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ABC MIÉRCOLES 2 s 4 s 2008 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA BONO, EN LA HORNACINA UALQUIER político que no fuese José Bono vería colmadas de sobra sus aspiraciones encaramado a la Presidencia del Congreso, después de haber mandado en su tierra hasta cansarse y dirigido la Defensa nacional y los tres ejércitos. Pero el manchego no se va a quedar quieto en la honorable hornacina a la que lo ha mandado Zapatero para dorar al santo por la peana y retirarlo al tiempo del incordio y la discrepancia; está todavía en buena edad y aunque tiene cara de prócer o de arzobispo no se va a conformar con convertirIGNACIO se en un retrato de galeCAMACHO ría como los de Besteiro o Romero Robledo. El organismo de Bono vive de la fotosíntesis de los focos, como una planta que generase clorofila bajo la luz del primer plano, y no es difícil aventurar que desde la alta magistratura en que su partido pretende recluirlo acabe generando un influyente contrapoder con la mirada puesta en el postzapaterismo. Por eso muchos diputados socialistas, que lo detestan como sólo se odia en política al compañero de filas, le habrían negado ayer su voto igual que los nacionalistas, de haber podido romper la disciplina de partido. Al menos uno de ellos lo hizo en el anonimato de la votación en conciencia- -las sospechas recaen sobre el decano Alfonso Guerra- -para quedarse a gusto y pasar con puñaladita de pícaro una de esas facturillas que se quedan pendientes en los recovecos de la intrahistoria. Y desde luego Pepe Blanco, que tampoco es lo que se dice un bonista fanático, no ha puesto en la negociación de la Cámara todo el interés que va a poner para lograr el respaldo de CiU y PNV en la investidura de Zapatero. Lo querían tostar un poco a la brasa, marcarle territorio, pero acaso sólo hayan conseguido proveerle de munición para jugar sus propias bazas, porque Bono acabará condecorándose la pechera con la abstención nacionalista, como parte de su hoja de servicios a la Patria. Colocado por Zapatero en la poltrona más neutra posible, según el tosco principio de Johnson con Hoover- más vale tener al indio dentro de la tienda meando para afuera que fuera meando para adentro el nuevo presidente de las Cortes proyectará siempre sobre el Gobierno la sombra de aquella noche congresual en que González y Guerra, cada uno por separado y al grito de que no cruce el Tajo decidieron cerrarle el paso por exigua diferencia para evitar un big- bang en la vieja guardia socialista que al final acabó ejecutando el propio ZP Para haberle cortado el avance no salió del todo mal parado- -ministro de Defensa y ahora tercero en el escalafón del Estado- pero cuando la ambición de un político se perfila con tanta claridad nunca parece existir cargo capaz de colmarla, salvo uno. Probablemente Bono nunca lo alcanzará, aunque en su fuero interno jamás desista de intentarlo, si la ocasión llega. De todas maneras, quienes creen haberlo neutralizado deberían mirar con detenimiento un mapa: para llegar de Toledo a Madrid no hace falta cruzar el Tajo. C EL RECUADRO EL CHIKICHIKI NO ENCIENDE MECHEROS N un teatro a oscuras, antes de que comenzara la representación, me he acordado de cuando nosotros los de entonces éramos los mismos y encendíamos mecheros, como llamas votivas, como velas de promesa, como en una sentada e inmóvil procesión civil, cuando estábamos escuchando a un artista que nos iba diciendo una canción cuyos solos primeros compases aplaudíamos, porque nos emocionaba, porque sus palabras expresaban lo que todos sentíamos y muy pocos se atrevían a decir. Recitales de los cantautores, organizados por unos locos de actividades culturales del colegio mayor, de la facultad, o por un cura comprometido que tenía el pretexto legal de una obra social. Aquellos mecheros encendidos eran como llamitas de esperanza por lo que había de venir en una época en que los versos de las canciones eran como pancartas o proclamas: A cabalgar hasta enterrarlos en el mar Tiene que llover a cántaros María, coge la rienda de la autonomía Era algo más que la murga de los currelantes. Hasta que estuve en el escenario de un teatro a oscuras no supe lo que, vistos desde las tablas, podían significar para el artista ANTONIO aquellos mecheros encendidos, aunBURGOS que nosotros, desde el patio de butacas, no lo sabíamos entonces. Desde el escenario, alumbrado por los focos, deslumbrado por las candilejas, el artista contempla sólo un enorme agujero negro, donde intuye que está el público, los que han venido a oír sus palabras. Pero no puede distinguir ni butacas ni platea, ni anfiteatro ni paraíso. Sólo cuando se enciende una luz, una única luz, una luz potente e intensa, puede divisar algún punto en aquel inmenso agujero negro. Alguna vida en aquel magma como galáctico de un universo sin sol. ¡Qué de cosas le dirían los mecheros encendidos a los artistas que nos emocionaban con sus palabras, a los cantantes que le ponían su voz a los versos que todos sentíamos! Pienso en los cantantes de todo un capítulo de la historia de España, en Luis Llach, en nuestro recordado E Carlos Cano, en Serrat, en Hilario Camacho, en María del Mar Bonet, en Pi de la Serra, sobre todo en Paco Ibáñez. ¡Cuánta poesía española clásica y contemporánea comunicaron con sus canciones! Poesía en sentido estricto, como es el caso de Carlos Cano, que le puso música a muchos poemas arábigo- andaluces o a qasidas del olvido de García Lorca. O como, símbolo de toda una época, hizo Paco Ibáñez, el juglar que con su obra nos acercó a poetas entonces malditos y poco menos que inaccesibles en sus versos, como Miguel Hernández, Alberti, Cernuda, León Felipe. O a coetáneos cuyos versos lograron la universalidad del conocimiento gracias al mester de juglaría del cantor Ibáñez, como José Agustín Goytisolo, Gabriel Celaya o Gloria Fuertes, a quien siempre, en los discos de culto que teníamos en casa, era como si estuviéramos oyendo en el Olympia de París, templo simbólico de las libertades con que soñábamos. Como ya casi todos nos hemos quitado del tabaco, no se encienden mecheros cuando en un teatro de sueños se cantan coplas que nos emocionan, porque desgranan nuestros sueños. No hay mecheros que encender porque tampoco hay cantantes que reciten nuestras esperanzas en la melodía que le han puesto a los versos de un poema de Miguel Hernández. Han querido que Andaluces de Jaén cantado por Ibáñez, sea el himno del Santo Reino, en esta España cuyo himno nacional no tiene letra. No estamos para himnos ni para mecheros, porque el futuro no es lo que iba a ser y las canciones que ahora entusiasman, qué barbaridad, son el breinkindán, el cruzaíto, el maiquelyacson y el robocop. En la España del chikichiki, ¿quién va a encender, emocionado, un mechero en la oscuridad de un teatro? Los hijos y nietos de los que encendían mecheros cuando cantaba Paco Ibáñez saltan y brincan en la oscuridad de la discoteca. De los versos para Julia de Goytisolo hemos pasado a la cantinela de lo bailan en la cárcel, lo bailan en la escuela, lo baila mi madre y también mi abuela ¿Seguro que lo baila tu madre y lo baila tu abuela? Tu madre y tu abuela, cuando lo oigan, seguro que te dicen, porque se acuerda de sus sueños, que hay que galopar, hasta enterrarlos en el mar...