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ABC LUNES 31- -3- -2008 Bagdad acoge con alivio la llamada del líder chií rebelde Sadr a dejar la lucha 27 El presidente Sarkozy ha dado a entender que Francia podría aumentar su número de soldados en suelo afgano cuentra en estos momentos Afganistán se creó cuando todos nuestros amigos nos abandonaron en los 90 después de la retirada de la Unión Soviética, cuando el país se hundió en una espiral de guerras civiles entrecruzadas hasta el establecimiento del siniestro régimen de los talibanes. El ministro aseguró que su Gobierno desea disponer cuanto antes de la capacidad necesaria para pasar de operaciones dirigidas y ejecutadas por la OTAN, a operaciones dirigidas por el Gobierno afgano y llevadas a cabo con apoyo de la Alianza La afganización de la guerra es, en efecto, una aspiración compartida por todos los actores, pero por ahora no es una opción realista a corto plazo, puesto que los afganos vivimos en un vecindario muy peligroso Las autoridades afganas esperan que ahora que ha empezado la primavera se reactiven los insurgentes talibanes y sus aliados de Al Qaida, que este año piensan que pueden situar sus áreas de operaciones en las regiones del este y del norte, donde hasta ahora se ha mantenido la calma. Por ese motivo los norteamericanos han trasladado parte de sus tropas al sur, que es donde el año pasado había más actividad bélica. La reactivación de la guerra en el norte podría poner en dificultades políticas a uno de los principales contribuyentes de la misión como Alemania. Sin embargo, desde el punto de vista de la OTAN los principales problemas siguen estando en el sur, debido a la frontera con Pakistán, y todavía no se sabe cómo van a cubrirse las necesidades de tropas en esa región, después de que Canadá anunciase que no prolongará el mandato de las suyas, puesto que no se había manifestado ninguna otra oferta para relevarlas. El presidente francés, Nicolás Sarkozy, ha dado a entender que está dispuesto a comprometer un contingente significativo de tropas de combate, pero por el momento no ha hecho público en qué condiciones ni en qué áreas. No se descarta que lo haga en la cumbre de Bucarest. Un policía afgano camina delante de una manifestación de campesinos de la etnia Hazara, ayer en Kabul AFP Espera agridulce en Kabul En siete años Afganistán ha ganado algunos progresos materiales, pero el país aún vive una inseguridad descontrolada y las muertes de civiles se mantienen en niveles altos, mientras permanece la esperanza de que por fin llegue la ayuda prometida POR MIKEL AYESTARÁN ENVIADO ESPECIAL KABUL. El viejo y abandonado aeropuerto de Kabul es ahora un coqueto edificio azul y blanco en el que un gran cartel que reza welcome to Kabul da la bienvenida a los cientos de viajeros que aterrizan cada día. Tras muchos años de uso restringido para vuelos militares, ahora está abierto a las compañías privadas que, debido a los problemas de seguridad que hay en el país para moverse por carretera, han florecido y aumentado su oferta a destinos nacionales e internacionales. El control de pasaportes con cámaras para fotografiar a cada recién llegado, una policía debidamente uniformada, aun sin desprenderse de los trajes grises de invierno pese a la buena temperatura, una cinta para equipajes y hasta un diminuto duty free completan un paisaje de normalidad que continua cuando el taxi enfila rumbo a la capital y no da un solo brinco porque la carretera está, por fin, asfaltada. En la radio, el comentarista habla de la cumbre de la OTAN y de la posible llegada de más tropas a suelo afgano. Este país va a seguir con mucha atención el encuentro de Bucarest, pero no se hace grandes esperanzas, porque como ya ocurrió en cumbres pasadas, Kabul parece demasiado alejado del resto del mundo. Hoy es Bucarest, pero hace tan solo dos años todas las miradas estuvieron puestas en Londres, donde se firmó el Acuerdo de Afganistán y los países donantes acordaron una ayuda de 10.500 millones de dólares. El resultado de estas grandes citas, sin embargo, no acaba de plasmarse sobre el terreno. Se cumplen siete años desde la caída del régimen talibán y aunque la capital, Kabul, empieza a mostrar una cara distinta en lugares como su aeropuerto, los informes de organizaciones no gubernamentales como Intermón OXFAM no son positivos y alertan de que Occidente está fallando en la llegada de las donaciones y hay al menos 10.000 millones de dólares prometidos pendientes A este retraso en las ayudas hay que sumarle la burocracia en las instituciones locales que, según Oxfam, supone los dos tercios del total destinado Lo que tampoco se ha podido consolidar en estos años ha sido la seguridad. La OTAN cuenta con cuarenta mil soldados en Afganistán, pero sólo las tropas de EE. UU. Reino Unido, Canadá, Holanda y, en el futuro próximo, parece que Francia, están en las peligrosas zonas del sur. El resto, entre ellos España, no están dispuestos a aumentar su presencia y, mucho menos, aceptar misiones en los bastiones talibanes. La inseguridad ha hecho que los afganos casi no puedan viajar por carretera en su Las expectativas talibanas Faltan militares La ONG Intermón Oxfam dice que a Afganistán no han llegado 10.000 millones de dólares donados La falta de tropas extranjeras no ha logrado ser suplida por las fuerzas de seguridad afganas país, pero ha afectado también a los expatriados de las organizaciones presentes en Kabul, que desde el atentado de enero contra el hotel Serena, han restringido sus movimientos y reforzado la vigilancia. La falta de tropas extranjeras de combate no puede ser suplida de momento por las fuerzas de seguridad afganas, que siguen en proceso de preparación y despliegue por todo el país. A la ausencia de efectivos se le suman los escándalos que salpican cada vez con más frecuencia a los organismos militares. El último, hace dos semanas, cuando se desveló que se estaba suministrando a los afganos munición china de los años sesenta, en lugar de material nuevo. Este tipo de acciones contaminan un ambiente de creciente desconfianza de una gran parte de los políticos locales, antes señores de la guerra, que observan desde sus sillones de Kabul el paso del tiempo y no ven avances en la lucha contra el talibanismo. Mientras en Rumania se discute sobre la seguridad en Afganistán, el goteo de víctimas civiles no cesa. Tampoco se han detenido los combates y ayer al menos ocho talibanes murieron en la provincia de Zabul. La temida ofensiva talibán de cada primavera está llamando a las puertas de los despachos de Bucarest y, cada año que pasa, es más mortífera.