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ABC MIÉRCOLES 2- -4- -2008 Arranca la IX Legislatura s La sesión constituyente en el Congreso ESPAÑA 13 A diferencia de su toma de posesión como ministro, esta vez no arroparon a Bono ni su familia ni Raphael gún momento evitó cruzarse con José Luis Rodríguez Zapatero, no prodigó excesivos gestos de complicidad con los suyos, aunque sí intercambió confidencias con la ungida Sáenz de Santamaría. A distancia y en una remota quinta fila casi de gallinero se instaló Manuel Pizarro, que aprovecho los paseos de cada una de las votaciones para charlar con Jorge Moragas y Miguel Ángel Cortés. También tiró al monte Eduardo Zaplana, en lo alto del graderío, descolocado por la renovación José Luis Rodríguez Zapatero llegó a la Carrera de San Jerónimo al filo de las diez de la mañana, con corbata blaugrana y guarecido por María Teresa Fernández de la Vega. Toda una declaración de intenciones para un curso político que el presidente in pectore (y en funciones) recibió a su manera: con un guiño a los periodis- Zapatero, con De la Vega tas y saludos algodonosos. Casi a la vez llegó al recinto Alfredo Pérez Rubalcaba, esfinge indescifrable, junto a un Jesús Caldera más relajado que en días anteriores. O ya sabe que tiene hueco en el Gobierno o ha interiorizado que está fuera. El resto del gabinete en funciones no se retrató en sus gestos, a expensas de cómo rellene la quiniela el jefe. Salvo la exultante Carme Chacón, que luce embarazo saludable y sabe ya que el niño trae cargo debajo del brazo. La felicitó efusivamente Luisa Fernanda Rudi, rescatada de Europa por el PP para la política nacional. Entre los nuevos parlamentarios, Rosa Díez acaparó flashes antes de instalarse en el concurridísimo grupo mixto. También derrochó entusiasmo María Jesús Bonilla, diputada de estreno del PP. Los nacionalistas, otra vez bisagra se dejaban querer: Erkoreka y los suyos ya metidos en chiqueros en pos de acuerdos ventajosos, los de CiU con seny y los de Esquerra con la tabarra de sus promesas por imperativo legal y en catalán. Rajoy juró como diputado. Zapatero prometió. Bono se decantó por el juramento, en línea con su discurso fronterizo de patriota desacomplejado. Representativo del fair play que ayer se respiró en el Congreso. Por un día. MINORÍA AGRAVADA El PSOE no pudo o no quiso dar a Bono una elección cómoda, pero tendrá que recurrir a los nacionalistas para evitar a Zapatero que pase el mismo trago cios prestados y méritos contraídos. La novena legislatura empezó movida y apunta maneras para ser tan dura como la anterior por la obligada confrontación PSOE- PP, que conllevará además las consecuencias políticas de una crisis económica que ha podido influir poco en las elecciones pero que, acrecentada y cada vez más evidente, protagonizará el segundo mandato de Zapatero. El grupo socialista afrontó las primeras votaciones sin poder o sin querer asegurar una mayoría cómoda para Bono. Y a pecho descubierto, con sus 169 diputados, se conformó con una primera derrota que encajaba el nuevo presidente del Congreso. Expertos en darle la vuelta a los problemas y pese a las caras de circunstancias del interesado y del nuevo responsable de la estabilidad parlamentaria del Gobierno, José Antonio Alonso, los socialistas argüían que así demostraban su independencia y que esta vez no caerán en hipotecas con los nacionalistas. Pero los necesitan, al menos a siete, para sumar las mayorías absolutas que requieren los proyectos importantes. El PSOE, con Rubalcaba de portavoz y 164 escaños, sumó 202 votos en 2004 para que Manuel Marín presidiera el Congreso. Aunque a partir de hoy los socialistas se esfuercen en evitar a Zapatero ser rechazado en primera votación- -y para eso tendrán que hacer cesiones a PNV y BNG o IU- -ya han empezado con mal pie. Además, quedó constancia de que tendrán que recurrir en el futuro al bloque de izquierdas y nacionalistas que en la pasada legislatura funcionó como una apisonadora contra el PP y los consensos de la Transición. El PP recuperó reflejos y presentó a su propia candidata para que quedara evidencia de su propio peso. Por las paradojas de la política o la personalidad de Bono, resulta que con cinco escaños más Zapatero puede tener más problemas en el Congreso que antes. Es una minoría agravada. Ángel Collado L a legislatura que Zapatero quería presentar como la del consenso y el diálogo de verdad arrancó con la elección del presidente del Congreso con menos apoyo de la democracia, el presidente del Gobierno amenazado con necesitar una segunda votación para salir investido, los nacionalistas molestos con la nueva minoría mayoritaria, los diputados del PSC votando a regañadientes al candidato del PSOE; Llamazares, mohíno, mendigando para que le pongan un grupo mixto, y los parlamentarios más veteranos de la oposición, recelosos ante tanta renovación interna sin atención a los servi- Más información sobre la sesión constituyente en http: congreso. es