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36 INTERNACIONAL La revuelta tibetana DOMINGO 30 s 3 s 2008 ABC El Gran Salto Atrás Los Juegos Olímpicos, que iban a fomentar la apertura del régimen comunista de Pekín, pueden tener un efecto negativo y causar mayor represión, como han demostrado los disturbios en el Tíbet POR P. M. DÍEZ CORRESPONSAL PEKÍN. Se suponía que los Juegos Olímpicos de Pekín, con todo lo que implican, iban a contribuir a la apertura del régimen comunista chino, pero puede ocurrir lo contrario. Basta con echar un vistazo a los efectos de la revuelta tibetana para comprobar que, lejos de mostrarse dispuesto a la negociación con el Dalai Lama, el Gobierno ha optado por cerrar a cal y canto esta región del Himalaya para que ni la Prensa internacional ni los diplomáticos extranjeros acreditados en el país sean testigos de una represión que se presume atroz. Pero es que, seguramente, el régimen se habría imaginado que tendría que enfrentarse a unos cuantos osados con ganas de hacer ruido que iban a aprovechar el escaparate mundial de las Olimpiadas para lucir camisetas con la proclama Tíbet libre y pancartas de denuncia de la violación de los derechos humanos o de apoyo al perseguido culto religioso Falun Gong Sin embargo, lo que se ha encontrado a menos de cinco meses para la inauguración de los Juegos Olímpicos ha sido la peor revuelta social vivida en el país desde 1989. Ese año, se registraron primero unos graves disturbios en Lhasa que obligaron al entonces secretario provincial del Partido Comunista y hoy presidente de China, Hu Jintao, a imponer la ley marcial y, luego, tuvo lugar la matanza de Tiananmen a principios de junio. Frente a ese trágico episodio, que le costó a China una condena unánime, el régimen comunista pretendía lucir ante el mundo su extraordinario crecimiento económico utilizando los Juegos Olímpicos, pero ahora se halla en la picota internacional y algunos jefes de Estado, como el francés Nicolas Sarkozy, han planteado la posibilidad de boicotear la ceremonia de inauguración. El Gobierno chino es muy sensible ante la imagen que dé el país durante los Juegos, pero tendrá que aceptar que pueden ocurrir algunas situaciones inesperadas e incontrolables. A pesar del riesgo, será una experiencia aleccionadora para las autoridades y podría servir para mejorar la situación una vez que acaben las Olimpiadas explicó Maurice Lévy, presidente de la compañía gala Publicis, una de las más importantes agencias de publicidad y comunicación del mundo, cuyos clientes figuran entre los anunciantes de los Juegos. En un debate el pasado mes de septiembre durante la reunión del Foro de Davos, que tuvo lugar en la ciudad china de Dalian, varios expertos analizaron la transformación que sufrirá el gigante asiático con los Juegos Olímpicos. Entre ellos estaba Bernard Bourigeaud, presidente de Atos Origin, la empresa tecnológica que es uno de los patrocinadores de las Olimpiadas al encargarse de las 200.000 acreditaciones que se utilizarán en este evento. Adelantándose a la polémica que se ha abierto en todo el mundo, Bourigeaud aseguró que los patrocinadores hemos recibido cartas contra los Juegos pero, frente al boicot, es mejor seguir adelante para que afloren los problemas y se ejerza mayor presión con el fin de mejorar la situación Grandes presiones La cita olímpica estará trufada de incidentes, por los muchos enemigos políticos que se ha creado Pekín Sin embargo, ¿hasta qué punto está China dispuesta a aguantar tal presión? La respuesta es compleja y sólo se sabrá a medida que se vaya acercando la cita olímpica, que va a estar trufada de incidentes por los numerosos enemigos declarados que tiene el régimen de Pekín. Entre los más notorios destacan los defensores de los derechos humanos, partidarios de la independencia del Tíbet, los seguidores de Falun Gong y los separatistas de la etnia uigur en Xinjiang, de mayoría de población musulmana. A todos ellos habrá que sumar los intereses ocultos de otros países que, como Estados Unidos, contemplan con desconfianza el imparable ascenso del dragón rojo como superpotencia mundial. Los Juegos no se pueden separar de la política porque los Gobiernos compiten por ellos dijo Lévy, quien recomendó que si sucede algo anómalo, lo mejor que le puede pasar a este país es aceptarlo Un buen consejo que China debería aplicarse tras la revuelta tibetana, en lugar de culpar a Occidente de los ataques que está sufriendo por la represión contra los manifestantes. De continuar así, dará un Gran Salto Atrás que será mucho peor que aquél con el que Mao hundió al país intentando ir adelante. Un trabajador pasea por un solar en obras en Xiangfan, en la provincia de Hubei, en una estampa habitual de la nueva China REUTERS La represión acaba con la promesa de la libertad de movimientos para los periodistas extranjeros Cuando, en 2001, Pekín optaba a celebrar los Juegos Olímpicos, el secretario general de su comité organizador, Wang Wei, prometió a los medios extranjeros libertad completa para informar cuando vengan a China El año pasado, el Gobierno anunció que los reporteros internacionales podrían moverse libremente por todo el país sin la obligación, como ocurría antes, de informar al Ministerio de Asuntos Exteriores. Sin embargo, todas estas promesas han quedado en entredicho después de la revuelta tibetana, ya que medio centenar de periodistas han denunciado que la Policía o el Ejército les han impedido realizar su trabajo. Para empezar, los periodistas tienen prohibido ir al Tíbet, que además ha sido cerrado a cal y canto para impedir testigos de la represión china. Dicha medida, que se extiende a las zonas de las provincias de Qinghai, Gansu y Sichuan donde también se han producido distur- bios por su mayoría de población tibetana, ha echado por tierra el plan del Gobierno para permitir el libre movimiento de los reporteros por todo el país coincidiendo con las Olimpiadas. En principio, tal apertura iba a durar hasta la clausura de los Juegos Paralímpicos el próximo mes de octubre, pero todo parece indicar que el Gobierno del presidente Hu Jintao continuará adelante con la represión que ya ha llevado a cabo durante los años anteriores, en los que ha limitado la libertad de expresión en los medios, endurecido la censura en internet y aumentado la persecución sobre los disidentes.