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ABC MIÉRCOLES 2- -4- -2008 Jorge Edwards, premiado en Buenos Aires por su novela La Casa de Dostoievski 77 DISCURSO ÍNTEGRO DEL PRÍNCIPE DE ASTURIAS Las gafas de doña Ana y los tres sentimientos de un admirable hijo Más allá de las grandes decisiones que se toman sobre mesas de caoba y sillones en piel en los fondos monetarios, o en el corazón financiero de las grandes ciudades, a muchos kilómetros de distancia subyace un fondo humano que lucha por sobrevivir día a día: la misión del obispo Enrique, Kike, Figaredo Alvargonzález, en Battambang, ciudad en la que desarrolla maravillosos proyectos de salud, educación, y para discapacitados. Motivo por el que ayer no pudo recoger su merecidísimo premio Vocento- -como el de Daniel Barenboim- -a los Valores Humanos. Lo hizo su entrañable madre, Ana Alvargonzález, que apenas si pudo sostener entre sus manos la rotunda escultura de Mariano Villalonga que le entregaron los Príncipes. Le ayudó Doña Letizia, hasta que les socorre el ayudante del Príncipe. Un respiro para que doña Ana pudiera hablar, pero entre la pulsión de los nervios se le olvidaron las gafas. Le acercan su bolso, les quita la funda y lee tres sentimientos escritos con el corazón de un admirable hijo: pura alegría, gratitud, responsabilidad. Solidaridad y entendimiento Con los premios a Enrique Figaredo y Daniel Barenboim, Vocento contribuye a difundir los valores de índole humanitaria que realzan y fortalecen nuestra muy preciada convivencia democrática nte todo quiero agradecer al presidente de Vocento su invitación para presidir, junto a la Princesa, este acto de entrega del premio Vocento a los Valores Humanos en su undécima edición. Gracias también por tus palabras, querido presidente. Permítanme mencionar que este acto se celebra precisamente en un día que tiene un significado muy especial para nosotros y para toda mi Familia al cumplirse el décimo quinto aniversario del fallecimiento de mi querido abuelo el Conde de Barcelona, a quien recordamos con emoción, cariño y gratitud. Con nuestra presencia queremos expresar el apoyo de la Corona a la labor de patrocinio e impulso a los grandes valores humanos que persiguen estos premios. Unos premios creados por Vocento para distinguir los méritos de las personas e instituciones que, con su vida, trayectoria o actividades, son un ejemplo claro para los demás. La promoción de los valores humanos en el mundo y en cada una de nuestras sociedades es, sin duda, una de las tareas más urgentes, necesarias y acertadas. Una tarea en la que todos debemos sentirnos involucrados, con la convicción de que en el fomento incansable de las mejores virtudes del ser humano, como persona y como ser social, titular de derechos y libertades fundamentales, radica la mejor garantía para asegurar la paz, la justicia, el progreso y la convivencia colectiva. Y hay muchos ejemplos de valores humanos que nos estimulan a luchar contra la violencia, la injusticia, la pobreza, la desigualdad y la intolerancia, que alimentan nuestra confianza en la construcción de un mundo cada vez más complejo, pero también más ávido de libertad, concordia y solidaridad. Precisamente estos premios persiguen difundir e impulsar ejemplos de valores humanos en nuestra sociedad, para combatir ese permanente riesgo de deshumanización en que, como decía Ortega y Gasset, vive el hombre. En esta edición de 2007 el A ejemplo nos lo aportan la vida y obra de los dos galardonados con el premio Vocento a los Valores Humanos. Dos personalidades tan relevantes como el padre jesuita monseñor Enrique Figaredo, modélico, abnegado e incansable defensor de grandes causas en Asia, y don Daniel Barenboim, genial y brillante músico, al tiempo que admirable y tenaz luchador por la paz. El padre Figaredo es un gran impulsor de la solidaridad y de los derechos humanos. Ha sabido dedicar su vida a ayudar a los más desfavorecidos entregándose a ellos con una generosidad encomiable y ejemplar. Desde que fuera destinado a Asia por primera vez en 1985, como voluntario del Servicio Jesuita para Refugiados, hasta su nombramiento como prefecto apostólico de la región camboyana de Battambang en 2001, ha desarrollado una labor humanitaria sobresaliente, que merece el mayor reconocimiento y la gratitud de todos. na labor por la que en 2004 recibió la Gran Cruz de la Orden Civil de la Solidaridad de manos de Su Majestad la Reina, quien en febrero pasado pudo comprobar in situ la dimensión de la obra del padre Figaredo cuando visitó los proyectos de la Cooperación Española en Camboya. De nuestro premiado, destaca el trabajo que realiza, en el ámbito de los servicios sociales y de la educación, tanto en Camboya como en la vecina Tailandia, a favor de tantos refugiados y mutilados de guerra. Allí ha aliviado el