Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC LUNES 31 s 3 s 2008 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA CABEZA DE TURCO STÁN buscando un culpable, un chivo expiatorio. Preferentementejuez, y preferentemente de derechas, pero servirá cualquier funcionario al que se pueda arrojar a los leones de la opinión pública para aplacar la alarma social ante la inexplicable libertad deun reincidentey convictopederasta. Una cabeza de turco a la que cargar literalmente el muerto (la muerta, en este caso) para distraer la ira popular y alejarla del núcleo de las responsabilidades políticas, para aparentar interés y diligencia mientras se apagan los rescoldos del escándalo, y para soslayar el enojoso debate sobre el inIGNACIO cremento de las penas y la CAMACHO imposible reinserción de ciertos delincuentes sexuales. Un reo visible en cuyos hombros descargar el peso de todas las preguntas sin respuesta que el caso Mari Luz ha suscitado en una ciudadanía indignada, asustada y perpleja. ¿Ha dicho usted algo de alarma social? ¿No fue ésa la figura jurídica en la que se basó el caso Juan Guerra instruido en parte por el juez al que ahora quieren poner a los pies de los caballos? Sí, pero no seré yo quien mueva un dedo en esa dirección, al menos hasta que no se aclare ladudosa actuación delmagistrado. Loquetrato de señalar es la tendencia de los dirigentes públicos a ofrecer respuestas superficiales e inmediatas para esconderse de los debates realmente necesarios. En esoconsistelapolítica, talcomosesuele entender: hacer diagnósticos falsos y ofrecer soluciones equivocadas. Lo que sucede es que el caso de Mari Luz no es el primero ni será el último, por muy perentoria que resulte la interpelación de la sociedad ante su clamorosa cadena de despropósitos, fallos y calamidades. Porque la clase política no quiere enfrentarse a cuestiones de gran complejidad moral, y opta por quitarse de encima la polémica del modo más inmediato. Es decir, buscando un culpable para que se lo coman las fieras, y a otra cosa. Pero falta lo esencial. Que no consiste sólo en averiguar a quién se le ha ido de las manos estacatastróficasecuencia deincurias judiciales, sino en primer lugar cómo es posible que puedan producirse semejantes desatinos, y en segundo cuál es el modo de afrontar en el ordenamiento legal la probada reincidencia de los pederastas. Esto obliga a preguntas más profundas que la de quién ha sido. Obliga a reflexionar sobre el caos del sistema judicial transferido a las autonomías, sobre el fracaso del principio de la reinserción en ciertos supuestos, sobre la desproporción entre las garantías de los delincuentes y los derechos de las víctimas, y sobre el sentido mismo de la penaen nuestro orden jurídico. Cuestiones todas que van mucho más allá de una simple depuración de culpas que, además, trata de establecer cortafuegos que separen el ámbito judicial del político, para que sólo se queme en el incendio alguna toga sin tocar la moqueta de los despachos de consejeros, ministros y legisladores. Alguien se va a comer algún marrón, con razón o sin ella, para expiar este descomunal bochorno. Pero el debate de fondo sigue intacto tras la cortina de humo con que la política- -y la acción de gobierno, o más bien la inacción del Gobierno- -disfraza sus verdaderas responsabilidades. E EL ÁNGULO OSCURO LA VERDAD MÁS INCÓMODA N clamor se ha oído en Ramá, mucho llanto y lamento: es Raquel que llora a sus hijos y no quiere consolarse, porque ya no existen Las lágrimas de Raquel colmarían hoy un océano: la profecía de Jeremías evocada por el evangelista se ha hecho hoy realidad abismal y abrumadora. Herodes mataba niños arrastrado por un rapto repentino de cólera; hoy los masacramos con quirúrgica e industrial eficiencia. Los matamos por cientos, por miles, por millones, en una guerra declarada y sistemática a la infancia sin precedentes en la historia humana; los matamos, además, invocando sarcásticamente un sedicente derecho a decidir ¿A decidir sobre qué? Un niño gestante no es una verruga o un padrastro que podamos extirpar discrecionalmente; un niño gestante tiene un derecho inalienable a la vida que nadie puede arrogarse, ni siquiera la madre en cuyo seno se aloja. No es este un derecho que se derive de tales o cuales creencias religiosas; es un derecho primario que nace de la solidaridad natural de la especie humana. Cuando ese derecho deja de ser reconocido, podemos afirmar sin hipérbole que nuestra especie ha dejado de ser humana. Ocurre, paradójicamente, que este deJUAN MANUEL recho primordial es conculcado cuando DE PRADA más se habla de los derechos de los niños Ocurre- -y aquí laparadoja adquieredimensiones sobrecogedoras- -que quienes más se llenan la boca invocando ad nauseam tales derechos son los mismos que amparan, legitiman y sufragan este crimen contra la infancia. Esta paradoja nos confronta con una enfermedad del espíritu que tiene su raíz en aquel ofuscamiento de la conciencia moral, muy propio de nuestra época, que ya denunciara Isaías: ¡Ay de los que a lo malo llaman bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo! Un ofuscamiento dela concienciamoralque empieza en la desnaturalización de las palabras, para terminar en la desnaturalizacióndelalma: cuando elcrimen del aborto es transmutado en un sedicente derecho a decidir para anteponer un interés personal sobre un derecho primario e ina- U lienable, cuando se hace un mal para lograr un bien egoísta, se acaba pagando una factura costosísima. Chesterton nos lo recuerda, poniendo como ejemplo a Macbeth, que pensó que asesinando al durmiente Duncan ya no hallaría obstáculo alguno que le permitiera ceñirse la corona de Escocia. Sin embargo, las consecuencias de ese crimen acabarían siendo insoportables. Chesterton nos enseña que la vida humana es una unidad; y que el ser humano acaba pagando siempre por las consecuencias de sus actos. No se puede hacer una locura con la idea de alcanzar la cordura; haciendo un mal, el hombre nunca podrá alcanzar un bien. El aborto se presenta con frecuencia como un mal necesario previo a la consecución de un bien, para enmascarar su naturaleza abominable; pero el mal que cometemos corrompe irrevocablemente nuestra humanidad, nos convierte ya para siempre en alimañas alumbradas por un fuego demoníaco, adoradores de Moloch y Baal, en cuyas aras entregamos en holocausto a nuestros hijos. En esta fiesta de la Encarnación recordamos que Jesús fue niño y se gestó en el vientre de una mujer; y, a la vez, recordamos a todos los niños que son arrebatados del vientre de su madre. Ese Niño encarnado se convierte así en protector de todos los niños que nunca respirarán y en piedra de escándalo para todos aquellos que amparan, legitiman y sufragan el aborto, también para quienes tácitamente lo consienten y con cobardía o indiferencia vuelven la espalda ante el crimen más alevoso de cuantos puedan imaginarse. A esos niños que son devorados por el Dragón del Apocalipsis quiero dedicar estos hermosos versos de Chesterton- -y pido excusas por la pálida traducción, que improviso sobre la marcha- extraídos de su poema Por el niño nonato que sirve de frontispicio a su libro The Wild Knight: Yo creo que si ellos me dejaran salir y adentrarme en el mundo y levantarme sería bueno durante todos los días que pasase en la tierra de la fantasía. Ellos no oirían una palabra de egoísmo o desdén salida de mis labios. Si tan sólo pudiera encontrar la puerta, si tan sólo pudiera nacer... Si tan sólo los dejáramos nacer, el mundo se habría salvado. www. juanmanueldeprada. com