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72 CULTURAyESPECTÁCULOS LUNES 31 s 3 s 2008 ABC Ópera Bajazet Música: Vivaldi. Int. Ch. Senn, V. Genaux, R. Basso, M. G. Schiavo, M. de Liso, L. Cirillo, Europa Galante. Dir. F. Biondi. Lugar: Teatro Real. Fecha: 27- 03- 08 Versos satánicos, bomba teatral Postdam acogió ayer, entre fuertes medidas de seguridad, el estreno mundial de la versión teatral del libro de Salman Rushdie. Con un buen texto y buenos actores, lo único que ha conseguido la alarma es congregar a la prensa y vender todas las entradas POR RAMIRO VILLAPADIERNA CORRESPONSAL POSTDAM (ALEMANIA) El montaje es bueno, el texto superior, algunos de los intérpretes excelentes, ¿justificaba ello la avalancha de prensa? La atención habitual a las candilejas lo contradice, pero es que éste era drama que podía acabar en tragedia, de ahí finalmente lo cómico: un teatro lleno de periodistas. Y ningún vengativo terrorista a tiro. Cuando hace 20 años aparecieron los Versos satánicos el apenas conocido autor indio Salman Rushdie halló, probablemente sin buscarlo, el mejor agente que podría haber soñado: Jomeini. Una fétua no es una broma ni un truco escénico, es un dictamen irreversible que exigía la muerte del blasfemo. El éxito global a cambio de la muerte suena a pacto fáustico, del más famoso de los cuales- -el de Goethe- -se celebraba por cierto el mismo día de ayer, no 20 sino 200 años. Numerosos teatros en todo el mundo germánico ofrecieron el sábado y domingo una versión de Fausto en homenaje al abrasivo genio alemán. El nuevo Hans Otto Theater de Potsdam vio ayer con morbosidad, primero, y aplaudió con admiración después, el estreno mundial de la primera dramatización de la perseguida obra de Rushdie. Los musulmanes suelen encontrar afrentosa la escena soñada de un profeta, obvio trasunto de Mahoma, que desea unanuevareligión interpenetrada de ideas mundanas y terrenales, lo que sin embargo contradice otra escena en que se critica el exceso de normativa terrenal. No ya una bomba o al menos un asesinato: ni una mísera pancarta, ni una protesta, en una capital que tiene su pequeño Estambul y parejas de policías paseaban al perro, como muchas otras parejas a la orilla del lago de Wannsee. Patentes, pero discretos. El Consejo Central de los musulmanes había pedido a los suyos flema y prudencia, no sin obviar que encontraba el texto ofensivo: Pero la mayor parte de los musulmanes están contra la censura En el vecino lago de Lietzensee, en tanto, ha desaparecido desde hace días una artista rusa muy crítica con Putin y ya desearía su marido haber logrado la mitad de atención mediática que este estreno. En éste, una dramaturgia moderna introduce al propio Rushdie en el diálogo original entre la fe y el precepto, modernidad y reacción, revelación y costumbrismo moral; un montaje seco y minimalista, mueve bien grupos y planos, pese a problemas de visibilidad planteados por las butacas empleadas, sorteando sin angustia las tres horas y media. La interpretación es suficientemente desmesurada, destacadamente la del Gabril devenido arcángel Gabriel (Robert Gallinowski) y el de Salman, el propio personaje de Rushdie (Toks Körner) no así el otro amigo trocado en demonio, que lo lleva peor. No había ningún indicio de alarma, como subrayó la policía; tampoco de que fuera a acudir Salman Rushdie: No contestó a la invitación de hecho, reconocía el guionista y director Uwe Eric Laufenberg. Aquí casi vendría al hilo lo que responde en el desenlace el personaje de Gabriel: Putas y escritores... ¿y cual es la diferencia? Así que como probablemente, sin hacer rodar estos bulos, una buena pieza en sí no obtiene titulares y, por tanto, tampoco festivales a los que ir; y el teatro tiene que vivir de algo que claramente no pueden ser los espectadores, pues hay que hacer Teatro con mayúscula, en el esceneario, pero aún más teatro con minúsucula, del que muestra ligas y refajo, para épater les bourgeois de hoy y ver si algún pobre musulmán se ofende. Y esto es lo único que no consiguió. Narradores ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE Es lógico que en un mundo en el que se impone lo