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108 GENTE www. abc. es gente DOMINGO 30- -3- -2008 ABC Carolina de Mónaco y Ernesto de Hanover acompañados por Mario Vaquerizo, Alaska, Bibiana Fernández y Pedro Almodóvar en el Baile de la Rosa AP La Movida en el Baile de la Rosa Alberto II invitó a Pedro Almodóvar para que modernizara el tradicional Baile de la Rosa. Y lo ha puesto patas arriba con 15.000 rosas, 4.000 claveles, todo en tonos fluorescentes, malva, rojo y amarillo chillón, violetas (imperiales) y verde cañí POR JUAN PEDRO QUIÑONERO CORRESPONSAL PARÍS. El tradicional Baile de la Rosa, organizado en Mónaco desde 1964, con fines benéficos, estuvo ayer noche dedicado a la Movida madrileña, puesta en la escena del Sporting Club de Montecarlo por Pedro Almodóvar, invitado especialmente por el príncipe Alberto II, que aspira a renovar y modernizar la imagen de su reino, en el corazón de una Costa Azul que está sufriendo profundas metamorfosis. Pedro Almodóvar imaginó un Baile monegasco con 15.000 rosas, 4.000 claveles, manteles verde anís, pelucas fluorescentes, botellones (de champagne) puros de chocolate (genuino, no marroquí) capas de papel (rosa bombón, rosa pasión, rosa sucia, rosa castiza) tacones de charol e indumentaria al gusto de los las elegantes dispuestos as a pagar 750 euros por participar en una fiesta animada con la presencia virtual o in person de figuras a todas luces legendarias: Luz Casal, Alaska, Blanca Li, Rossy de Palma y un largo etcétera de starrings y co starrings mesetarias, como Dios manda. En plan rupturista, desde su ascensión al trono, el príncipe Alberto II ya consagró el Baile de la Rosa del 2007 a la más alta gitanería europea. Entre la gitanería inmortalizada por la guitarra de Django Reinhard y la Movida madrileña orquestada exportada por Almodóvar, Mónaco- Monte Carlo prosiguen una metamorfosis y reconversión a paso de carga: concursos de automóviles ecológicos, alternando con los Bentley que los mafiosos rusos compran a pares; un museo de arte contemporáneo que continúa rescatando desterrados ilustres; y gigantescos proyectos inmobiliarios: una isla de nuevo cuño que ya está prácticamente vendida, en el mar, frente al inmortal Casino. En ese marco, el Baile de la Rosa puesto en escena por Almodóvar aporta los tonos fluorescentes, malva, rojo y amarillo chillón, violetas (imperiales) y verde cañí de un Madrid de opereta canalla. Botellón manchego, cazalla mesetaria, drogatas perdidos, chorizos y macarras son sustituidos por champagne milesimado, fumata blanca de perfume afgano, pasta negra de la calidad más cosmopolita, con una brizna de suspiros canallas a cargo de Kaka de Lujo, Pegamoides y una Luz Casal en su espléndida plenitud serena. La adaptación rosa monte carlo de la Movida madrileña estaba forzosamente privada de los colores y personajes menos aptos para la resurrección en un cementerio cosmopolita. El fin trágico de Eduardo Haro Ibars o Rafa Pérez Minguez, la imaginería de Alberto García Alix, no encajan completamente con la selecta clientela del Hermitage o el Hôtel de Paris, mucho más inclinada por los tonos pastel y rosa bombón de una Movida con mucho sifón cosmopolita. Habilísimo equilibrista manchego, Pedro Almodóvar comenzó por dudar antes de dejarse arrastrar por la tentación, los honores, la fama, la gloria, las serpentinas, el cheque (en euros) el coqueteo con la infame turba de la prensa más selecta y poco sensible a los descarríos de quienes la vida, el amor, la basura, el chocolate (marroquí, afgano) la nieve sucia, el botellón de cerveza agria, en un Lavapiés sucio y una Gran Vía profanada, les impedían participar en una gala benéfica de mucho postín de alta alcurnia apátrida. En la carta del Luis XV (el restaurante del Hôtel de Paris) todavía no están presentes los gazpachos manchegos ni el cocido madrileño. Con la exportación, la Movida debe adaptarse al gusto, necesidades y sensibilidad del consumidor de lujo cosmopolita. Cocinero, cineasta y hombre orquesta manchego, Almodóvar lleva muy hondo en su corazón las lágrimas de las mujeres de su Mancha patria. Pero el Sporting Club de Monte Carlo no está para angustias manchegas. Quiéreme... cantaba Luz Casal. Almodóvar dudó