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ABC VIERNES 28 s 3 s 2008 OPINIÓN 5 UN RAYA EN EL AGUA EL CESTITO DE NUECES E PERSPECTIVA LA QUE SE NOS VIENE ENCIMA L O que para muchos era puro catastrofismo se ha convertido en la peor pesadilla hecha realidad. Elecciones tengan y las ganen, pueden pensar con alivio en el Partido Popular, porque ha estallado la crisis con toda su virulencia. La economía americana está en recesión, la implosión financiera se extiende como un virus contagioso y la inflación, lejos de remitir en primavera, se hace crónica. En esas circunstancias, la política económica se hace proclive a las improvisaciones; hay más problemas que soluciones, y sus responsables se vuelven excesivamente imaginativos, se olvidan de los libros de texto y florecen tantas ocurrencias como posibles selecciones nacionales. Mientras Luis Aragonés no puede evitar que el debate sobre Raúl empañe la victoria frente a Italia, Trichet comprueba que el fantasma de la inflación le impide combatir la crisis de confianza bajando los tipos de interés y Solbes parece convencido a fomentar la vivienda de protección oficial porque sabe que la obra pública no crea suficiente empleo para el ajuste que nos espera. Al hacerlo, corre el riesgo de hacer más brutal la caída de precios de la vivienda construida y no vendida, y la vendida y FERNANDO no pagada, que es mucha. Informes seFERNÁNDEZ rios, aunque hoy aún minoritarios, hablan de que serán necesarios ajustes del 15 al 25 por ciento en los precios para que el mercado se recupere, lo que puede afectar a las expectativas y a la confianza de los consumidores tanto o más que la pérdida de empleo. Discusiones interesantes de alternativas que merecen atención y un debate responsable, aunque a algunos de nuestros políticos de mirada rasante les puedan resultar tecnicismos de especialistas. Esta legislatura oiremos hablar mucho más de crisis económica que de ampliación de derechos, de desempleo que de hechos diferenciales, de coyuntura que de estatutos. Un ejemplo a estudiar es la respuesta que las autoridades monetarias norteamericanas han dado a la quiebra de algunos bancos de inversión. Ha provocado una gran polémica, que no ha sido ideológica ni de principios, ni si- quiera entre liberales o intervencionistas. Nadie ha aprovechado para condenar el capitalismo o la globalización. Se discute y mucho si las entidades financieras que no toman depósitos del público, que no tienen cuentas corrientes, tienen derecho a que el banco central les haga de prestamista de última instancia y les provea de la liquidez necesaria para hacer frente a la pérdida de confianza del público y la potencial retirada de sus inversiones. La respuesta tradicional de la teoría y política económica era que no; que no eran bancos, sino otra cosa, que los fondos de inversión u otros activos no son depósitos, no son dinero, y por lo tanto el que los suscribe sabe, o debe saber, el riesgo que corre de pérdida de valor. Puede sonar muy técnico, pero es algo muy parecido a lo que sucedió en España con los inversores de Gescartera o de Afinsa y Fórum Filatélico. En Estados Unidos se ha impuesto la realpolitik; en un país con un sistema financiero desarrollado y clientes bancarios sofisticados, ya no hay diferencia entre los depósitos bancarios y otros activos financieros, entre lo que debe tener garantía estatal y lo que no la puede tener porque induce comportamientos irresponsables. Todo es dinero, todos son bancos, todos han de ser protegidos porque el sistema es uno. La consecuencia es obvia: todos deben ser igualmente regulados, pero eso quedará para después de la crisis. Antes, y este sí que es un debate que nos llega más de cerca a los españoles, queda aún por dilucidar si las inversiones no financieras, en concreto las inmobiliarias, también han de ser protegidas. De eso se está hablando en Estados Unidos y en Gran Bretaña cuando un periódico como el Financial Times plantea que el Banco Central garantice el pago de las deudas hipotecarias. Antes de que se apresuren a sumarse al carro con la ilusión de haber descubierto la solución a la crisis inmobiliaria española, piensen el coste fiscal que significa. Aunque haya habido ministras que afirmaran que el dinero público no es de nadie y por eso se puede gastar libremente, la realidad es que mientras no se descubra la piedra filosofal lo pagamos todos con nuestros impuestos o con más inflación, que es lo mismo pero más injusto. Nadie come gratis, sólo se puede elegir el precio del menú y quién invita a quién. N una política lógica, que no es lo mismo que la lógica política, el PSOE buscaría con el nacionalismo catalán de Convergencia i Unió un pacto razonablemente estable que sostuviese la gobernabilidad y le dejase las manos libres respecto a un PNV quenopareceacabar de entender queha fracasado en las urnas. Y ello por varias razones. La primera porque CiU mantiene, pese a sus recientes coqueteos tácticos con el soberanismo, un aura de respetabilidad en el conjunto del Estado. La segunda porque, aunque algo fenicios, son gente de fiar, como han mostrado en las ocasioIGNACIO nes en que, bajo la batuta de CAMACHO Pujol, sujetaron la estabilidad de los gobiernos en minoría de González y Aznar. Y la tercera porque para pactar con ellosbastaen laactualidad darles contrapartidas financieras, debido a que las políticas ya las han recibido en el malhadado Estatuto durante la anterior legislatura. Ahora lo que les interesa- -más allá de los coqueteos retóricos con el sillón de Montilla- -es el euro, o sea, la pela; lo llaman desarrollo estatutario, pero quieren decir pasta. Asunto oneroso para el resto de los españoles pero preferible, ya que va a ser inevitable un acuerdo, a la deriva competencial que el nacionalismo vasco reclama con el cesto derecoger las nueces zarandeadas por el terrorismo. El PNV no es fiable, ni lo ha sido nunca. Gente que empieza llamando cabestro al tipo que van a votar para presidir las Cortes no parece muy de confianza. Pero es que, además, tienen larga trayectoria de deslealtades; desde Ajuria Enea a Lizarra, no hay nadie a quien no hayan tratado de engañar, a veces a varios simultáneamente. Ahora mismo tienden la mano al Gobierno mientras mantienen la idea deconvocar unaconsultadeautodeterminación, y eldichosocestitodenueces nolosueltan nunca. Su bicefalia orgánica- -partido y poder autonómico- -les sirve para dar cuerpo a una ambigüedad genética, en la que unos parecen no enterarse de lo que hacen los otros. Pero vaya si se enteran; lo que sucede es que les viene muy bien desdoblarse para tener siempre libre una mano con la que clavarte la puñalada. Por alguna razón, sin embargo, Zapatero parece inclinado a darles cabida en su segundo proyecto. Y esa razón no puede ser sólo la de dar tranquilidad al PSC, sinola dequeel presidente comparte en cierta medida la voluntad de poner en marcha un nuevo estatuto o marco competencial vasco. Es ZP quien se muestra inclinado a abrir esa partida, acaso con la intención de volver a desplegar el tapete de un juego a tres bandas en el que el tercer jugador sería el siempre peligroso entorno etarra. Y ése es un panorama que no puede menos que provocar una cierta alarma, conocida la propensión zapateril a embarcarse en temerarios experimentos de aprendiz de brujo. Lo delicado de esta nueva etapa no es, pues, aun siendo inquietante, lo que pida el PNV Lo comprometedor es lo que esté dispuesto a dar el presidente, aliviado por su reciente éxito tras el azaroso proceso catalán, a quienes no han hecho sino fracasar en las elecciones. Por ahí nos esperan momentos tensos. Sobre todo porque las nueces que Zapatero puede repartir no son suyas, sino de todos los españoles.