natural, el respeto al medio, la preservación del entorno y se huye de lo sofisticado tenga éxito la interpretación musical con viso de autenticidad. Aún a riesgo de caer en una pureza descafeinada. Para evitarlo está el intérprete o, lo que es igual, el dueño de esa cocina que cuando se hace creativa y maneja buena materia se convierte en algo excelso. Por no ir más lejos el ejemplo lo acaba de poner Fabio Biondi al frente de varios solistas y su grupo Europa Galante, quienes han ofrecido en el Teatro Real la versión en concierto de Bajazet la ópera de Antonio Vivaldi. Que pusieran al público en pie tras convertir tres horas y media en un instante, confirma, además, que no hay obras largas sino medios imperfectos. Y el de los italianos no lo es porque con ellos la música fluye con una soltura asombrosa. Nunca mejor dicho aquello de que todos cuantos estuvieron sobre el escenario lo hicieron con alma de solistas y oído colaborador. Sólo así cabe imaginar un conjunto igualado, que respire con un sólo aliento y que este se propague a través de un color, una flexibilidad expresiva y una intención semejantes. Importó la densidad, cierto italianismo, siempre tan proclive al decir con encanto y, sobre todo, un sentido de la retórica fiel a las indicaciones del libreto. Además, de un reparto vocal acertadamente caracterizado. Sólo algún detalle. Vivica Genaux quien con sus agilidades Qual guerriero in campo armato extensión y cercanía dejó sobre el escenario la dosis adecuada de espectacularidad. Y Romina Basso, un Tamerlano grave, preciso In si torbida procella amenazante Cruda sorte y hasta furibundo Barbaro traditor es decir abierto al rigor de los afectos. Conseguir que estos, aun siendo de procedencias tan distintas dada la naturaleza de pasticcio de la obra, adquirieran tal homogeneidad es el gran mérito de Fabio Biondi. No es por casualidad que dirigiendo desde el violín y apenas con los gestos precisos fuera capaz de conseguir tan alto rendimiento. La policía alemana hace guardia ante la puerta del teatro, en Postdam REUTERS Homogeneidad Berganza, Dessay, Florio y Chausson, premios Líricos Teatro Campoamor S. G. MADRID. Ayer se fallaron en Oviedo los III premios Líricos Teatro Campoamor, organizados por la Fundación del mismo nombre, que preside Inés Argüelles, ex gerente del Teatro Real. Otorgados por un jurado constituido por críticos musicales pertenecientes a diversos medios de comunicación, especializados o de información general, su objetivo es el de reconocer la creciente y sólida actividad, tanto de ópera como de zarzuela, que actualmente se desarrolla en nuestro país centrándose cada año en la producción lírica de la temporada anterior. El premio en la categoría reina, a toda una carrera, recayó en la mezzo Teresa Berganza; mientras que el reconocimiento a una institución o persona que haya constribuido muy significativamente al mundo de la lírica fue a parar al Orfeón Donostiarra. En el resto de los apartados, el premio a la mejor dirección musical fue concedido a Antonio Florio, por L Ottavia restituita al trono de Scarlatti; la mejor dirección de escena de la temporada pasada fue, según el jurado, la de Giancarlo del Monaco, por Cavalleria Rusticana y Pagliacci presentada en el Teatro Real; la mejor nueva producción fue la presentada, en el Palau de les Arts de Valencia, por la Fura dels Baus, por los espectaculares El oro del Rin y La Valquiria el premio a mejor cantante masculino recayó en el bajo español, Carlos Chausson, por Il burbero di buono cuore mientras que el jurado coronó como mejor cantante femenina a la soprano francesa Natalie Dessay, por su Manon del Liceo. El joven Gabriel Bermudez fue elegido como cantante revelación, y la canaria Nancy Fabiola Herrera como mejor cantante de zarzuela, por La bruja en el apartado masculino, el premio recayó en Enrique Portal, por La rosa del Azafrán De manera extraordinaria, se concedió el premio Especial del Jurado In memoriam al musicólogo y crítico fallecido recientemente Luis G. Iberni. La entrega de galardones tendrá lugar a finales de agosto en el Teatro Campoamor, en una gala dirigida por Giancarlo del Monaco.