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32 INTERNACIONAL VIERNES 4 s 4 s 2008 ABC Rafael L. Bardají BORRASCOSA inguna cumbre internacional es, por definición, un fracaso. Hasta nuestra diplomacia se complace con las tres palabras arrancadas al presidente Bush. La OTAN es una organización político- militar, que cuenta con la mayor y mejor maquinaria bélica de la Historia. Acumula más de tres millones de soldados, miles de aviones, carros de combate, buques de guerra, armas nucleares y se gasta una cantidad importante en defensa. Y, sin embargo, lleva dos años sin ser capaz de que sus miembros aporten media docena de helicópteros para Afganistán. Al mismo tiempo, la OTAN vive de lleno en un mundo global, donde las amenazas surgen en rincones muy alejados de sus bases y frente a las cuales sólo cabe una repuesta global. Estados Unidos ha venido defendiendo en los últimos dos años la necesidad de acercar a las estructuras aliadas a países tan distantes como Corea del Sur, Nueva Zelanda y Australia. Y hay quien, como yo, opina que Israel también debería ser otro invitado. La OTAN tendría que caminar hacia una organización de alcance global. Pero, por el contrario, en Bucarest sólo se ha podido invitar a Croacia y Albania, dos naciones que sin duda se lo merecen, pero que están muy lejos de añadir nuevas capacidades y horizontes a una Alianza necesitada de ambos. La OTAN decidió hace muchos años que sus decisiones sólo responderían al acuerdo de sus miembros y que ningún otro factor debería determinarlas. Así fue como se consumó la primera ola de ampliación hacia Centroeuropa, en contra de la opinión de Rusia. En Bucarest, los aliados no han sabido permanecer tan firmes, y la ampliación hacia el Este, incluida Ucrania, ha quedado en suspenso. El fantasma de Rusia ha pesado demasiado en algunos líderes. Y en cuanto a los refuerzos para Afganistán, los seiscientos soldados franceses anunciados son importantes, pero del todo insuficientes para cerrar una falla en la solidaridad entre aliados. Al final, una cumbre que se ha contentado con gestionar las muchas insatisfacciones mutuas y poco más. CUMBRE N Miles de norteamericanos desfilaron ante el cadáver de Martin Luther King para rendirle homenaje, tras su asesinato en 1968 AP Obama y el sueño de King Muchos creen que Luther King construyó un movimiento para luchar contra el sistema. Cuarenta años después, se ve a Obama sucesor del líder de los derechos civiles, aunque algunos apuntan que su estilo dista de su espíritu radical POR JOSÉ LUIS DE HARO SERVICIO ESPECIAL NUEVA YORK. El pasado 18 de marzo, el aspirante demócrata a la Casa Blanca, Barack Obama, deleitó a los estadounidenses con uno de sus más dignos discursos. En tan sólo 37 minutos, el senador de Illinois relacionó los asuntos clave de la historia estadounidense: igualdad, raza y religión. Todo un golpe de gracia para salir a flote de las controvertidas declaraciones de su consejero espiritual, el reverendo Jeremiah Wright. El racismo es un problema moral, un cáncer de espíritu, una enfermedad social reconoció Obama, el primer aspirante de color a la Presidencia estadounidense. Sin embargo, muchos no pueden evitar ver en dichas palabras el reflejo del verdadero líder estadounidense de los derechos civiles, Martin Luther King, asesinado en el balcón de su hotel en Memphis, Tennessee, hace hoy 40 años. Una vez más la violenta muerte de King sirvió de revulsivo para la sociedad norteamericana, que vivió una sorprendente rebelión de masas en numerosas ciudades del país. Pese a los más de 4.000 soldados que blindaron la Casa Blanca, las riadas de gente consiguieron mermar el poderío del presidente y llegar a poner en peligro la seguridad de todo un país. Muchos auguraron una guerra civil que finalmente quedó sumergida por el diálogo y la cooperación. Durante los años que separan a muerte de King de la actual carrera presidencial, buena parte de los políticos se han liado la manta a la cabeza y no han dudado ni un segundo en mostrar su simpatía hacia la figura del pastor que cambió la historia racial a este lado del Atlántico. Como si de un mero artilugio de marketing se tratase, las tácticas no violentas empleadas por King se han convertido en una herramienta para apostar por el cambio social mediante la cooperación y no la confrontación con el Estado. Sin embargo, a todos estos partícipes del circo político estadounidense parece habérseles olvidado que en el momento de su muerte, King no era considerado un conciliador. Más bien, según palabras de J. Edgar Hoover, director por aquel entonces de la Agencia Federal de Investigaciones- -FBI por sus siglas en inglés- tachó al líder de los derechos civiles como el negro más peligroso de América King consiguió erigirse en la imagen contra el racismo después de hacer renacer el Movimiento por los Derechos Civiles a mediado de los años 50. Por aquel entonces, la discriminación racial y la segregación continuaban siendo legales en buena parte de los estados del sur del país. La decisión en 1955 de la activista por los derechos de la población de color, Rosa Park, de no ceder su asiento en un autobús público en Montgomery, Alabama, tuvo como resultado un año de boicotes al transporte por parte de los residentes de color de la zona. El principal maquinador de esta campaña fue King, que por aquel entonces contaba con sólo 26 años. En agosto de 1963 el movimiento se extendió entre los universitarios que llevaron a cabo sabotajes similares en restaurantes y otros establecimientos. Durante ese mes, King encabezó una manifestación en la que un cuarto de millón de personas marchó las calles de Washington en busca de trabajo y libertad. Por aquel entonces los demócratas aprobaron la legislación de derechos civiles de 1964 y 1965 como una estrategia para incrementar su voto en los estados del sur. Sin embargo, buena parte de los demócratas controlaban administraciones en dichos estados, lo que despertó un conflicto dentro del partido. Rápidamente, el Movimiento para los Derechos Civiles comenzó a chocar con grandes empresarios, el Gobierno y otros grandes estamentos de la sociedad estadounidense. Fue a partir de este momento, alrededor de 1965, cuando King comenzó a radicalizar sus posiciones. Sus discursos en 1967 contra la Guerra de Vietnam, que ligó con los problemas nacionales sobre las injusticias raciales, hizo que las clases dominantes se le echaran encima. La revista Time pasó de nombrarle Hombre del Año a declararle antibelicista cuyo discurso podría formar parte de Radio Hanoi La imagen contra el racismo La revista Time dijo de sus discursos de 1967 contra Vietnam que podrían formar parte de Radio Hanoi