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29 3 08 AIRE LIBRE Nos ofrece la Luna y no es ninguna metáfora publicitaria. Porque el astrónomo David Galadí- Enríquez, que nació precisamente el año en que la Humanidad pisaba por primera vez la superficie de nuestro único satélite natural, nos promete, sin gastarnos un euro, fascinación y entretenimiento con sólo con levantar la vista y observar el paisaje celeste. ¿Alguien dio alguna vez más por menos? Su propuesta incluye rutas y descubrimientos astronómicos, de los que da toda clase de pistas en A ras de cielo (Edit. Almuzara) Es la posibilidad de dar paseos galácticos, sólo con los ojos, sin levantar los pies del suelo David Galadí Hay que pasear por el cielo y leer la hora en las estrellas POR VIRGINIA RÓDENAS ASTRÓNOMO Y ESCRITOR Una tarde entre satélites Le llama mucho la atención a la gente, aunque es muy fácil de comprobar, la observación de satélites artificiales, esas cosas nuevas que hay en el cielo de nuestros tiempos porque las han puesto ahí los seres humanos. Pues en una tarde tranquila, que ni tan siquiera sea muy oscura, mirando al cielo sin necesidad de ningún medio técnico se pueden ver hasta diez o quince. Son puntitos que se mueven, que se distinguen bien de los aviones con un par de pistas fáciles, y que están ahí delante de nuestros ojos en órbita polar, ecuatorial, geosíncrona... Un avistamiento que no es nada excepcional: lo tenemos al alcance de nuestros ojos cada tarde -Ayúdenos a retomar el contacto con el cielo. ¿Por dónde empezamos? -Hay que recuperar la idea del cielo como parte del paisaje natural y pensar en él y en la Luna, las estrellas o el Sol como lo hacemos en las montañas o los árboles que contemplamos cuando salimos al campo. A partir de ahí, lo único que hay que aplicar es curiosidad y hacerse con manuales que puedan orientarnos. Pero desde luego, lo primero y principal es fijarse en la Luna. ¿Además de la Luna, qué podemos descubrir a simple vista? -Un paisaje monumental por el que deberíamos pasear más a menudo. Por ejemplo, el planeta Venus, que puede verse casi todos los días y a plena luz. Y por la noche hay que fijarse en la cantidad de riqueza natural y de paisaje que hay en las estrellas. En ellas se puede leer la hora con gran exactitud y eso es algo que todo el mundo debería aprender en la escuela. Lo único que hay que saber es en qué fecha estamos, localizar la región del Polo Norte o Sur, dependiendo de en qué hemisferio estemos- -en nuestro caso, el Polo Norte- -y, a partir de la Osa Mayor, la Polar y la Osa Menor, que son conocimientos básicos sobre las constelaciones más importantes, es tan fácil como usar la Osa Menor como si fuera la manecilla de un reloj y aplicar un par de cálculos tan simples como sumar 33 y restar otro número. Mientras escribía este libro he pensado mucho en tanto excursionista por el campo, que asombrosamente ignora el cielo por completo. ¿Qué podemos descubrir del influjo de la Luna? -La gente le atribuye a la Luna efectos misteriosos porque no se ha fijado realmente en ella y en lo que hace. Hay que procurar separar los efectos reales de este satélite sobre nuestro planeta de los que nos hemos inventado, como es el caso de nacimientos o estados de ánimo, y que no existen. Sobre las mareas por supuesto que influye, pero su influjo no va más allá. Aunque eso, desde luego, no le quita el menor encanto. ¿Y a ojo de buen cubero qué se ve interesante en la Luna? -Estamos tan acostumbrados a verla llena con la misma cara pintada, la misma forma de mancha, que no percibimos las implicaciones de ese hecho sobre las mareas, por ejemplo. Hay una relación muy clara entre las fases de la luna y las horas a las que la marea sube y baja, y cuando hoy en día uno vive cerca del mar y mira el agua y ve estos cambios no sabe con qué orden se producen y llega a pensar que es algo caótico. Pero si uno compara esas fluctuaciones de las aguas marinas con la cara de la luna en un día cualquiera empieza a entender muchas cosas y hasta puede convertirse en un mago capaz de predecir a qué hora subirá y bajará la marea cada día. -La misma magia que hablar de los colores de las estrellas cuando las vemos blancas. -Eso es como el que sale de excursión al campo y sólo ve plantas. En cuanto te adentras un poco en el mundo de la naturaleza, empiezas a distinguir unos árboles de otros. Y en el cielo pasa igual: en las estrellas hay unos colores muy sutiles y para distinguirlos hay que aplicar algo de dedicación, práctica y sobre todo observarlos desde un sitio que sea oscuro. Además, los colores de las estrellas entrañan muchos significados. También una persona de hace 200 años se daba cuenta de que las estrellas tenían colores, pero hoy, además de verlos, podemos entenderlos. El tono más fácil de distinguir es el que en astronomía llamamos rojo, y que en realidad es ligeramente anaranjado. Hay una relación directa entre el color y la temperatura y que funciona justo al contrario del có- Una ruta diurna empieza en una playa con mareas intensas donde veríamos el influjo de la Luna. Después observaríamos la fase de esta, el sol, y echaríamos un vistazo a Venus digo con que los fontaneros nos los ponen en el cuarto de baño: cuanto más caliente, más azul, y cuanto más frío, más rojo. Y mirando al cielo y viendo qué estrellas son más anaranjadas se puede medir, a simple vista, su temperatura y saber que esa estrella más fría es probablemente la más antigua. ¿Sólo se puede hacer astronomía sin telescopio de noche? -Claro que no. De día, el cielo sigue estando ahí. Lo que ocurre es que el sol ilumina el aire y oculta casi todo lo demás. Pero de día está el Sol y en él hay algunas cosas que ver, y de día también se observan las mareas, que es hacer astronomía, y también de día, por supuesto, que está la Luna. Me sorprende mucho la cantidad inmensa de gente que nunca se ha dado cuenta de que la luna también se ve día y que desconoce que para observar el ciclo completo de sus fases hay que observarla de día y de noche. -Propónganos una ruta astronómica diurna y otra nocturna. -La aventura de día empezaría en una playa donde haya mareas intensas, por ejemplo en la costa gallega o en Cádiz, lo que nos llevaría primero a una observación de la Luna en la Tierra; luego, la Luna en la fase en la que esté, y el Sol. Y si uno tiene suerte y tiene cerca algún amigo astrónomo que lo pueda ayudar también puede ver el planeta Venus, algo que se puede hacer todos los días a simple vista. De noche, nuestro recorrido empezaría por la luna, si la hay, porque la luna no hay que perdérsela nunca, y después llevaríamos nuestra mirada al entorno del Polo Norte celeste, las constelaciones de la Osa Mayor y Menor, además de por el simple gusto de distinguirlas para leer la hora y olvidarse de los relojes mecánicos, y, para terminar, buscar un planeta porque casi siempre, y en todas las épocas del año, hay a mano alguno. Los planetas, desde Mercurio a Saturno, se ven sin necesidad de medios técnicos,