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8- 9 S 6 LOS SÁBADOS DE una acera de la capital gala. Jugando con la publicidad, el chino Yang Fudon muestra el retrato inmóvil de dos mujeres que, según se escucha a través de los auriculares, están siempre en constante movimiento Quienes no paran de ir de un lado para otro son los hombres y mujeres desnudos que, proyectados en pantallas situadas en el interior de varias cajas de cartón, se pelean por bolsos de Chanel, hacen cola para recogerlos o se arrastran por el suelo por uno de estos deseados objetos de consumo. Un consumo que atrapa tanto como las cadenas que lleva alrededor del cuello la modelo desnuda de Arakinema: kaori y flores pintadas la sensual obra del fotógrafo nipón Araki, acompañada por música de Fumio Yasuda. En esta serie de retratos eróticos, donde el sexo está a flor de piel, la modelo sólo viste las cadenas de los bolsos de Chanel, que al final acabarán ahorcándola. Igual de irónico es el mensaje de la videoproyección del indio Subodh Gupta titulada Todas las cosas están dentro donde plasma, a través de imágenes de películas de Bollywood, la interconexión entre los bolsos Chanel y los macutos que los emigrantes de su país llevan a Dubai, en busca de una vida mejor en dicho oasis árabe de lujo y riqueza. La agresividad es hiriente en la propuesta del estadounidense David Levinthal, cuyas fotografías muestran a mujeres transformadas con una piel de serpiente que haría las delicias de más de una adicta a los bolsos de diseño. Por su parte, el belga Wim Deloye hace lo propio con Jesús, amor y bolsos de Chanel donde planta dos de estos artículos fabricados con piel de cerdo porque, como dice la grabación, eso es lo que somos Junto la mutación de una larva que propone la surcoreana Lee Bull en Años luz la suiza Sylvie Fleury reflexiona sobre el esclavismo del materialismo y la violencia sexy de diseño en Crystal Custom Commando una pantalla ubicada en un espejo dentro de un bolso gigante muestra modelos ligeritas de ropa empuñando rifles de asalto y disparando al ritmo de música. Frente a tan agitada propuesta, Yoko Ono, viuda de John Lennon, despide la muestra con un árbol de los deseos para que cada visitante escriba y cuelgue su sueño en papel de arroz. Y, si sigue interesado en las obras de Chanel, no olvide visitar nuestras boutiques aquí en Hong Kong recuerdan las azafatas a la salida de este gran anuncio con forma de museo que ha hecho del consumismo todo un arte. DÍAS DE JÚBILO Tertulias eyendo viejas crónicas de Madrid- -ocurre con cualquier otra gran ciudad- -advierto que la mayor parte de los cafés históricos han desaparecido. En otros lugares- -París, las ciudades italianas- -se ha guardado bastante mejor la memoria de estas instituciones esenciales de la vida urbana moderna. Lo que más me toca es que, con la destrucción de los lugares también se han esfumado las célebres tertulias institucionales, reuniones de gente que no podía perfilar su pensamiento sino en un sitio público al cual convertía en sala privada de un grupo. Quizá en localidades más pequeñas y en los barrios madrileños subsiste la costumbre de encontrarse regularmente con unos conocidos en un café. El lugar fijo y el horario también fijo otorgan a sus vidas una fijeza que tiene mucho que ver con el arraigo en la existencia: aquí estamos, seguimos estando y ya hemos atrapado algunos momentos del futuro. Elogio la tertulia porque rescata una tradición antigua, que nos lleva a la taberna y el ágora de nuestros antepasados clásicos: los griegos y, más tarde, los romanos. Buena parte de lo que nos enseñaron sus filósofos ocurrió en torno a una mesa de lo que después han sido los cafés, o dando vueltas a una plazuela o un jardín. Quiero decir que se hizo conversando privadamente, sin dejar huellas escritas, cara a cara y en la proximidad cálida del cuerpo ajeno. Y elogio la tertulia por algo más importante y universal, que hace a nuestra época. Vivimos un tiempo en que lo público invade las casas por medio de la televisión, acalla las conversaciones y nos llena de un mundo ajeno y lejano que finge ser doméstico y cercano. Vemos batallas, sesiones de bolsa, crímenes, estrenos, desfiles de modas y terremotos como si ocurrieran a la vuelta de la esquina, pero que se reducen a un artificio eléctrico. Frente a esta magnífica adquisición informativa, nuestra cultura de persona a persona decae y se desvanece. La tertulia la recupera. Es la palabra viva de alguien que conocemos, que se pierde en el aire y perdura en la memoria. Vive desde hace siglos. La hemos heredado sin pagar. De pronto, cobra el perfil de un tesoro y convierte en tesoro la rutina diaria. Nada menos. L Blas Matamoro Ironía y contradicción El pabellón desmontable de Zaha Hadid, en el paisaje urbano de Hong Kong, que acoge la exposición inspirada por la modista francesa Coco Chanel (arriba) y su bolso acolchado. Debajo, la instalación creada por el artista japonés Tabaimo. La muestra viajará por varias ciudades del mundo En Hong Kong, una de las ciudades más boyantes y prósperas del mundo y con mayor concentración de Mercedes, Porsche y Rolls Royce, se han agotado las entradas para contemplar la muestra de Chanel, que no podía recibir más de 800 personas al día porque cada visitante necesita unos 35 minutos. En la misma, que comienza con los Cristales flotantes del italiano Loris Cecchini, hasta las teselas de colores del suelo son obra del taiwanés Michael Lin, famoso por sus grandes instalaciones de pinturas florales y una de las voces más respetadas del interiorismo contemporáneo. A continuación, un pozo donde se proyectan dibujos de insectos y larvas, obra del japonés Tabaimo, aporta cierta inquietud a una muestra que analiza con ironía la singular relación entre el arte y el consumismo en la sociedad actual. El primer paso hacia el mundo materialista que ofrece la muestra es el reflejo en un charco de un bloque de pisos parisinos, meticulosamente concebido por el francés Daniel Buren en un pasillo oscuro, donde hasta se reproduce