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68 CULTURAyESPECTÁCULOS www. abc. es culturayespectaculos SÁBADO 29- -3- -2008 ABC El día que Juan Ramón ganó el Nobel a Menéndez Pidal Un libro de Alfonso Alegre Heitzmann saca a la luz toda la verdad sobre cómo se fraguó la candidatura del poeta a espaldas de la España oficial y gracias al apoyo de prestigiosos eruditos internacionales POR JESUS GARCÍA CALERO MADRID. Noticias, y muchas, de hace casi 52 años, del Nobel de 1956. Nunca antes un premio de la Academia Sueca había sido objeto de tan meticuloso estudio. Nunca antes la historia alrededor de un Nobel había resultado tan apasionante. Y entre las noticias, la primera es que, desde 1952, las candidaturas de Juan Ramón Jiménez y Ramón Menéndez Pidal fueron objeto de debate- -y hasta de disyuntiva- -en la Academia Sueca. Se llegó a plantear un premio Nobel ex aequo entre ambos. La gran diferencia es que Pidal obtuvo el apoyo de instituciones españolas y el primero hubo de ganar su galardón a golpe de prestigio internacional y de espaldas a la España oficial. Por si fuera poco, ahora sabemos que Pidal fue el finalista en la deliberación que acabó otorgando el galardón a poeta de Moguer. Todos estos detalles- -y muchísimos más- -se conocen ahora gracias al brillante trabajo de investigación realizado por Alfonso Alegre Heitzmann, recién publicado por la Residencia de Estudiantes en el libro Juan Ramón Jiménez, 1956. Crónica de un premio Nobel En esta obra, que llega esta semana a las librerías, el experto juanramoniano ha manejado los documentos desclasificados en los archivos de la Academia Sueca, cuyo secreto se guarda 50 años, y otros materiales muy relevantes. Así, hoy sabemos que el Nobel a Juan Ramón Jiménez en 1956 fue el final de un camino lleno de amargura. Sobre todo porque la concesión del Nobel coincidió con la muerte de su esposa, Zenobia Camprubí, tan sólo tres días después de conocerse el fallo. La historia triste de Juan Ramón con España había comenzado con su exilio temprano al estallar la guerra civil. En 1945 intenta publicar aquí su primer libro de poesía escrito en América y se lo ofrece a su amigo Juan Guerrero y su Editorial Hispánica. El propio Guerrero, aunque entusiasmado, se da cuenta de que el libro, por su personal mística, no pasará la censura eclesiástica. No obstante, a finales de 1947, algunos escritores como Ricardo Gullón y Ramón de Garciasol se plantean desde Ínsula reivindicar tímidamente la obra de Juan Ramón para el Nobel de Literatura. Pero según señala Alfonso Alegre, su demanda no tuvo ninguna repercusión inmediata ni posterior en la España oficial de la época Ni la Real Academia Española ni ninguna otra institución patria propusieron jamás la candidatura de Jiménez para el Nobel Las noticias de estos primeros intentos llegaban al poeta y su esposa, quienes exigían no entrar en ninguna bullanga con respecto a su candidatura, sino buscarle la dignidad posible y concretando el asunto al significado particular de su La censura evitó que ABC publicara su apoyo a Ortega MADRID. Juan Ramón escribe el 7 de febrero de 1950 a Ramón Pastor, director de ABC; Director de ABC me sumo a la demanda de un Premio Nobel para mi querido y admirado José Ortega y Gasset La misiva, conservada en la Fundación Ortega, llegó a través de su amigo y editor Juan Guerrero. Pero Pastor no pudo publicarla y le dice a Guerrero: Inmediatamente remití el despacho de aquél a la censura, que hasta la fecha no lo ha aprobado. Muy de veras lo lamento porque para ABC y para mí sería una gran satisfacción contribuir a que las cosas, los nombres y las situaciones vayan reintegrándose a su lugar justo Una prueba más de que no lo quería para él. Cara y cruz de un Nobel de Literatura La imagen superior muestra al poeta ante la sepultura de su mujer, Zenobia Camprubí, que moría tres días después de la concesión del premio de la Academia Sueca, cuyo telegrama reproducimos obra y vida según escribe Zenobia a Juan Guerrero en marzo de 1948. El propio Juan Ramón siempre había rechazado los agasajos y honores, y esa característica, para desesperación de amigos como Jiménez Fraud, se vería aguzada por la enfermedad de Zenobia. El final de la década de los cuarenta coincide, sin embargo, con un impulso decisivo de su obra en el ámbito iberoamericano e internacional. Pero en enero de 1950 Juan Ramón escribe a Enrique Canito: Menéndez Pidal, Azorín, Baroja, son más viejos que yo; Ortega, aunque él se quita años, tiene mi edad, como Pérez de Ayala. El premio Nobel debe pedirse para Menéndez Pidal, Ortega o Azorín Lo cierto es que la candidatura de Ortega se presenta en 1951. Entra en escena, aquel año, Ernesto Dethorey, un periodista de origen español residente en Suecia y que será uno de los impulsores en el conocimiento que la intelectualidad sueca empieza a tener sobre la obra de nuestro poeta. Él, y un puñado de intelectuales vinculados al exilio ayudarán con entu- siasmo e inteligencia al poeta. El libro de Alfonso Alegre recorre tan pormenorizadamente cada artículo, entrevista y traducción de la obra del de Moguer, que marca al detalle su camino hacia el Nobel. También cuenta con la ayuda decisiva de Gabriela Mistral, quien ya declaró a recibir su premio en 1945 a Matica Goulard: El