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ABC VIERNES 4 s 4 s 2008 VIERNES deESTRENO 85 Shine a light EE. UU. 2007 XX minutos Género- -Documental Director- -Martin Scorsese Actores- -The Rolling Stones El último gran mago Reino Unido- Australia 2007 97 minutos Género- -Drama Directora- -Gillian Armstrong Actores- -Catherine Zeta- Jones, Guy Pearce, Timothy Spall Scorsese y Stones: demasiadas eses E. RODRÍGUEZ MARCHANTE El prestigioso cazador se dispone a capturar la gran pieza. O dicho de otro modo, el reconocido cineasta Martin Scorsese le apunta con su cámara a los legendarios Rolling Stones. Uno se sienta a ver un choque de trenes. Pero, no chocan: pasan el uno al lado del otro a toda velocidad. Ruido, vértigo, traqueteo, zumbido, aceleración, fragor, gran espectaculo, sí, pero no topetazo. Y lo que ha pasado es que tras un arranque espectacular de cine, con Scorsese tejiendo una especie de intriga sobre lo que será la película, de inmediato se deshace el suspense y queda el asunto definido tal cual: es un concierto. Al decir que Shine a Light es exclusivamente la filmación de un concierto, se dice, de paso, todo lo que no es: no es un un análisis, ni una minuciosa observación, no es un homenaje, ni un documento único (es, eso sí, un concierto de los Rolling Stones) Ni siquiera se puede decir que sea, en puridad, una mirada objetiva al grupo o a sus componentes, pues sólo se les coge en la mejor versión de sí mismos: sobre un escenario. Aunque haya algunas lonchas (por cierto, lo más divertido de la película) de archivo e imágenes viejas llenas de ese encanto grotesco de lo vanidoso y fatuo de la juventud cuando se mira siglos después... Todo el aparato visual, el vistoso entramado de camaras y montaje que prepara Scorsese, se pone al servicio de un verbo demasiado simple: mirar. No se atisba, no se descubre, no se acecha, no se opina... Se mira y se ve al mejor grupo de la Historia tal vez no en su mejor momento pero sin duda en su mejor lugar, la escena. Dicho lo cual, o sea, que Scorsese se amilana ante la fiera y en vez de cazarla, la fotografía, admitiremos que Shine a light nos ofrece a un Mick Jagger de olimpiada, un pincel, un adolescente con la cara de una hoja de cómic rasgada y arrugada, y con unos tipos detrás que la imagen de Scorsese define sin querer: el pisoteado por el tiempo Richards, el macarrón Wood, el venerable marciano Watts... Mirarlos a ellos es mucho más que observar y analizar a otros, es cierto, pero da la impresión de que, en el fondo, esta película desvela más del cazador que de su pieza, del que filma que de los filmados. Algo que ver con la muerte JAVIER CORTIJO Arranca el show de la mejor forma hechizada y birlibirloquera imaginable: con una Catherine Zeta- Jones luciendo cintura de serpiente borracha y picardía nigromante. Tras este baile de ciencia oscura cortesía de la princesa Kali y con el público ya metido en el bolsillo (valga el prodigio textil, considerando la esquemática vestimenta de la moza) la función se bifurca en dos escenarios: por un lado, la dickensiana vida de una madre y su hija preadolescente entre brumas sociales de superchería y, en la pista central, el superhéroe Harry Houdini, hidalgo macromediático enfrascado en una cruzada para desenmascarar a toda suerte de médiums, brujos y videntes que pululaban en la Europa de entreguerras. Gillian Armstrong, australiana curtida en muy diversas plazas (desde largos como Charlotte Gray o Mujercitas al rockcumental Hard to handle sobre la gira oceánica de Dylan con Petty y sus rompecorazones) entolda con profesional artesanía ambos niveles para conseguir el truco capital de la película: su simpatía, que nos llegue a caer bien hasta rodearla con el brazo por los hombros. Una virtud que, salvando las distancias, ya tenía El gran Houdini (1953) campechano acercamiento al mítico escapista, y que aquí se resuelve sin trampa ni cartón presentándonos a un pobre niño rico con todo el pescado vendido y traumatizado por la muerte de su madre. Nada del granguiñolesco y algo tramposete estilo de otros recientes filmes mágicos como El truco final El ilusionista o hasta El señor de las ilusiones Death defying acts (que tal es su título original) no esconde sus cartas clásicas: una historia de amor bien punteada, una química insospechada pero eficaz entre sus protagonistas (buena pieza este Guy Pearce) y la gran fuente de energía procedente de los secundarios, tanto el inmejorable Timothy Spall (que sigue bordando su rol de loser para todo, incluso ratoneramente como en Encantada como la joven Saoirse Ronan, ya descubierta en Expiación Si a esto se le añade el nada discreto encanto de la Edad de Oro de la magia y a la galesa bailando el tango, le donamos la tercera estrella desde nuestra chistera con mucho gusto. Mick Jagger, junto a Christina Aguilera durante un momento del documental ABC Joe Strummer: un punk al rojo vivo, según la cámara de Julien Temple M. DE LA FUENTE HMADRID. Hace poco más de cinco años, un tipo con una vieja chupa de cuero, unos pantalones de paño escocés más desgastados que los de Johnny Rotten, que ya es decir, y un imperdible en la solapa (del que colgaba una chapa con la A de la acracia) llamó a las puertas del cielo, le dejaron entrar, y cruzó el umbral del hotel de los corazones rotos, porque el suyo, su corazón, dejó de latir el 22 de diciembre de 2002. El tipo respondía al nombre de Joe Strummer (Joe el Rasgueador) y de ese corazón que dijo basta surgieron algunas de las canciones y las ideas más rebeldes, contundentes, radicales y bellas que ha dado el rock and roll. Strummer era la voz cantante (y bastante pensante) de los Clash, la endemoniada banda británica que se puso el punk (y a la biempensante Inglaterra de Thatcher) por montera. Uno de sus viejos amigos (y también frecuente en los ambientes del punk) el cineasta Julien Temple, ha llevado a la pantalla grande (o casi, porque se trata de un documental, título Joe Strummer: vida y muerte de un cantante que hoy se estrena en España) algunos de los retazos y jirones de ese músico temperamental, que mezcló el tupé con las barricadas, que le cantó a la Guerra Civil en Spanish Bombs que dio la alarma con London Calling que pidió una revuelta blanca en White riot y que le dedicó todo un disco a los sandinistas. Temple ha hilvanado una biografía del rockero punkie gracias a material de primera mano del propio Strummer, no ha caído en las trampas del sentimentalismo, y en cuatro trazos nos acerca a la vida y la obra del estudiante rebelde pero con causa, del okupa, del poeta (visitó la tumba de Federico en Granada) del artista que adoraba a Buddy Holly, a Gene Vincent, a Eddie Cochram, pero que también fue de los primeros en abrir de par en par las orejas al resto de las músicas del mundo. Un filme emocionante, a la altura del corazón de un rocker tirando a rojo y el combativo molotov de su música. Más información sobre la película: http: www. avalonproductions. es