izquierdo, premiado con la vuelta al ruedo, el noble 3 y el bravo 4 Pepín Liria, de grana y oro. Cinco pinchazos y media (silencio) En el cuarto, estocada tendida (oreja con fuerte petición de la segunda y dos vueltas) Antonio Ferrera, de nazareno y oro. Media estocada pasada (silencio) En el quinto, media pasada y tendida, descabello y estocada. Aviso (vuelta) El Cid, de marfil y azabache. Tres pinchazos, media tendida y descabello (saludos) En el sexto, dos pinchazos, pinchazo hondo y descabello. Aviso (silencio) ZABALA DE LA SERNA SEVILLA. Si ahora nos enredamos en cuestiones del palco, sería como volver a restarle protagonismo a los auténticos protagonistas, a la emotividad de una tarde que devolvió la pasión a los tendidos de la mano de una gran corrida de Victorino Martín y tres tíos, en la más amplia acepción viril y torera de la palabra, que hicieron vibrar a una Maestranza hasta ayer dormida, cada uno con sus armas. Pepín Liria se despedía de Sevilla, y Sevilla casi lo despide in articulo mortis Liria vio muy de cerca por dos veces el rostro de la señora de negro y guadaña. A portagayola, en medio de ese silencio que traslada las pulsaciones del miedo desde la boca de toriles, se frenó en seco el victorino, como deslumbrado. Unas milésimas de segundo después sus cárdenas intenciones se estrellaban contra el pecho del torero. Dios existe. Se levantó Liria como Lázaro, la taleguilla rota por el nalgatorio- -no me pregunten cómo- y se puso a lancear con la música en pie, la plaza sonando a resurrección y pasión. Un estallido de sensaciones. Brindó al público no la faena, sino toda una carrera y un impresionante palmarés en Sevilla. El toro bravo esperaba en el tercio, y en el tercio fue la faena. Embestía con cojones, pero por abajo, y entre muletazo y muletazo miraba y medía a Pepín Liria pidiéndole el carné. Del entusiasmo inicial de las series diestras- -siempre entre las rayas- -se había rebajado el diapasón mediada la obra, justo cuando el victorino lo prendió por el pitón derecho y no lo soltó. Y no lo soltaba. Los pitones dibujaron la señal de la Cruz en la frente del torero como un cu- Dramático momento de la segunda cogida de Pepín Liria, a merced del toro, mientras Casanova se agarra al pitón ra la extrema unción. ¡Qué paliza! Carlos Casanova se tiró literalmente, como un forcado, sobre la testa; El Boni coleaba al toro. Revuelo de capotes. Menos el de El Cid, que no lo llevaba... La tensión del momento derivó en una emotividad incontenida; la lenta agonía del toro en los medios, con una estocada recetada allí mismo, desató la pañolada, la oreja, la solicitud de la segunda o el pañuelo azul; pedían de todo. La presidenta se atrincheró. No sé ni cómo se llama la doña ni me interesa. Pero debió valorar que el personal tal vez reconocía así toda una trayectoria de entrega que se había resumido, de pronto, en veinte minutos de lidia. Optó por la justicia y no por la sensibilidad, como si justicia y sensibilidad no pudieran caminar de la mano en una ocasión especial. Dos vueltas y el rugido de la masa rompiendo las barreras del sonido, con la cabeza y el corazón puestos en las dramáticas escenas. Liria había despachado el alto, enfibrado y correoso primero de no pocos pinchazos. Pinchaúvas de verdad estuvo El Cid ayer después de bordar con hilo de seda el toreo al natural. Había descubierto al toro de Victorino, bajo y bien hecho, en un quite a la verónica enteramente por el pitón izquierdo. Y todo lo que surgió sobre ese lado contuvo calidad mayúscula, la doblada, la trinchera y el pase del desprecio del prólogo. Maravilló cómo le dejaba muerta la muleta en el hocico, cómo cosía los izquierdazos, cómo barría la tela el albero. El paso fue breve sobre la EFE derecha, y el final olía a gloria. Pero se dejó atrás El Cid el brazo, como en los viejos y malos tiempos, una y otra vez, haciendo el volapié indiferentemente en las distintas suertes. Y volvió a caer en desgracia con el flojo sexto, al que llegó a hallarle su izquierda el punto como si fuese la varita de un zahorí. Habría que hacer plebiscito para que a Antonio Ferrera le toquen las bandas taurinas de España el Himno de la Legión en banderillas. Brutal tercio. Más en corto no se puede citar. Extraordinario el segundo par, de imposible salida. El arreón del victorino lo aguantó hasta la otra punta de la plaza después de clavar en todo el morrillo. Y la tercera reunión, a paso de gastador, braceando los palos, también puso a la gente en un ¡ay! Entre ortodoxo y heterodoxo, lo que estuvo de verdad fue muy puro. Sonó la hora de refrendar el esfuerzo con la muleta, y el victorino persiguió con profundidad la zurda de un Ferrera muy roto y quebrado, por debajo de la pala. Falló la espada y la doña, que tan dura había estado con la mayoría, optó ahora por concederle una vuelta al ruedo en el arrastre solicitada por la minoría; la vuelta de ley fue para Antonio Ferrera, que había resuelto antes con un toro nada fácil que derrotaba. La emoción nunca faltó en dos horas y media. El Cid bordó con hilo de seda el toreo al natural EFE www. zabaladelaserna. com