sufrimiento y ha abierto nuevas oportunidades para tantas vidas desgarradas por la crueldad, la miseria y el infortunio. Vidas de tantos jóvenes que, gracias al esfuerzo y compromiso de monseñor Figaredo, llegan a recuperar la sonrisa y la esperanza. Su profunda e intensa vocación al servicio de la dignidad humana se convierte así en un inmenso caudal de solidaridad y ayuda hacia los más necesitados. Y su grandeza de corazón se traduce en la definición que él mismo hace de su misión: Lograr que la vida sea una fiesta do en el mutuo respeto y el aprecio, del que nacerían diversas y valiosas iniciativas. A Said también hoy le dedicamos un recuerdo muy especial y emocionado. Entre esas iniciativas, permítanme destacar el WestEastern Divan Workshop por el que ambos recibieron conjuntamente el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2002. Al recibir aquel premio, Barenboim afirmó que la concordia se expresa con música. La orquesta exige que los músicos se escuchen, que ninguno intente tocar más alto que otro, que se respeten y se conozcan Hoy, como entonces, quiero reiterar al maestro Barenboim los mejores deseos de fructífera continuidad en su ambición de concordia- -que todos compartimos- -por una tierra dolida por la historia y tan herida en su presente reo oportuno recordar, además, sus lazos de afecto con España, que se intensificaron, aún más, cuando el Divan decidió situar su hogar permanente en Sevilla. Y el cariño que siente por nuestro país le llevó a ofrecerse para dirigir el concierto en homenaje a las víctimas del brutal atentado terrorista del 11 de marzo, que se celebró en la Plaza Mayor de Madrid el mismo año 2004. En definitiva, el profundo sentimiento humanista que marca su exitosa trayectoria musical, su permanente e intensa pasión por la paz, merecen, más que de sobra, que le dediquemos al maestro Barenboim nuestra felicitación sincera y calurosa, llena de reconocimiento y gratitud. El jurado que ha elegido a ambas personalidades ha mostrado una gran sensibilidad al señalar el mérito, tanto de quienes tratan de resolver en la medida de sus fuerzas los conflictos, como de quienes trabajan silenciosamente en favor de los abandonados y relegados en zonas duramente castigadas y empobrecidas por las guerras. Por tanto felicidades al jurado por la elección acertada de monseñor Enrique Figaredo y don Daniel Barenboim, que enriquecen notablemente el elenco de los galardonados con estos premios en otras ediciones. Con ellos, Vocento contribuye a difundir los valores de índole humanitaria querealzan y fortalecen nuestra muy preciada convivencia democrática. Gracias por hacerlo y os animo a perseverar en esa noblelabor quesupone fomentar los valores humanos al servicio de la construcción de un mundo más solidario y de una España cada vez mejor. JAIME GARCÍA C La promoción de los valores humanos en el mundo y en cada una de nuestras sociedades es, sin duda, una de las tareas más urgentes, necesarias y acertadas U Don Felipe y Doña Letizia entregaban los premios Vocento en un día con un significado muy especial para nosotros y para toda mi Familia recordó el Príncipe de Asturias. Se cumplía el décimo quinto aniversario del fallecimiento de su querido abuelo el Conde de Barcelona, a quien recordamos con emoción, cariño y gratitud Y a pocos metros de allí, bajando la Real Fábrica de Tapices, se desemboca en la calle Téllez, trayecto doloroso, imborrable, del terror que golpea la memoria, y en el que se dejaron la vida 63 personas el 11 de marzo de 2004. Don Felipe recordó cómo el maestro Barenboim se ofreció para dirigir el concierto de homenaje a las 192 víctimas de un criminal atentado terrorista que jamás logrará borrar el aire de la libertad. para todos especialmente para los niños. Hoy le dedicamos, por ello, nuestro mayor afecto y admiración y le felicitamos por este premio que hoy recibe- -y que recoge en su nombre su querida y orgullosa madre, doña Ana- Nuestro segundo premiado, don Daniel Barenboim, ha sabido volcar su extraordinario prestigio internacional como pianista y director de orquesta, en una incansable lucha a favor de la paz y de la reconciliación entre palestinos e israelíes. on Daniel Barenboim no sólo se ha propuesto fomentar la coexistencia pacífica entre ambos pueblos, sino que ha querido llegar mucho más lejos. Está profundamente persuadido de la capacidad de la persona- -cualquiera que sea su origen nacional- -para el entendimiento y la amistad. Entendimiento y amistad nacidos de la ilusión profesional y del trabajo compartidos, bajo el aliento de la formidable trascendencia de la música y de su poder de integración. Una convicción que cultivó con Edward Said, con quien desarrolló un valioso intercambio de ideas y opiniones, basa- D ABC. es Todos los discursos del acto, íntegros, en www. abc. es