Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
86 VIERNES deESTRENO VIERNES 4 s 4 s 2008 ABC La gran arpía centenaria El 5 de marzo de 1908, mañana hará cien años, nacía en la localidad de Lowell, en el Estado de Massachusetts, Ruth Elizabeth Davis, que pasaría a la historia del cine como Bette Davis. Fue una de las grandes malas de Hollywood, y uno de sus mitos POR JAVIER CORTIJO Sus ojos. Nunca se había visto nada igual en un par o tres de siglos a la redonda. Dos lagunas ovaladas contaminadas por un metal desconocido por este sistema solar y que le dotaban de infinita tristeza, ira incontenible o rabia melancólica, si alguna vez se había dado esta última aleación. Ojos puros como la nieve de Nueva York que cantara masivamente Kim Carnes en los 80, desde los que ya de niña vio clara su vocación: ser una de las tres o cuatro mejores actrices de todos los tiempos. Sencillamente, la reina de Hollywood ¿Cómo empezó todo? Según las crónicas, y la excelente e inmisericorde biografía de Ed Sikov Bette Davis. Amarga victoria que T B acaba de editar oportunamente, hace cien años y un día, caía una preciosa lluvia de abril en Lowell, Massachusetts. ¿O más bien fue un día donde los dioses se había vuelto locos y la tierra se agarraba la cabeza, presa del pánico según recordaba la propia Davis décadas más tarde? Lo que sí parece más contrastada, o tal vez no, es la reacción de la madre de la criatura al ver a su bebé: ¿Esto es lo que me ha tocado? ¡Que se la lleven! ¡Qué horror! Un complejo de patito feo e indomable que explica sus primeros años en Hollywood, de la Ceca a la Meca, de la Columbia a la Warner, pasando por la Capital, RKO y Universal. Entre tanto ajetreo, el carácter y el toque de la actriz se iban forjando y macerando. Sikov lo describe con mano de piedra: Era el equivalente cinematográfico del sabor a turba de un buen whisky escocés, o dos o tres, de las volutas de millares de cigarrillos y de la naturalidad con que un gigantesco abrigo de visón de corte recto cae sobre sus hombros menudos En resumen: puro oro negro y terciopelo con púas de alambre. Un estilo que, tras veinte películas, empezaba a dar frutos: su Mildred Rogers en Cautivos del deseo inauguró un idilio con los Oscar que le reportaría dos estatuillas (que Spielberg compró en la casa de empeños y devolvió a la Academia hace poco) y nueve nominaciones casi encadenadas. El film- noir florecía como un torrente en Hollywood, y Bette se subió al pura sangre a pelo, domándole con una simple mohín. Papeles tan brutales como La mujer marcada Jezabel (su segundo Oscar a la mejor actriz y el inicio de una tormentosa relación con William Wyler) Amarga victoria (su preferido) y, sobre todo, La loba se altenaban con una vida personal turbulenta: amoríos escandalosos con Howard Hugues, matrimonios de alto riesgo y, en fin, una afición a la botella junto a ilustres camaradas cantineros como Cary Grant o John Garfield. Se dice que bebió accidentalmente un trago de amoníaco pero como si se hubiese tomado un chupito de aguardiente. Ella era ella (y sus martinis) Todo cambió cuando le devolvió a Claudette Colbert la jugada de haberle robado el papel en Sucedió una noche tres lustros atrás y entregó uno de sus mejores papeles: Eva al desnudo (1950) y su inolvidable Margo Channing, la mejor versión ahumada de Bette Davis aunque tuviera que lidiar entre los irritantes lapsus de Marilyn y los arrebatos de la comunidad rosa de Hollywood, que ya la había erigido como mascota gay oficial. Sin embargo, el imaginario morboso colectivo hace que el rodaje más recordado y mitificado de la Davis sea, sin duda, el de ¿Qué fue de Baby Jane? (1962) Sin embargo, la pelea de fieras viejas del dúo protagonista no fue para tanto: Joan Crawford la admiraba y hasta deseaba secretamente, y Davis se limitaba a exigir coca- cola cuando su partenaire estaba enganchada a la pepsi. El resto, leyendas urbanas que ella misma se encargó de alimentar con el anuncio por palabras más famoso de la moderna Babilonia: Madre de tres hijos de diez, once y quince años, divorciada. Estadounidense. Treinta años de expe- La actriz, con una de sus miradas características riencia como actriz de cine. Conservo movilidad; más amable de lo que dicen. Se ofrece para trabajo estable en Hollywood (experiencia en Broadway) Bette Davis, att. Martin Baum, G. A. C. Referencias El caso es que estas líneas en Variety, publicadas en pleno repunte de la actriz, acabaron por hundirla un par de décadas más. Películas infumables, con alguna excepción Canción de cuna para un cadáver o la crepuscularísima Las ballenas de agosto en 1987, donde descargó sus últimas pullas contra la venerable Lilian Gish) iban redondeando el mito de la vieja gloria estrafalaria, a la que invitaban como tertuliana freak en los talk shows pasada de alco- ABC De ella se dijo que era el equivalente cinematográfico del sabor a turba de un buen whisky escocés, o dos o tres El imaginario morboso colectivo hace que su rodaje más recordado y mitificado sea el de ¿Qué fue de Baby Jane En los últimos años, los homenajes salieron en rescate de la actriz; el del American Film Institute y el Donosti en San Sebastián hol y maquillaje, y a la que los camareros servían paté con forma de rata modelo Baby Jane. Por suerte, los homenajes salieron al rescate: el del American Film Institute en 1977 y, sobre todo, el Premio Donosti en el Festival de San Sebastián en 1989. Un último disgusto, la publicación de las memorias de su hija B. D. Hyman, lanzadas además el día de la madre, donde la presentaba como una persona violenta y neurótica, precipitaron su muerte por cáncer de pecho a los ochenta y un años de edad. Su epitafio reza: Lo hizo del modo difícil Evidentemente, podía haber incluido tantas frases lapidarias como para convertir su tumba en una pirámide egipcia.