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ABC LUNES 31- -3- -2008 Publio López Mondéjar pronunció ayer su discurso de ingreso en Bellas Artes 69 crear una nueva ciudad que nos haga soñar. Tenemos que afrontar inmensos problemas. -El barón Haussman podía construir por decreto policial. Hoy es imprescindible construir contando con equilibrios y políticos mucho más complejos. -Equilibrios que pueden llegar a ser paralizantes. Siempre he sido partidario del diálogo entre ciudadanos, políticos, urbanistas y arquitectos. Pero en algunas grandes ciudades, como ha ocurrido en París, en algunas ocasiones, un minúsculo comité de barrio, con intereses liliputienses, puede paralizar grandes obras que muchos consideraban y consideran indispensables. -Quizá. A nosotros corresponde hacer más habitables las nuevas construcciones, ofreciendo nuevas soluciones, ofreciendo lugares más atractivos para vivir. -En París, los ciudadanos siguen prefiriendo los apartamentos de la gran época haussmaniana, mucho más caros y vivibles que los apartamentos modernos, construidos en grandes torres, frente al Sena. Proyectos estrella Entre las grandes realizaciones de Nouvel se encuentran el Instituto del Mundo Árabe de París, que le hizo saltar a la fama en 1981; el Centro Cultural de Lucerna (Suiza, 1993- 2000) la ampliación del Museo Reina Sofía (Madrid, 1999- 2005) la impresionante Torre Agbar (Barcelona 1999- 2005) el Guthrie Theater (Minneapolis, EE. UU. 1999- 2006) el edificio de apartamentos de la 40 Mercer Street (Nueva York, 2001- 2007) Actualmente construye la Torre Verre, adyacente al MoMA (Nueva York) y el Museo Louvre de Abu Dabi, ambos proyectos comenzados el año pasado. el sentido más diminuto del término. El arquitecto dialoga a cada instante con una realidad múltiple, compleja, a la que él intenta aportar un sentido. CAPITAL RIESGO Esta es la breve historia de una maquinaria empresarial bien engrasada capaz de producir, solo en ocasiones, arquitectura de extraordinaria calidad cfort y un hotel de 250 camas en Nueva York son algunos del los últimos trabajos del nuevo premio Pritzker. La última vez que estuve en París, Pélissié, socio de Nouvel y propietario de su Atelier, había reservado la mejor mesa en el restaurante del Instituto del Mundo Árabe, su primera obra significativa, él y Hala Warde se sentaron de espaldas al Sena. Disculparon la ausencia de Nouvel. No ha podido venir, está cenando con el ministro del Interior Pélissié escogió el vino de su propia cosecha y habló de España y de cómo había recuperado la empresa en tiempos de crisis. Ahora, Nouvel no se preocupa por el dinero, tiene un buen coche, avión privado, un ático de 400 m 2 en la mejor zona de París, cinco tarjetas de crédito sin límite y va por su tercera mujer. Es un artista, estamos entre los tres mejores del mundo. Parece que la ansiedad por triunfar, este año, se ha visto recompensada definitivamente convirtiendo, una vez más, el Pritzker en un reconocimiento a la popularidad. A pesar de esto, hay que admitir que el arquitecto francés asume un riesgo constante por la investigación. Manifiesta una envidiable capacidad performativa alejada de lenguajes redundantes. La estrecha relación que Nouvel ha mantenido con la desmaterialización de la arquitectura, con su acuñada transparence alcanza, en ciertos casos, mayores grados de implicación, de riesgo. Algunas ideas han permanecido constantes desde que aquel joven arquitecto sorprendió con el Instituto del Mundo Árabe en 1981. En esta huida pendular de un extremo al otro, de un concepto a su contrario va recorriendo el mundo. De La Coruña ya pudimos hablar en otra ocasión, una lástima. París, Roma, otra vez Tokio, Luxemburgo, Prato, Bergamo, Pekín, Suiza, Tel Aviv y al fin Estados Unidos, Pittsburg y Nueva York, por dos veces, y ahora en Castilla la Mancha. La máquina progresa adecuadamente alimentada de un talento pragmático que no tiene miedo a perder. En fin, otro premio Pritzker para los medios de comunicación. ¿Existe un estilo Jean Nouvel? ¿Un estilo. Quizá, si, se trata de ser fiel a unas ideas básicas, adaptadas de distinta manera en distintos lugares. Lo que yo intento, desde siempre, es hacer visibles, dialogando, distintas realidades del pasado, la historia, el presente y el futuro, dando nueva vida a distintos espacios. Quizá mi obsesión primera sea ser fiel al espíritu de mi época, utilizando materiales quizá más efímeros que los utilizados en otras épocas, como la piedra, intentando revelar y buscar y dialogar con los espíritus y los genios del lugar. Arturo Franco La dudosa ampliación del Museo Reina Sofía en Madrid, la Torre de la Diagonal en Barcelona, el Museo de Artes Primitivas en París, un centro de entretenimiento urbano en Frán- ¿Existen todavía el espíritu de la tierra, los genios del lugar, en unos territorios donde solo crecen torres y rascacielos de cemento, acero, vidrio y otros materiales comtemporáneos? -Siempre he creído en las identidades locales. El arquitecto esté obligado a contar con ellas, para echar muy hondos los cimientos de sus edificios. -Cuando usted construye en Manhattan, ¿es un arquitecto francés que construye en EE. UU. o un arquitecto apátrida que construye en un espacio cosmopolita? -Durante siglos, el arquitecto estuvo consagrado a glorificar el poder político. Véase, en París, el Louvre, la perspectiva de los Campos Elíseos o el Arco del Triunfo. ¿A la gloria de quien construye el arquitecto de nuestro tiempo? -En Manhattan, los genios del lugar hablan de esa verticalidad fabulosa. Hay una música, un espíritu, una lógica de la verticalidad en Manhattan. Y cada arquitecto que llega debe aportar su grano de arena, su manera de hacer en aquel bosque de torres verticales. -Construir cuesta mucho dinero. Las obras públicas son indisociables del poder político. El príncipe, el rey, el político de otro tiempo, tenían poderes excepcionales. En nuestro tiempo, el político también intenta influir y quizá influya en las obras públicas. El arquitecto, por su parte, debe intentar traducir el espíritu de una época, a través de los materiales de su época. En nuestro tiempo, no todo es oficial ni político en